Por: Pablo Iván Corona Pillado
Antes de leer. A manera de crónica debe tomarse el texto presente; eso sí, los datos que se han de presentar no son nada disímiles a lo que hay en el cosmos. Ahora bien, se ha de dar testimonio de una serpiente. No es de desconfiar en su discurso, sino por lo contrario, más que veraz es el Mensaje que presenta, solo es precisa una actitud escéptica ante lo que dice. Quien tenga oídos para escuchar, que escuche[1].
INTRODUCCIÓN
Puesto que la serpiente, el Instructor, estuvo a punto de ser masacrado, desde Nag Hammadi hasta «La Roma», es que hubo de hacer una travesía; la razón de dicho destino, conocido es que Leonora Carrington amaba a los animales, y las serpientes no eran la excepción. Es así que, con los brazos abiertos, la artista, sin pensarlo dos veces, recibió al Instructor en su casa-estudio; es más, tan contenta estaba por su recibimiento que, inclusive, optó por representar en Mujeres conciencia al suceso más dramático que ha vivido el animal: su intervención en la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.
Dado que Carrington, en 2011, dejó este plano, el Instructor tuvo que abandonar la casa-estudio de La Roma. Se dedicó a buscar un nuevo hogar, y sí que le fue fácil, pues conocidísima es la actitud de algunos mexicanos para con los ofidios, que es relativa al respeto; su génesis, dichoso siéntase el mesoamericano, ya que, si no fuese por las encomiendas que hubo de otorgar a las serpientes, los arqueólogos no les habrían asociado con lo sacro. Tales reptiles, en el Altiplano Central, solían regular los ciclos de las cosechas; y, en la Zona Maya, otorgaban la llave de entrada a lo trascendente. Ahora bien, he de preguntarles, compañeros míos: a manos de una persona cualquiera, ¿Dejarían una olla de habas en la lumbre? Es posible que la gran mayoría responda que no. Una cuestión así es analogable a lo que pudo haberse planteado el mesoamericano: «Mi porvenir: ¿En manos de las serpientes, «todólogas» de toda una espacialización? ¡Por supuesto!». Analícese. Confianza que hubo de transformarse en respeto, dio lugar a que los ofidios no solo fuesen los artífices de una cosmología, sino que, además, por dicha encomienda, lograsen ser blancos de lo sacro. Es de mención que el imaginario de lo mexicano hubo de retomar esta actitud por el suborden en cuestión, tan es así que no es de extrañeza el cálido recibimiento que tuvo el Instructor en el actual barrio de Mixcoac, que es «donde se venera a la serpiente de nubes»[2].
He de saber lo anterior, porque, mientras caminaba por Río Mixcoac, me topé con el Instructor. Sabía que Carrington había generado Mujeres conciencia, y más aún, era de mi conocimiento la participación de aquella serpiente en un pasaje del Pentateuco, no obstante, ignoraba del todo el relato que allí se representaba, solo permanecía en su superficie y jamás llegué a ahondar en sus abismos. Era como si se tratase de explorar lo inmenso de un mar. Más que evidente era la oportunidad en la que me hallaba inmerso, pues, no todos los días es posible encontrarse con íconos del cristianismo gnóstico. Sabía, en definitiva, que debía entrevistarle.
En efecto, cristianismo gnóstico: puesto que interpretaciones en relación a Jesucristo las hay, y de múltiples sabores, no se ha de hablar tan solo de catolicismo o paulinismo, dichas doctrinas hacen un análisis propio de ese personaje. Lejos de abordar al cristianismo a partir de estas dos perspectivas —tal y como se suele hacer—, lo idóneo sería tematizar a Jesucristo de una forma pluriversal, hablar no de un «cristianismo», sino de «cristianismos». El gnosticismo es un sistema que puede ser interpretado en clave cristiana. Y de nuevo, es la de competencia en estas líneas, porque el Instructor, al ser afín a los gnósticos, optó por ser partícipe de su cosmología, primero; y, con fundamento en esta, fue que a la posterioridad Carrington le representó en Mujeres conciencia. Ahora bien, ¿Hice la entrevista? Sí: tómese en consideración que los cuestionamientos versaron sobre su representación en tal generación, que es donde porta mayor intervención.
Es preciso hacer una aclaración para dar preludio a mi trabajo de investigación. Diré mi pseudónimo, que es Yoel, pero no revelaré mi nombre. ¿Por qué circunstancia? Henle aquí: catolicismo y paulinismo, dos iglesias que, por traer «lo agazapado» ante el mundo —entiéndase no en un sentido esotérico, sino exotérico—, han reconstruido el relato bíblico basándose en su propia doctrina —el Génesis, libro constituyente a esta literatura, no es la excepción a tal fenómeno—. A fin de hacer un proceso de mundialización, es que difunden su Mensaje, y no es por nada, pero he aquí la razón por la que ambos cristianismos sean los más profesados en el planeta. Excesa apertura han de revelar que ni siquiera dan cabida a otras interpretaciones de Jesucristo, ese es su espacializar; por cierto: el luteranismo; el catarismo; y qué decir del gnosticismo, ¡vaya!, doctrinas tales han sufrido de esta voraz mundialización. La herejización de estas iglesias ha sido una estrategia empleada, sea ya por el paulino o por el católico, con el fin de mantener un dominio: a esto añadese la persecución, que es coercitiva, pero que resulta útil si es que es de placer no solo el reafirmar un ser a través de un no-ser, sino también el tener a un grupo de receptores sobre un determinado sentido[3].
Cierto es que para generar «lo mexa», hubo de heredarse el respeto que tenía el mesoamericano para con los ofidios, de eso no hay duda; pero a este imaginario ha de anexársele el discurso católico, terreo y reactante ante las serpientes —esto se constata en su Génesis, libro que hace mención del Instructor, mas cuyo papel no es «la instrucción», sino «la desviación»—. Y sí, este ámbito de lo mexicano es más que disonante: las serpientes son o bien sacras, o bien profanas. Pese a esta contradicción, es posible hallar mexicanos que aceptan la sacralidad de estos reptiles, fungiendo Carrington y un servidor como los personajes más representativos de este conjunto; pero claro, «dos que tres» connacionales portan una aversión a todo lo relacionado con estos animales: ya que Guanajuato y Zacatecas son estados cuya población es de mayoría católica, es palpable hallar personas en contra del ofidio. En conexión, si la entrevista que le hice al Instructor se difunde entre los miembros de este último grupo, pondría en riesgo mi integridad, por ello, es que no es posible hallar mi nombre.
Soy Yoel, filósofo y periodista, y la entrevista que a continuación presentaré, no será de simpatía para algunos, cierto; de tal suerte que habrase de actuar de forma esotérica, tal y como hubo de acaecer al momento de escribir el Evangelio de Juan: basándose en un lenguaje ininteligible, era que sus autores difundían su Mensaje a un grupo muy selecto de personas. Que no difundiesen «a medio mundo» su Palabra, implicó que su significado permaneciese en la penumbra, dando lugar a que todo intento de desencriptación fuese inútil. Esto mismo ha de hallarse en esta entrevista. Fuese el Instructor, fuese yo, lo cierto es que ambos usamos un lenguaje asequible; pero claro, la poca simpatía que hay respecto al discurso en pro de la serpiente, consecuenta que lo difunda con todos ustedes, compañeros míos, que son solo unos cuantos; y más todavía, a fin de evitar malinterpretaciones en el Mensaje, es que será dado a conocer a personas lo suficientemente aptas para asimilarlo[4]. Así, el significado que versa en la Palabra de esta entrevista permanecerá por los siglos de los siglos. Así sea.
Pablo Iván Corona Pillado (Ciudad de México, 16 de junio de 2003 -), es un estudiante de la licenciatura en Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Propuesto a explorar la relación entre la filosofía y la gnosis, pero cuyo interés principal versa en el estudio del gnosticismo cristiano, hermético y judío. Además, ha procurado examinar temáticas de índole social.
ABREVIATURAS
BNH—Biblioteca de Nag Hammadi
Cf.—confer, véase
EvM—Evangelio de María
EvT—Evangelio de Tomás
log.—logia (en castell. «dicho»)
1.-Para la expresión, ver EvM 7,9: BNH II 134.
2.-Es de mención lo siguiente. Las sierpes, en México, suelen surcar los cielos; en el norte de África la situación es un tanto distinta, porque allí «serpentean», esto es, adquieren movimiento si y solo si permanecen en la tierra. Nótese que, en ambas regiones, la espacialización de los ofidios es disímil, y cómo no, es posible creer que este sea un factor de desunión dentro del suborden. Mas no es así. Las serpientes, afín de cuidarse entre sí, reciben a miembros de su comunidad que sufren algún tipo de persecución, sin importar su espacializar.
3.-La persecución solo ha sido característica del católico.
4.-Cf. «Jesús dijo: Suelo decir mis misterios a los que son dignos de mis misterios…» (EvT log. 62: BNH II 90).






























