Por Salvador Calva Morales
Quiero que lean mi poesía
poniéndose primero en mis zapatos,
recorriendo los caminos que he vivido,
las victorias, las caídas, los atajos;
porque nadie puede comprender mis versos
sin conocer la tierra que he pisado.
Quiero que sientan el pulso de un hombre
que toda su vida actuó con pasión,
que no supo permanecer indiferente
ni guardar bajo llave el corazón;
un hombre que apostó por sus anhelos,
aunque a veces le faltara la razón.
Quiero que vean más allá del sujeto
que se equivocó y que amó sin freno;
más allá de sus medallas y sus libros,
de sus cargos, sus aplausos y silencios.
Miren también las heridas que lo hicieron
levantarse y comenzar todo de nuevo.
No me juzguen solamente por mis triunfos
ni condenen mis errores sin mirarlos;
cada uno fue una parte del camino,
una lección que tuve que aprender.
Yo también dudé frente a muchas puertas,
pero nunca renuncié a querer crecer.
No separen al poeta de aquel hombre
que luchó por realizar sus ideales;
uno y otro compartieron la esperanza,
las derrotas, las preguntas, la emoción.
Lo que fui durante todos estos años
se encuentra respirando en cada verso.
También fui aquel que amó sus tradiciones,
que escuchó la música de sus mayores,
que encontró sabiduría en los caminos
y belleza donde nadie quiso ver.
Todo aquello que la vida fue enseñándome
lo convertí en palabras para ustedes.
Respiren hondo antes de desentrañar
todo aquello que en mis versos enhebré:
los recuerdos de mi infancia y mis mayores,
los amores que llegaron y se fueron,
las preguntas que jamás tuvieron nombre
y los sueños que aún conservo en pie.
Cada poema guarda algo de mi vida,
una confesión, un gozo, alguna herida;
hay palabras que nacieron de la fiesta
y otras tantas que brotaron del dolor.
No escribí para fingirme diferente,
sino para mostrarme como soy.
Lean despacio cuando encuentren un silencio,
porque también los silencios dicen mucho;
tal vez allí guardé cuanto no pude
expresar de otra manera con mi voz.
Hay verdades que se ocultan en las pausas
y emociones que no admiten explicación.
No les pido que compartan mis ideas
ni que aprueben cada paso de mi historia;
solo quiero que se acerquen sin prejuicios
al ser humano que habita cada página.
Quizá entonces puedan ver que mis poemas
son fragmentos verdaderos de mi alma.
No busquen perfección en mis palabras:
nunca quise presentarme como ejemplo.
Fui tan solo un caminante que aprendía,
un hombre que se atrevió a vivir intensamente,
que cayó, se levantó y siguió adelante
con la frente, la esperanza y la pasión.
Si algún verso consigue acompañarlos
en las horas más difíciles del viaje,
si una estrofa les devuelve la alegría
o los hace recordar a quien amaron,
sentiré que mi palabra ha trascendido
y que todo lo vivido tuvo sentido.
Cuando un día yo no pueda ya explicarlos
ni contarles de qué sitio procedieron,
dejaré que mis palabras me defiendan
y revelen lo que fui y lo que soñé.
Si desean conocerme, lean mis versos:
en cada uno dejé parte de mi vida
y, en el conjunto, todo cuanto amé.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta































