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¿Hay edad para amar?

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Foto: Pixabay

Por Sabersinfin

¿Para amar hay edad?
Decidme, ¿quién diablos y dónde lo escribió?
¿Quién, con autoridad, lo decretó?
Si el amor nace en el santuario del corazón,
¿por qué levantan tribunales contra un sentimiento
que jamás aprendió a contar calendarios?
¿Quién tuvo la soberbia de ponerle fronteras
a aquello que Dios sembró para ser infinito?

Dicen que los años dictan a quién debemos amar;
yo pregunto: ¿desde cuándo el alma obedece relojes?
Mi corazón despertó al milagro de otro corazón,
aunque el tiempo entre ambos dibuje una larga distancia.
¿Quién decretó que los latidos dejan de entenderse
solo porque las fechas escritas en la piel no coinciden?

Maldita sea la costumbre que viste de virtud el prejuicio;
maldita la sociedad que esconde, tras elegantes máscaras,
sus leyes frías, incapaces de comprender el amor.
Condenan sin escuchar, señalan sin conocer,
como si un sentimiento puro pudiera convertirse en culpa
por el simple capricho de una diferencia de años.

Y, sin embargo, cuando nuestras miradas se encontraron,
ninguna preguntó la edad del otro.
Solo hubo un instante sagrado
en el que dos corazones se reconocieron sin permiso,
derritiéndose uno en el otro,
como la nieve que cede al abrazo del sol.

Dios mío, qué tristeza abrir los ojos lleno de esperanza
y despertar rodeado de prohibiciones ajenas.
Qué dolor ver que los hombres fabrican cadenas
para aprisionar aquello que Tú creaste libre.
¿Por qué tanto empeño en desterrar la dicha
de dos almas que únicamente aprendieron a amarse?

Déjennos en paz.
Déjennos vivir sin el peso de sus sentencias.
Déjennos amar con la pureza que solo conocen los corazones.
Porque el amor verdadero no pregunta la edad:
pregunta por la verdad del alma.
Y mientras dos corazones se elijan con honestidad,
ninguna voz del mundo podrá convencerlos
de que amar sea un delito.

Y no permitiré que apaguen mi destino,
ni que encadenen lo que Dios sembró en mi camino.
Que griten cuanto quieran sus dogmas y su verdad;
jamás vencerán la fuerza de esta inmensa lealtad.
Porque el amor que en mi pecho floreció con tal fulgor
no se inclina ante los hombres:
solo se inclina ante Dios.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta