Por Salvador Calva Morales
El amor nace de mil maneras,
surge de la sensibilidad ante la belleza,
de compartir el arrojo y el valor,
de reconocerse en una misma nobleza.
También nace del amor a los animales,
del afán por aliviar dolor y heridas;
entre la ciencia, la esperanza y el cuidado,
así se encontraron nuestras vidas.
Tú llegaste con preguntas en los ojos,
yo llevaba algunos sueños por respuesta;
compartimos los libros y el asombro,
la palabra precisa y la protesta.
Aprendimos que detrás de cada síntoma
hay un ser que nos confía su existencia,
y que curar exige más que técnica:
hace falta corazón, entrega y ciencia.
Cuántas noches de vigilia compartimos
frente al pulso tembloroso de un paciente;
tú atendías su mirada silenciosa,
yo buscaba una esperanza entre su fiebre.
Sin decirlo, nos bastaba una sonrisa
para obrar con decisión y valentía;
la camaradería fue nuestro refugio
y la complicidad, nuestra mejor guía.
Nos unieron el estudio y el coraje,
el respeto por la vida vulnerable,
la pasión por descubrir nuevos caminos
y hacer de lo imposible algo alcanzable.
Celebramos cada vida rescatada,
cada herida que logró cicatrizarse;
mientras algo, sin permiso y en silencio,
comenzaba entre nosotros a nombrarse.
Hoy comprendo que aquel lazo fue creciendo
entre batas, cuadernos y desvelos;
que nació del compromiso compartido
y de mirar hacia los mismos horizontes.
La ciencia nos brindó sabiduría,
los animales, su confianza y su verdad;
y nosotros descubrimos, al cuidarlos,
que también aprendíamos a amar.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta
































