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Leer para comprender el mundo: la enseñanza de la lectura entre la tradición y los desafíos actuales

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Imagen del autor Congerdesign en PIXABAY

Por Nancy Almassio (Argentina)

“Quieres leer mis versos
y atravesar el portal de mis silencios”.
(Almassio, 2020, pp. 17-18)

Introducción


La lectura constituye una de las prácticas culturales más complejas y transformadoras de la experiencia humana. Leemos para aprender, emocionarnos, investigar, informarnos, interpretar y construir conocimiento. Sin embargo, a pesar de la diversidad de situaciones lectoras presentes en la escuela y en la vida cotidiana, con frecuencia se continúa pensando la lectura como una habilidad homogénea, cuando en realidad adopta múltiples formas según los propósitos, los contextos y las experiencias de los lectores.


El epígrafe que abre este trabajo sugiere una idea esencial de toda práctica lectora: leer implica ingresar en un territorio de significados que trasciende las palabras visibles. Cada texto propone al lector atravesar “el portal de los silencios”, acceder a lo dicho y también a aquello que permanece implícito. Esta dimensión constituye uno de los fundamentos de la lectura como experiencia privada y como construcción subjetiva de sentido.


Aprender a leer no consiste únicamente en decodificar signos escritos. Implica incorporarse progresivamente a una cultura letrada, desarrollar herramientas para comprender el mundo y construir autonomía intelectual. Desde esta perspectiva, leer supone participar de prácticas culturales diversas que permiten interpretar la realidad, formar pensamiento crítico y construir identidad.


La lectura a través de la historia: de la oralidad compartida a la autonomía lectora


La historia de la enseñanza de la lectura permite comprender que los modos de leer han variado según las épocas y los contextos socioculturales. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la lectura en voz alta ocupaba un lugar central tanto en las escuelas como en la vida comunitaria. Se consideraba que la lectura expresiva favorecía la comprensión, permitía transmitir conocimientos y contribuía a la formación moral de los estudiantes.


Antonio Viñao (1995)señala que las lecturas públicas constituían una práctica cultural relevante y que la lectura en voz alta era considerada la modalidad privilegiada del acto lector. Los textos eran comentados, releídos y, en muchos casos, memorizados. La comprensión se construía colectivamente a través de la escucha, el intercambio y la repetición. En numerosos espacios sociales de la época, especialmente aquellos donde el analfabetismo era significativo, la lectura compartida permitía acercar libros, periódicos e ideas a personas que no accedían directamente a los textos escritos.


Los libros escolares reflejaban esta diversidad de funciones. Castro Legua (1909) distinguía cartillas, cuentos, biografías, libros de cosas, manuscritos, misceláneas, textos poéticos y tratados vinculados a las distintas materias de enseñanza. Esta variedad demuestra que ya entonces comenzaba a reconocerse la existencia de diferentes propósitos y modalidades de lectura.


A comienzos del siglo XX se produjo una transformación profunda. La lectura silenciosa e individual comenzó a consolidarse como la meta principal de la alfabetización. La influencia de las propuestas de Decroly, la aparición de métodos ideovisuales y el desarrollo de instrumentos para medir comprensión y velocidad lectora favorecieron la expansión de una nueva concepción del lector.

La lectura silenciosa pasó a identificarse con el estudio, la reflexión personal y la formación intelectual.
Se inició así el tránsito desde una cultura centrada en las lecturas compartidas hacia otra donde predominaba la lectura individual. Sin embargo, como advierte Viñao, ambas formas coexistieron durante décadas y respondieron a necesidades culturales diferentes.


La lectura en la escuela actual


La escuela contemporánea enfrenta un escenario radicalmente distinto. Los estudiantes conviven diariamente con pantallas, redes sociales, hipertextos, videos, imágenes y múltiples formas de comunicación digital. La lectura ya no se realiza exclusivamente sobre libros impresos ni dentro del espacio escolar. Se despliega en una diversidad de soportes y contextos que amplían y complejizan las experiencias lectoras.


Esta transformación no exige abandonar las prácticas tradicionales sino resignificarlas. La lectura en voz alta, la conversación literaria, la relectura reflexiva y el comentario colectivo siguen constituyendo experiencias valiosas para la formación de lectores. A ellas se suman nuevas demandas relacionadas con la selección de información, la interpretación crítica de discursos y la comprensión de textos multimodales.


El desafío actual consiste en enseñar a los estudiantes a elegir cómo leer según las características del texto, los objetivos perseguidos y las situaciones de comunicación en las que participan.


¿Cómo leemos?


Leemos de diversas maneras porque los textos y los propósitos son diversos. No leemos del mismo modo un poema de Evaristo Carriego, Sor Juana Inés de la Cruz, Luis de Tejeda, Francisco Ruiz de León o Gaspar Pérez de Villagrá que una noticia periodística, una novela, una ley o un artículo científico. Cada tipo de texto exige ritmos, estrategias y disposiciones particulares.


La competencia lectora consiste precisamente en reconocer estas diferencias y adecuar las prácticas de lectura a cada situación. Un lector autónomo sabe cuándo explorar rápidamente un texto, cuándo detenerse en determinados pasajes, cuándo releer, cuándo comparar fuentes y cuándo compartir interpretaciones con otros lectores.


Leer supone, entonces, mucho más que comprender información explícita. Significa establecer relaciones, formular inferencias, construir interpretaciones y dialogar permanentemente con los discursos que circulan en la sociedad.


La lectura como experiencia privada y práctica social


Uno de los aportes centrales de esta propuesta consiste en distinguir dos dimensiones complementarias de la lectura: la lectura privada y la lectura social.


La lectura privada constituye el encuentro personal e irrepetible entre el lector y el texto. Es el espacio de la intimidad lectora, donde la experiencia se desarrolla lejos de toda observación externa. Allí surgen asociaciones personales, recuerdos, preguntas, emociones, intuiciones y reflexiones que muchas veces permanecen invisibles para los demás. Cada lector construye sentidos desde su propia historia y establece un diálogo silencioso con aquello que lee.


Esta dimensión posee una enorme relevancia pedagógica porque gran parte de la comprensión profunda se produce precisamente en ese espacio interior. Mientras la escuela suele atender los aspectos visibles de la lectura mediante respuestas, actividades o evaluaciones, los procesos más significativos suelen desarrollarse en la conciencia del lector.

La lectura privada favorece la autonomía intelectual, la sensibilidad estética, la reflexión crítica y la construcción de una voz propia. Por esta razón, educar lectores también implica ofrecer tiempos y espacios para el encuentro silencioso con los textos, sin la exigencia inmediata de producir respuestas o demostrar resultados.


La lectura social aparece cuando esa construcción individual de sentidos se comparte con otros lectores. Ocurre en las aulas, bibliotecas, clubes de lectura, talleres literarios, congresos o festivales de poesía. Allí las interpretaciones dialogan, se confrontan y se enriquecen mutuamente. La lectura deja de ser una actividad estrictamente individual para convertirse en una práctica cultural compartida.


Lejos de oponerse, ambas dimensiones se complementan. Toda lectura social se enriquece con experiencias privadas previas y toda lectura privada se encuentra atravesada por conocimientos, discursos e interpretaciones construidos socialmente.


La lectura poética y el valor de la lentitud


La lectura poética merece una consideración especial. Al proponer la lectura de un poema se busca generar una experiencia estética a través del lenguaje. Como afirma Octavio Paz en El arco y la lira, la poesía constituye una forma de conocimiento que amplía nuestra comprensión de la realidad.


La lectura poética exige tiempo, escucha y relectura. Implica atender al ritmo, a la musicalidad de las palabras, a las imágenes, a los símbolos y a las múltiples resonancias del lenguaje. Su comprensión invita a explorar sentidos siempre abiertos más allá de la literalidad.


En una época caracterizada por la rapidez, la fragmentación y la sobreabundancia informativa, resulta necesario recuperar el valor pedagógico de la lectura lenta y destacar la importancia de la pausa, la contemplación y el disfrute como componentes esenciales de la experiencia lectora.


Es indispensable, entonces, tener en claro los propósitos didácticos: proponer las lecturas rápidas para la búsqueda de información específica y la lectura lenta para aquellos textos cuya riqueza metafórica exija otros ritmos.
Hacia una pedagogía de la autonomía lectora


Los desafíos educativos contemporáneos exigen ampliar nuestra concepción de la lectura. Formar lectores autónomos supone mucho más que enseñar técnicas de comprensión o estrategias de estudio. Implica ofrecer experiencias diversas de encuentro con los textos, favorecer la construcción de interpretaciones propias y generar espacios donde la lectura pueda desarrollarse tanto en su dimensión individual como colectiva.


Como señalan los estudios sociohistóricos sobre la enseñanza de la lectura y la escritura, cada época construye sus propias escenas de lectura, definidas por actores, finalidades, espacios, tiempos y soportes materiales. La escuela actual debe reconocer esta diversidad y, al mismo tiempo, preservar aquellas prácticas que históricamente han contribuido a la formación de lectores reflexivos.


El reto pedagógico consiste en articular tradición e innovación, oralidad y lectura silenciosa, libro impreso y tecnología digital para responder a las necesidades de los lectores contemporáneos.


En definitiva, la lectura es una práctica cultural que amplía nuestra comprensión del mundo, fortalece la identidad, desarrolla la sensibilidad y promueve la libertad de pensamiento. Un lector autónomo es quien ha aprendido a elegir cómo leer, para qué leer y desde qué lugar habitar cada texto.


Bibliografía consultada


Almassio, N. (2020). Amores invisibles. Buenos Aires: De los Cuatro Vientos.
Argüelles, J. D. (2010). Elogio de la lectura lenta. México: Fondo de Cultura Económica.

Castro Legua, V. (1907–1909). Grandezas de España. Sucesores de Hernando
Cucuzza, H. R., & Pineau, P. (2000). El Proyecto Histelea (Historia Social de la Enseñanza de la Lectura y la Escritura en la Argentina). Histórica, 36(2), 677-698.
Legouvé, E. (1877). L’art de la lecture. París: Hetzel.
Paz, O. (1956). El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica.
Schopenhauer, A. (2009). El arte de leer. Barcelona: José J. de Olañeta.
Tirado Benedí, D. (1936). La enseñanza del lenguaje. Barcelona: Labor.
Viñao, A. (1995). «A propósito del neoanalfabetismo: observaciones sobre las prácticas y usos de lo escrito en la España contemporánea». En A. Petrucci y F. Gimeno Blay (Eds.), Escribir y leer en Occidente (pp. 183-211). Valencia: Universitat de València.
Viñao, A. (2002). «La enseñanza de la lectura y la escritura: análisis socio-histórico». Anales de Documentación, 5, 345-359.
Woolf, V. (2005). Cómo debería leerse un libro. En El lector común. Barcelona: Lumen.

NANCY ALMASSIO es poeta, investigadora y docente nacida en Necochea (Argentina) el 16 de agosto de 1968.
Ha participado en numerosos certámenes literarios y obtuvo diversas distinciones, destacándose el 1° premio internacional en el IX Concurso Poético Internacional UPF Argentina (2020) a la poesía: Mi paz, tu paz.
Publicaciones:
Hombres irreales (2017) De los Cuatro Vientos. Argentina
Mujeres reales (2018). De los Cuatro Vientos. Argentina
Amores invisibles (2020). De los Cuatro Vientos. Argentina
Poética de la esperanza (2024) De los Cuatro Vientos. Argentina
El exilio de las almas (2025) Sabersinfin y El Mundo Iluminado. México
Poesía infinita (2026) Sabersinfin y El Mundo Iluminado. México
Ganadora del 3° premio en el Concurso “Enrique Anderson-Imbert” de ensayo 2025 SADE Filial La Plata con el ensayo “La palabra poética como puente de transformación de la ausencia en presencia. Una mirada hacia el interior de la poesía de Jorge Boccanera”.
Ganadora del Premio Nacional Faro de Oro Vip 2026 en la ciudad de Mar del Plata por su labor como escritora y poeta.
Es conductora del programa “Poéticas del mundo” que se emite desde México por el portal Sabersinfin.
Es socia fundadora y presidente de la Filial necochense de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires (SEP) desde el 23 de abril de 2025 hasta la fecha.
Jurado en el Concurso Buenos Aires Fantástica y de los Juegos Bonaerenses 2025 en la categoría Narración Oral Escénica, Necochea para contar 2025 organizado por la Ecos literatura y Biblioteca de autores locales.