El búho es un ave misteriosa que ha llamado la atención de la humanidad desde hace miles de años.
Un animal muy parecido al búho, llamado mochuelo, es quien descansa sobre el hombro de Atenea, diosa griega de la sabiduría. Quizás de ahí que se le relacione con el conocimiento y la inteligencia.
Es una especie que se encuentra en todo el mundo a excepción de la Antártida, y ha participado en mitos, fábulas y todo tipo de historias fantásticas. Casi siempre figura como el viejo sabio, el personaje erudito y sabiondo.
Se dice que la misma Atenea tenía los ojos grandes y amarillos como los tienen los búhos, pues esto era muestra de su perspicacia y sabiduría.
En Norteamérica se considera compañero y guía de la noche y en algunas culturas de nuestro país, se le otorgó el nombre de mensajero de la muerte, de ahí que se asocie a Mictlantecuhtli, Dios del inframundo.
El búho es para muchos, símbolo de maestría, especialmente cuando se trata de pasar desapercibido.
Los científicos han tratado de explicar cómo es que esta ave no hace ruido al volar. El hecho de agitar las alas y hacer fricción debería producir ese sonido tan característico del aleteo en las aves.
Por esto se ha ganado la medalla al cazador más discreto. Inclusive una persona podría pasar por alto el sonido de un búho al volar, aun estando a escasos centímetros de distancia.
Sus presas no pueden anticipar el acecho de estos inteligentes animales que, además de su vuelo discreto, tienen una visión espectacular, con 110 grados de visibilidad. Los búhos no tienen los ojos a los costados como el resto de las aves, sino en frente, y cuentan con amplias pupilas que les permite mirar en la oscuridad.
Son aves nocturnas, con falsos ojos en las plumas con los que aparentan estar siempre en estado de vigilia para distraer a sus depredadores.
Su pico pequeño pero afilado es un arma letal y su estructura física le permite girar la cabeza a 270 grados.

Aunque no pueden mover los globos oculares como lo hacemos las personas, el búho tiene una visibilidad de gran periferia. Sin dejar de mencionar su agudísimo oído que le permite identificar a sus presas a distancias considerables y comunicarse con otros búhos.
Estos seres se han asociado al misticismo, a la brujería y a la magia negra; y han sido atacados por el hombre por creer que son seres malignos o que atraen la mala suerte.
¿No será que el hombre se siente amenazado ante la inteligencia, astucia y presencia de los búhos? Nos cuesta trabajo creer que un animal pueda poseer tantas cualidades y pueda ser tan sigiloso como lo es esta ave.
¿Quién se atreve a sostener la mirada de un búho sin sentir escalofríos?
Es tan imponente su porte y la fuerza de sus ojos que no cualquiera se atrevería a mirarlo frente a frente. Sin embargo esto no significa que sean entes malignos o enviados del demonio, como muchos afirman.
Al contrario, son seres de los que podemos aprender mucho más de lo que nos imaginamos.
Si el búho hiciera ruido al volar, cuando se dirige por su presa, esta tendría tiempo de correr antes de ser devorada. Y esto nos enseña mucho sobre cómo debemos caminar hacia nuestras metas.
Estamos acostumbrados a gritarle al mundo hacia dónde vamos, con todo detalle. Es exactamente esa forma indiscriminada de contar nuestros planes lo que podría estropearlos.
Tenemos que ser más discretos, recurrir a la estrategia inteligente y no a la presunción. Ir silenciosamente hacia nuestro objetivo, sin generar a nuestro paso envidias ni rumores que terminen por arruinarnos.
Por esto el búho es símbolo de discreción, excelente tótem para actuar a la sombra, en secreto, sin que nada ni nadie descubra ni obstruya nuestros propósitos.
Hoy más que nunca hacemos mucho ruido al caminar. Ahora que es tan fácil gritarle al mundo, a través de las redes sociales, qué, dónde, cuándo, cómo y con quién estamos; tenemos que guardarnos algo para nosotros, para contárselo a la almohada, para escribirlo en una libreta y tenerlo en el buró de la cama.
Estamos expuestos, estamos desnudos frente al mundo, y esto puede ser el fin de ese intento por alcanzar nuestros sueños.
Hay que ser silenciosos como el rey de la noche. Hay que saber cuándo es mejor estar a la sombra, bajo la luz de la luna que guarda los más profundos secretos.
Todo lo que no se quiere decir, lo que no deseamos exponer, estará más seguro en la noche. Hay que darnos más a la discreción y ser sigilosos con nuestros planes.
Seamos silenciosos al volar y tal vez un día podamos vernos tan sabios, imponentes y astutos como se le ve a un búho posado sobre un árbol, en medio de la noche, atento, mirando… sólo mirando.
Sentir atracción por este animal te delata como animal nocturno, así me he encontrado muchas veces, domando madrugadas, sin querer pegar el ojo. Tal vez comparto algo con estas aves, y la gente con quien interactúo, mis colegas escritores, músicos, todos los que trabajan con la sensibilidad y el arte, están, de alguna manera, ligados al búho.
Cada quien desde su árbol, a mitad de la noche, comunicándonos a la distancia, hablando de la existencia, desentrañando misterios, encontrando la esencia de un verso.
El búho, como animal de poder, te permitirá encontrar paz en el silencio .
Artículo del libro: Etología y caractitud. Tomo I. De venta en Librería León.
Salvador Calva Morales tiene una amplia trayectoria en las áreas de Educación, la Medicina Veterinaria, la Zootecnia y la Literatura.
Cursó dos licenciaturas: Medicina Veterinaria y Educación Media Superior, dos maestrías, una en Administración y otra en Docencia Universitaria. Tiene un doctorado en Administración de Negocios. Recibió el doctorado honoris causa por The England and Wales University, en Londres, Inglaterra.
Recibió cuatro doctorados honoris causa por instituciones mexicanas e internacionales.
Su labor altruista ha sido reconocida ampliamente.
Desde 1982 fundó y preside el Sistema Universidad Mesoamericana, con ocho campus universitarios en México.
Autor de treinta libros de poesía y ensayos educativos.

































