Por Salvador Calva Morales
Si fuera necesario
cruzaría desiertos,
caminaría sobre la lava
y dejaría que la noche
me ocultara los pasos,
solo por volver
aquel instante.
No llevaría conmigo
medallas ni laureles,
ni siquiera el orgullo
de lo que alguna vez conseguí;
cambiaría todo
por unos segundos
de aquella mirada
que todavía me habita.
Porque hubo un beso
que no fue solamente un beso:
fue el silencio de dos cuerpos
aprendiendo a decirse
lo que la boca callaba.
Nos miramos,
y por un momento
la ciudad dejó de existir.
Fue en una callejuela
de aquella Puebla antigua,
cuando las piedras
todavía guardaban secretos
y la noche sabía
guardar lo que no debía contarse.
La penumbra nos cubrió,
las paredes fueron testigos
y nuestros labios, temblorosos,
hicieron lo que las palabras
no se atrevieron a decir.
Desde entonces
he comprendido que hay besos
que no terminan cuando se separan los labios;
se quedan viviendo
en algún rincón de la memoria,
esperando que el tiempo
los vuelva a despertar.
Y si algún día regreso
a aquella calle,
quizá no encuentre tu sombra
ni el mismo silencio,
pero sé que algo de nosotros
seguirá escondido entre sus piedras.
Porque hay besos
que no pertenecen al pasado:
se quedan en el cuerpo,
en la memoria,
en la piel de los años.
Y aquel beso,
en la Puebla antigua,
todavía vive en mí.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta

































