Por Salvador Calva Morales
Me quitaste el teclado de las manos
justo cuando empezaba la melodía;
y lo hiciste así, sin pedir permiso,
con esa sonrisa tuya, traviesa,
que siempre parece anunciarme
que algo vas a hacer para sorprenderme.
Ocupaste mi lugar frente al piano
como si siempre hubiera sido tuyo,
como si aquellas teclas te conocieran
y estuvieran esperando tus dedos.
Yo solamente te miraba,
entre sorprendido y divertido,
pensando qué nueva ocurrencia
se te había metido en la cabeza.
Y entonces empezaste a cantar.
Primero en francés,
con esa elegancia que tienes
cuando haces algo que sabes hacer bien.
Tu voz llenó el espacio
y por un momento hasta olvidé
que yo había sido quien comenzó la canción.
Después cambiaste al inglés,
con una naturalidad que me volvió a sorprender.
Parecía que para ti cambiar de idioma
era solamente cambiar de emoción,
mientras yo, sentado frente a ti,
trataba de disimular lo que provocabas en mí.
Y luego vino el español.
Ahí ya no hubo manera de esconderme.
Cantaste la canción que tanto me gusta
como si quisieras presumirme,
sin modestia alguna,
tu talento, tu voz y esa manera tan tuya
de hacer que cualquier momento
se vuelva diferente.
Y entre una palabra y otra,
volvías a mirarme.
Esa mirada tuya…
Ahí estaba la verdadera travesura.
Porque ya no sabía si escuchar la canción,
mirarte a los ojos
o simplemente dejarme llevar
por lo que estaba sintiendo.
Cuando terminaste,
quizá para ti fue solamente una canción,
una ocurrencia más de las tuyas;
pero para mí quedó guardado aquel instante:
tus manos sobre el teclado,
tu voz cambiando de idioma,
tu sonrisa,
y esa mirada que parecía decirme
que sabías perfectamente lo que estabas provocando.
Desde entonces,
cuando vuelvo a escuchar esa melodía,
ya no escucho solamente música.
Te recuerdo a ti.
Recuerdo tu travesura,
tu manera de sorprenderme,
tu voz llenando el espacio
y aquella sonrisa que todavía me desarma.
Y pienso que quizá,
sin proponértelo o quizá proponiéndotelo demasiado,
aquel día no tocaste solamente el piano.
Tocaste algo dentro de mí
que todavía sigue sonando.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta
































