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El amor a las cosas

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Imagen del autor Congerdesign, alojada en PIXABAY

Por Carlos Pereira Cohen (Argentina)

El espejismo de la posesión y el arte del presente

Existe una sutil pero profunda diferencia entre habitar el mundo y pretender poseerlo. A lo largo de la vida, el ser humano dedica incontables desvelos a acumular objetos, títulos y certezas, olvidando que las cosas materiales son mudas ante los afectos: ni saben de nuestro querer, ni comprenden nuestra finitud.


La verdadera trascendencia no reside en lo que retenemos, sino en la huella invisible que dejamos en los demás. La muerte biológica es apenas el primer umbral; la verdadera y definitiva extinción ocurre en el silencio del olvido, cuando parte el último ser que guardaba nuestro recuerdo.

Por eso, el desapego no es una renuncia, sino un acto de sabiduría y libertad. Comprender la impermanencia nos reconecta con lo único sagrado de lo que verdaderamente disponemos: el instante presente.

Vivir con plenitud, amar sin pretensión de pertenencia y dejar un legado de luz en la memoria ajena es la única forma digna de andar el camino.

Comparto mi poema semanal

El amor a las cosas

Todo lo que compras
será temporal,
el día que te vas
no te lo llevarás…
lo dejarás.
Otros lo usarán.

Amor a las cosas
no es bueno tener,
las cosas no pueden,
las cosas no saben
de tu querer
ni de tu entender.

Nada es para siempre,
todo queda aquí,
uno es el que se va.
Lo que tanto costó
no lo tendrás…
otro dispondrá
.

Por eso yo digo,
si me permiten,
mejor es disfrutar
el tiempo presente,
ya que se va
y nunca vuelve más.

Al morir se deja
todas las cosas,
también los recuerdos.
No somos ni estamos,
sólo dejamos
aquello que fuimos.

Te mueres dos veces:
si no respiras,
será la primera;
al irse el último
que supo de ti,
la segunda y final.

Entonces…

Ya nada serás,
ni hablarán de ti.
Tu tumba olvidada
será ocupada
por otro ser…
que tendrá el destino

De seguir…
¡TU MISMO CAMINO!

Carlos Pereira Cohen es médico, investigador y escritor marplatense.