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El uso político de la indignación moral (Artículo)

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– La Historia Jamás Contada –

Hace 51 años, en septiembre de 1972, quienes circulábamos por el Centro -aun no era “histórico”- de la ciudad, fuimos testigos de un espectáculo hasta cierto punto extraño. Nada que ver con lo sobrenatural, pero como si lo hubiera sido, pues pululaban sobre el Zócalo -situado entre la Catedral y el Palacio Municipal- grupitos de tres niñas de Secundaria de las escuelas confesionales cercanas, que abordaban a los transeúntes para solicitarles su contribución monetaria, no para obras de caridad, como podría pensarse, sino para… ¡comprar revistas pornográficas!

 Sí, tal como lo escuchan ustedes ahora, lo escuchamos nosotros, quienes entonces nos preparábamos febrilmente para participar en las inminentes elecciones estudiantiles de la Escuela, dejándonos de una pieza, sobre todo por venir de quienes venía la singular petición, aunque no faltó un compañero que, bromeando, les peguntó por la dirección para comprar también algunas.

Verdaderamente intrigados por el motivo de tan insólita campaña, fuimos informados de que era para quemarlas públicamente en una fogata (!), lo que resultaba aun más extraño… Ante lo bizarro de la situación, nos entró la duda sobre el tipo de revistas que tenían en mente, pues que supiéramos, la pornografía no se vendía abiertamente y menos a menores. Su respuesta fue de lo más candorosa, por no decir otra cosa: se trataba nada menos que de ALARMA, CASOS DE ALARMA y ALERTA, las vulgares revistas de nota roja que tapizaban los puestos de periódicos. ¡Ah, finalmente íbamos entendiendo… aunque no dejaba de ser enigmático! (Por supuesto que no les cooperamos, faltaba más.)

Pero lo que no sabíamos nosotros ni nadie (excepto lo que estaban detrás de todo, claro), era que tan surrealista montaje obedecía a un maquiavélico plan cuyo primer paso era provocar la indignación moral de la sociedad poblana y ganar así su aquiescencia para lo que se proponían hacer, no siendo otro su objetivo final que apoderarse por la fuerza de la Universidad, lo que estuvo a punto de suceder, pues lograron, con la colaboración del Gobierno, que el Ejército sitiara el Edificio Carolino, la emblemática sede de aquélla, además del acostumbrado asedio policiaco sobre los universitarios.

Y fue el Gobernador en persona, hasta hacía poco Presidente municipal, pero diligentemente ascendido tras la renuncia -ésta sí “por motivos de salud”- de su predecesor y colega (ambos eran médicos), quien presidió desde el balcón de Palacio la monstruosa (por su composición más que el tamaño, aunque hubo bastantes acarreados) concentración en el Zócalo de las “fuerzas vivas” de los dos bandos políticamente dominantes y supuestamente antagónicos, aunque en ese momento ya no se cuidaban de guardar las apariencias, un capítulo de la historia local caracterizado, en palabras de un conocido periodista de la época, por el “extraño maridaje de la Iglesia y el Estado”.

Las cosas siguieron empeorando hasta llegar a los trágicos sucesos del Primero de mayo… el resto es Historia. (Por cierto, sí hubo quema de la tal “pornografía” (?). Sucedió en el cruce de las calles 3 Oriente y 2 Sur, entre el Zócalo, la Catedral y una conocida empresa editora que también jugó su parte, todo apenas a una calle del Carolino.)

Pero este caso, bastante notorio sin duda, fue tan sólo un ejemplo de entre una serie interminable en los que un grupúsculo cualquiera de conspiradores, sea por diversión, perversidad o algún otro oscuro o inconfesable interés, se dedican sistemáticamente a asustar a la gente común, usualmente desprevenida y, peor aún, desinformada,  para tenerla de su lado o incluso enardecerla y hacerla participar activamente en sus planes, pues quién no quisiera sentirse héroe al menos por una vez en la vida y combatir personalmente al Mal, según lo definan los respectivos instigadores. (Como sucede con Don Quijote, aunque al tratarse en este caso de la Realidad, las consecuencias son imprevisibles.)

Conviene pues ser cauto con los mensajes y consignas que indignan moralmente, ya se trate de abierta propaganda de uno u otro signo o de producciones artísticas que abordan temas particularmente sensibles en libros, películas, reportajes o contenidos de Internet y siempre preguntarse por lo que puede haber detrás de tan “nobles” -a veces no tanto- intenciones.

¿Saben ustedes de alguna exitosa producción reciente que se ajuste a esta descripción?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.