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Interpretación del poema «El riesgo de escribir, cuando se ama» de Esperanza Vera

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Por: BrendaCarol Morales

Antes de iniciar la interpretación del poema que comparto hoy, quiero felicitar a todos los que formamos parte de Sabersinfin en el aniversario número veinte. Por otro lado, comparto algunas de las inquietudes que surgieron en el programa Lunes de Poesía Lunar a propósito de la celebración. Una de esas fue la reflexión de que Sabersinfin alude a un aprendizaje constante, ilimitado, eterno. Según esta premisa, el conocimiento no tiene fronteras ni fecha de caducidad. Esta concepción permite reconocer la vocación humanista del proyecto. Esta implica que se pone a la persona como valor central de toda actividad y que se prioriza su dignidad, bienestar y desarrollo integral.

Al preguntarle a Abel Pérez Rojas por qué la poesía ocupa un espacio tan importante en el proyecto, explicó que se dio de manera natural. Primero, como una elección personal puesto que la poesía formó parte de su vida desde la infancia. Por otro lado, por la naturaleza del proyecto. Si consideramos lo que señalan Lindsay, A. y Bergstrom C., que «el lenguaje poético es el lenguaje más pleno posible» (traducción libre), o como señalaba Aristóteles en su Poética, «la poesía es más filosófica que la historia y tiene un carácter más elevado que ella», entendemos su visión. 

La poesía ofrece posibilidades particulares de explorar y expresar la experiencia humana. Su lenguaje permite abordar no solo lo visible y lo vivido, sino también las motivaciones, las contradicciones y los dilemas que adquieren significado más allá de una época determinada.

Quizá por estas razones la poesía ocupa un espacio tan importante en Sabersinfin. Este espacio se abre a las voces de poetas de toda América, con sus posturas, estilos y experiencias. Leer sus poemas supone acercarnos, con respeto y asombro, a las distintas maneras de comprender y expresar el mundo. Conozcamos, pues, uno más de los poemas que aparecen en la VII Antología Internacional de Poesía: El riesgo de escribir, cuando se ama, de Esperanza Vera Mozo.

La autora, Esperanza Vera Mozo

Es originaria de Puebla, México.

Tiene una licenciatura en Teología por la Universidad Logos Christian College de Jacksonville, Florida, EE. UU., un diplomado por la UMAD en Lenguas Hebreas y Griegas y en Dirección Estratégica de Capital Humano. Asimismo, es directora de la Casa de Oración Monte de Sion, donde desarrolla su labor dando charlas sobre hábitos y valores en hogares y centros comunitarios.

En otro ámbito, es alumna del dramaturgo Reynaldo Carballido; pertenece a Escritores del Golfo y al Círculo de Escritores Sabersinfin. Ha participado en diversos foros literarios, así como en la antología Historias viejas de un pueblo nuevo y en la serie Antología internacional de poesía Sabersinfin.

El riesgo de escribir, cuando se ama

Escribir sobre el amor
es trazar con fuego sobre el mar.
El pulso es precario
y, aun así, no dejamos de mirar.

Porque decir amor
rompe el silencio entre dos;
la voz tiembla al borde del misterio,
el alma enmudece: sentimiento sin definición.
La noche nos presta su mejilla,
el día niega toda confesión.
No tuvo nombre lo vivido,
no se hizo pronunciar.

Bastaba un gesto leve compartido
para entender lo que no se supo hablar.
Así, así amé: sin promesas…
sabiendo que las letras son cadenas
cuando el amor no quiere ser señal.

Escribir era abrir una herida
que el tiempo aún no quería cerrar;
por eso fui guardando la vida
en la forma más pura de mirar.
Tus ojos curiosos me decían lo imposible,
los míos respondían sin razón,
y en ese diálogo invisible
ardía, intacto, todo el corazón.

Aspectos de forma

El poema está estructurado en cuatro estrofas, de distinto número de versos. La extensión desigual de las estrofas acompaña los movimientos internos del poema: este comienza con una reflexión sobre la dificultad de escribir acerca del amor y avanza hacia la evocación de una experiencia particular, que culmina en el intercambio de miradas entre dos personas.

No sigue un patrón métrico regular. Se alternan versos breves con otros más extensos. Algunos de los versos son libres. Otros muestran rima consonante (mar/mirar, herida/vida, cerrar/mirar, razón/corazón) sin que estas configuren un esquema regular a lo largo del poema. Por ello podemos considerar que es una composición de versificación irregular, con algunos elementos de versificación tradicional. Ciertamente, hay una búsqueda de musicalidad aunque no haya organización estrófica o métrica invariable.

Algunas de las figuras literarias que se utilizan son las siguientes: metáfora, por ejemplo: «trazar con fuego sobre el mar», «rompe el silencio», «las letras son cadenas». Personificación o prosopopeya: «la noche nos presta su mejilla», «el día niega toda confesion», «una herida que el tiempo aún no quería cerrar». Hay otras que son una mezcla entre metáfora y personificación, como por ejemplo: «rompe el silencio», que constituye una expresión metafórica que presenta el silencio como una barrera susceptible de ser quebrada. En el poema, adquiere especial relevancia porque hablar no necesariamente conduce a una mayor comprensión. También puede alterar el equilibrio de una relación que se sostiene en lo no dicho.

Otras figuras importantes son la antítesis: noche y día, voz y silencio, decir y callar. Estas oposiciones sostienen buena parte de la arquitectura conceptual del poema. Otra es la paradoja pues el silencio comunica y las palabras pueden impedir la expresión auténtica del amor. Esta figura es quizá esencial, porque no es solo un recurso retórico sino que organiza el significado del poema entero. ¿Por qué? Desde el título señala que escribir sobre el amor es un riesgo y, sin embargo, es precisamente lo que se hace en el poema.

En cuanto a los campos semánticos, encontramos el campo semántico de escritura: escribir, trazar, letras. Otro es el de la comunicación y sus fallas: decir, silencio, voz, enmudece, pronunciar, gesto compartido, entender, no saber hablar, decían, respondían, mirar, ojos, mirada, diálogo. Por supuesto, el campo semántico de sentimientos y amor: amor, sentimiento, amé, ardía, corazón.

En cuanto a la enunciación de la voz lírica, hay una transformación a lo largo del poema. Primero, hay una voz generalizadora: «escribir sobre el amor es». Luego de esa formulación general pasa a una experiencia compartida sugerida por el pronombre nos: «La noche nos presta su mejilla». Finalmente aparece una primera persona en singular: «Así, así amé». En los versos finales aparece explícitamente el destinatario amoroso: «Tus ojos curiosos me decían lo imposible». Entonces, la voz lírica deja de hablar sobre el amor para dirigirse, aunque sea indirectamente, a la persona amada. Este movimiento expresivo lleva al lector desde una reflexión más general hacia una confesión individual. Así, el poema termina encarnando aquello que planteó inicialmente como un problema teórico.

Interpretación del poema

La paradoja central aparece desde los primeros versos, ya que la imagen propone una imposibilidad física, debido a que el fuego y el agua son elementos contrapuestos. Esta imagen inicial confirma lo que ya dice el título. Es un riesgo escribir sobre el amor porque es pretender fijar algo que, por su naturaleza, no puede o se resiste a permanecer.

Esta imagen plantea una paradoja: escribir supone trazar algo, darle forma, pero el fuego sobre el mar no parece ofrecer condiciones para que ese trazo permanezca. Si el fuego se asocia con la intensidad del amor, la superficie inestable y cambiante del mar introduce una dificultad adicional: aquello que se intenta expresar puede desaparecer o transformare mientras se escribe. El riesgo no reside únicamente en la dificultad de representar el sentimiento, sino también en la fragilidad de esa representación.

En los siguientes versos no queda claro a qué se refiere el pulso; podría ser el reflejo de la frecuencia cardíaca de la voz lírica o quizá al enfrentamiento entre partes, como podrían ser el fuego y el agua. En cualquiera de los casos, porque el poema no permite concluirlo, la situación es tal como augura el título: riesgosa, precaria. Sin embargo, existe una persistencia que convive con la precariedad.

Luego, hace ver que no solo se trata del amor en términos abstractos y generales. Más bien plantea que existiera un acuerdo tácito de silencio mutuo entre dos y que este podría romperse con mencionar el amor. Cuando se dice «rompe el silencio» esta expresión suele tener una connotación positiva porque hablar permite superar la incomunicación. Sin embargo, aquí podría suceder lo contrario. De allí que todo el ser se encuentre en un estado emocional intenso que no puede definirse.

En este estado, la noche resulta acogedora en tanto que el día impone una restricción. La oposición entre el día y la noche podría sugerir que lo vivido solo encuentra un lugar para manifestarse fuera de la mirada pública o que necesita permanecer oculto. El poema, sin embargo, no explica las razones de ese ocultamiento ni permite determinar si responde a una prohibición externa, a una decisión compartida o a la dificultad de expresar el sentimiento.

En consecuencia, por mucho que existiera o de su intensidad, no pudiera tener un nombre. Esta es otra paradoja. No se niega el amor, se le invisibiliza o se mantiene el misterio sobre él.  

De hecho, el poema presenta en su tercera estrofa una relación que pareciera haber existido mediante miradas, gestos y una complicidad tácita. Bastaba un gesto para entenderse. Aquí el silencio adquiere un valor positivo, contrario al habla, que incluso puede atar. La voz lírica aparece para hacer ver que sintió algo así y que no se trataba solo de incapacidad de hablar sino también de una forma de entendimiento.

El poema no se limita a plantear que el amor es difícil de describir. Sugiere que nombrarlo puede transformar, e incluso poner en peligro, aquello que se ha vivido.

Ahora bien, el último verso «cuando el amor no quiere ser señal» me parece un poco confuso. La personificación atribuye al amor una voluntad de no manifestare, mientras que la palabra señal puede remitir a cualquier indicio que permita reconocerlo o hacerlo público. No queda claro si las personas no podían hablar de lo vivido o si preferían no hacerlo «No se supo hablar» apunta hacia una dificultad de expresión mientras que el verso final sugiere la posibilidad de preservar el sentimiento fuera del lenguaje explícito. El poema no resuelve y esta apertura permite distintas interpretaciones.

Más adelante vuelve sobre el riesgo de escribir, no porque sea imposible o complicado como sugiere el primer verso del poema, sino que hacerlo introduce una dimensión distinta. Ya no se trata solo de la dificultad de representar el amor, sino de la posibilidad de reabrir una herida al poner en palabras una experiencia pasada. ¿La situación era dolorosa? ¿Era doloroso mantenerse en silencio? ¿O lo era tener que comunicarlo? No lo dice. La escritura aparece entonces como un acto que puede hacer presente aquello que quizá se prefería mantener en silencio.

En los últimos versos introduce al tú ausente. Vale decir que las miradas adquieren un papel decisivo. Estas parecen comunicarse en un diálogo en el que no hay palabras, de allí, seguramente, que lo califique como «invisible». Hay que hacer notar que, para que exista un diálogo debe haber un intercambio y reciprocidad pues no basta con que alguien exprese algo sino que reciba una respuesta del otro, no importa de qué tipo.

En este espacio, la voz lírica construye el intercambio y reciprocidad mediante las miradas. La del otro comunica y la de la voz lírica responde. Lo que no se especifica es si ambos personajes comprendían exactamente lo mismo. De hecho, el adjetivo «curiosos» agrega un matiz que merece atención. La curiosidad puede sugerir interés, intriga o una disposición a descubrir al otro, pero no es necesariamente equivalente al amor. Por ello, aunque las miradas parecen construir un intercambio, el poema no permite determinar si ambas personas atribuían el mismo significado a su encuentro. La voz interpreta los ojos del otro como una expresión de lo «imposible», pero no basta para confirmar que compartían una misma experiencia afectiva.

Esta interpretación no niega el sentimiento. Simplemente se reconoce que la experiencia amorosa señalada se muestra desde la subjetividad del hablante. El poema no permite saber si ambos comprendían exactamente lo mismo o si el adjetivo está o no matizando el significado. Dado que la escena está reconstruida desde la perspectiva de una sola voz, queda la interrogante de si estamos ante una comunicación amorosa compartida o ante el sentido que la voz lírica le otorga a las miradas del otro.

Hasta ahora el poema plantea el riesgo de escribir del amor, que por lo visto no se refiere al amor en abstracto, sino a un amor específico. Lo hace mediante imágenes de imposibilidad, cadenas, heridas. Mas no llega a explorar del todo sus consecuencias. ¿Qué pierde el amor cuando se escribe? ¿Qué ocurre con la experiencia cuando se convierte en palabra? ¿El silencio es una forma de protección o una renuncia? El texto abre estas interrogantes aunque no desarrolla plenamente las consecuencias de cada posibilidad. En la distancia entre lo sugerido y lo no resuelto se abre un espacio para la interpretación.

Conclusión

El poema muestra una tensión conceptual muy interesante al inicio. Desde el título se anuncia un riesgo. Las imágenes iniciales sugieren imposibilidad, destrucción o pérdida. Sin embargo, el cierre se concentra en la plenitud emocional del diálogo de miradas. Si bien es un final coherente, el poema desplaza el énfasis desde el riesgo de escribir hacia la intensidad de lo vivido.

Aunque a primera vista parece un poema de amor que se resuelve de una manera más o menos convencional, plantea la dificultad de expresar mediante palabras una experiencia amorosa que encuentra su forma de existencia en el silencio. Quizá su mayor riqueza y lo más conmovedor no residen en que dos personas se hayan comunicado o no sin palabras ni las razones por las que, de haber existido un acuerdo tácito, no podían expresarse abiertamente. Tal vez radican en la necesidad de escribir, después, aquello que no se comunicó en su momento. Y quizá, solo quizá, escribir sea una manera de volver sobre lo vivido cuando el tiempo ha permitido mirarlo de otra forma.

BrendaCarol Morales
 
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.