Por: BrendaCarol Morales
Recién me encontré con una novela, Si una noche de invierno un viajero (1979), de Italo Calvino, al leer una reseña que dice: «Magistralmente, Italo Calvino nos habla de que por muchísimos libros que leamos, estamos avanzando en la lectura de un único libro, un libro total y unitario compuesto de todas nuestras lecturas, el Libro de nuestra vida» (Vásquez, 2026). Esta me parece una afirmación acorde con la que aparece en la VII Antología Internacional de Poesía Sabersinfin de que «cuando distintas voces poéticas se reúnen en un mismo volumen, lo que aparece ante nosotros es un mapa de la conciencia», que, si bien alude a lo que suponemos constituye la esencia de una antología poética, acentúa la multiplicidad de voces para trazar los pliegues, vericuetos y fronteras del espíritu humano frente al acto de leer.
Como en la novela en referencia, en la antología el lector se ve movido de una temática a otra. Cada poema actúa como un estímulo que enciende una zona distinta de la mente del lector, que al igual que plantea Calvino, se vuelve protagonista de su recorrido; transita de un estado de ánimo a otro, de la contemplación al dolor, al amor, a la historia, a la melancolía, etc.
Nuestra conciencia no es un bloque monolítico, sino un territorio vasto, plural y siempre en constante construcción. Como lectores, al abrir los libros, damos permiso para que estos nos reflejen y con ello, construimos el mapa de nuestra propia conciencia. Así, en la construcción de esa conciencia, traigo a ustedes un poema que puede leerse desde distintos planos, desde nuestra experiencia como lectores pero también, posiblemente, como escritores.
La autora: Alicia Flores
En su biografía señala que ejerció como médica ginecobstetra durante treinta y cinco años. Sin embargo, a los cincuenta y ocho se jubiló para dedicarse a la literatura.
Es autora de los poemarios Naufragio, Las 1001 emociones y Atributos forales; ha participado en diversas antologías. En narrativa breve destacan Los cuentos claros y el relato espeso, Suave de Sur a Norte y Alcanzar el sol (Premio Nacional de Cuento Ramón López Velarde, 2019). Ha publicado ocho novelas, cinco de ellas bajo el sello de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y otras con distintas editoriales. Es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin.
Venus Genitrix
Ignoro porque escribo estas líneas
uno escribe sin conciencia ni esperanza.
Lanzas al mar un mensaje en la botella
y navega entre plástico y peces deformes
¿Lo llevará la pleamar a tu orilla?
tal vez se deshaga en el lecho marino.
Mas no ceso de poemizar ¿sabes?
tú fecundaste mi vientre con largueza
y nacen como Venus de tu espuma.
He enviado mensajes en botellas
en mares conocidos o ignotos
sin esperar que lleguen a tus manos.
Solo ellos y yo conocemos
a caminantes estrellas coincidentes
agónicos gozos vesperales
lechos de nácar radioactivos
incandescentes explosiones submarinas
cual nautilos de velamen errabundos.
Tú estás erguido en un mar de añil
irisados rocíos bañan tus pies
el horizonte degrada colores primarios.
Mis mensajes se disuelven en la atmósfera
no los oyes, no los ves, no los sientes
pero los respiras…
P. D. - Te espero.
Análisis de Venus Genitrix
Está escrito en versos libres, sin una división en estrofas y sin un esquema de ritmo fijo. Sin embargo, la ausencia de una forma rígida produce una sensación de movimiento continuo, como el oleaje del mar que menciona el poema.
El título articula dos dimensiones de la figura de Venus que el poema hace confluir: la Venus nacida de la espuma y Venus Genitrix, la generadora. La elección de imágenes como «fecundaste mi vientre» y «nacen» adquiere una resonancia particular al conocer su trayectoria como médica ginecobstetra, aunque el poema no permite afirmar que exista una relación autobiográfica directa.
En cuanto a los campos semánticos, se observa el marino: mar, navega, peces, pleamar, lecho marino, espuma, nácar, explosiones submarinas, nautilos. Otros campos semánticos son el de la comunicación: escribo, mensaje, los respiras. Asimismo, aparece el campo semántico de la creación y la fecundidad: fecundaste, vientre, nacen, Venus. Esta última palabra introduce además la referencia mitológica que articula el título.
Otro campo que surge es el de contaminación, deformación y destrucción de la naturaleza: entre plástico y peces deformes, agónicos, lechos de nácar radioactivos, incandescentes explosiones submarinas.
Entre los recursos literarios utilizados se presenta, por ejemplo, la metáfora de la escritura como una botella lanzada al mar, la cual prácticamente organiza el poema. Del mismo modo, la imagen del nacimiento de Venus a partir de la espuma se convierte en una metáfora de la creación poética.
Además hay varias personificaciones: ellos conocen, caminantes estrellas coincidentes. Por otra parte, hay varias imágenes visuales: irisados rocíos, mar de añil, el horizonte degrada colores primarios, etc. Otras son enumeraciones que producen una sensación de acumulación imaginativa: caminantes estrellas coincidentes, agónicos gozos vesperales, lechos de nácar radioactivos.
Interpretación del poema
En los primeros versos, en los que se plantea la incertidumbre de escribir, aparece la voz poética en primera persona. No es del todo un desahogo autobiográfico sino más bien un recurso para establecer una especie de reflexión o diálogo acerca del motivo o justificación de escribir. El ejercicio de la escritura se plantea en tensión con la posibilidad de ser o no leído.
La metáfora de la botella lanzada al mar presenta ese dilema: la posibilidad del fracaso de comunicación, sobre todo porque no se trata de un mar idílico. La botella no debe cruzar un mar límpido sino uno contaminado. El mensaje poético debe atravesar un mundo deteriorado para llegar a su destinatario. Surge la duda de si llegará a ese «tú» —que no se vislumbra si será una persona amada, un lector, el propio acto creador o una divinidad—, o, por el contrario, se hunda y deshaga antes de comunicar.
Aunque el poema no lo dice, se podría establecer un parangón con las comunicaciones digitales: se publica y, en medio de la saturación informativa, se corre el riesgo de que el mensaje desaparezca sin haber cumplido su cometido.
Pese a las dificultades, el yo poético confiesa a su destinatario que no cesa de «poemizar». Con la pregunta «¿sabes», lo hace partícipe de sus reflexiones. No se trata solo de escribir. Sugiere casi una compulsión que no permite detener la creación poética. Esta es percibida como fecundación y como una mujer pare a sus hijos, nacen los poemas.
Al crear, no espera que lleguen a las manos de su destinatario. Los ha enviado por todos los sitios: conocidos o no. Al decir «solo ellos y yo conocemos», la voz poética atribuye a los mensajes una capacidad de conocimiento y los convierte en depositarios de una experiencia compartida. La mezcla de elementos y sitios cósmicos, marinos y de decadencia física representa un viaje de exploración profunda, inaccesible para los demás, sobre todo para aquellos a quienes no llegan los mensajes. Esa exploración puede ser espiritual, mental o íntima.
Hay varios contrastes y representaciones; por ejemplo, las estrellas sugieren encuentros, coincidencias o convergencias que escapan al control de la voz poética, y, las explosiones submarinas, las pasiones ocultas bajo la superficie.
La expresión «agónicos gozos vesperales» condensa otra de las tensiones del poema: el gozo aparece unido a la agonía y al final del día, de modo que belleza y acabamiento conviven en una misma imagen. De esa manera, se define una complicidad frente a la realidad inevitable, misteriosa, hermosa pero a la vez peligrosa, en constante mutación física y espiritual.
En medio de esos escenarios de incertidumbre, el interlocutor se eleva, se yergue como una revelación, en un momento de claridad donde el entorno brilla con una luz nueva y reveladora. El verso «el horizonte degrada colores primarios» puede representar el cambio progresivo en el cielo, por ejemplo el que se contempla al atardecer; sin embargo, degradar semánticamente también significa deteriorar, corromper, disminuir la calidad de algo. Entonces, el horizonte a la vez que evoca una imagen pictórica idealizada, también presenta una imagen de deterioro.
Al final del poema, la incertidumbre de si llegará o no el mensaje, aunque persiste, cambia su naturaleza. La voz poética comprende que no hay manera de que tangible y sensorialmente lo pueda recibir el otro. Sin embargo, lo puede respirar. Se ha vuelto sustancial. El poema concluye de una manera interesante. Se incluye una posdata que condensa el propósito: «Te espero». No es frecuente que un poema concluya de esta manera. La posdata transforma el poema en una carta no enviada o enviada por siempre en las botellas.
Conclusión
El poema presenta una tensión entre fuerzas generadoras y fuerzas destructivas. El mar, el mundo y la vida ya no se pueden ver desde una perspectiva idealista porque hay demasiados elementos en descomposición y destrucción. Sin embargo, en medio de ese mundo en caos, la creación poética emerge constantemente hasta convertirse en aire vital. Esto conecta con la idea del mapa de la conciencia porque contiene belleza, deseo, miedo, destrucción, memoria, esperanza, incertidumbre… Así, el propio poema es un pequeño mapa de una conciencia en tensión.

Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.
































