Por Salvador Calva Morales
Cuatro letras contiene tu nombre,
con A comienza y con A termina;
hada, musa, dama de mis noches,
amor secreto que mi vida ilumina.
Lo pronuncio en silencio, con cuidado,
para que nadie descubra su sentido,
pues solo tú conoces la historia
que vive detrás de lo prohibido.
Sin tu compañía siempre incondicional,
muchos de mis días serían grises;
las lluvias se habrían vuelto tempestades
y más hondas las antiguas cicatrices.
Pero llegaste con tu luz serena
cuando el mundo parecía derrotarme,
y bastaba la verdad de tu mirada
para volver a levantarme.
Tu juventud nunca ocultó su nobleza
ni el fuego que habitaba en tu alegría;
amaste la intrepidez y la sabiduría
con la pasión de quien jamás temía.
Viste en mí al visionario arrojado
que fue detrás de lo que nadie había hecho,
y mientras otros dudaban de mis pasos,
tú hiciste de tus sueños nuestro lecho.
Nadie supo del lenguaje de los ojos,
de las palabras dichas a escondidas,
ni de aquellos encuentros clandestinos
que transformaron para siempre nuestras vidas.
Ante los ojos profanos fuimos silencio,
dos extraños ocultando su pasión;
pero al cerrarse las puertas de la noche,
éramos llama, vértigo y rendición.
Hoy te escribo para honrar aquella huella
que dejaste para siempre dentro de mí;
esa marca que los años no han borrado
y que guarda cuanto amamos y viví.
Tú sabes que nos une un lazo extraño,
más profundo que el deseo y la memoria:
cuatro letras protegiendo ante el mundo
el amor oculto de nuestra historia.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta

































