Por: Enrique Canchola Martínez
Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana
Ciudad de México, México
Prefacio: Arte como topología del pensamiento
En el universo de las formas, donde la materia se pliega sobre sí misma para revelar dimensiones ocultas, la escultura de Miguel Peraza se erige como una arquitectura del pensamiento. No es sólo arte: es una topología del alma, una cartografía fractal que se despliega en el espacio cuántico de la conciencia. En sus obras, el observador no contempla: participa. No interpreta: lo-crea.
Como dice Miguel Peraza: “El arte no se puede enseñar, la creación no se puede enseñar. Uno acerca a los discípulos o uno mismo se acerca a los sistemas, a los métodos, pero la creación en sí misma es un acto interno del espíritu”.

Escultura como sistema cuántico
La construcción topológica de sus esculturas no responde a una geometría euclidiana, sino a una lógica de la complejidad. Como en la física cuántica, donde el estado de una partícula depende de la observación, la obra de Peraza se transforma en función del ángulo, del tiempo, del estado emocional del espectador. Es un sistema abierto, un nodo en una red de significados que se entrelazan como Qubits en superposición.
Fractales cognitivos y Qualia emergentes
Cada escultura es un operador que activa estados mentales, que colapsa posibilidades en actos de conciencia. De la misma manera, como un fractal reproduce patrones secuenciales infinitos en escalas cada vez más pequeñas, la obra de Peraza permite una observación en capas y una inmersión en niveles de significado que se van retroalimentando. Desde esta perspectiva, el fractal no es sólo visual es también cognitivo. Cada observador genera su propia experiencia subjetiva de unidades mínimas que la neurociencia aún no logra explicar del todo y les llama mapas mentales o Qualia.

Los Qubits lenguaje de la escultura
En la física cuántica, los Qubits no son ceros o unos: son ambos, y ninguno, hasta que se les mide, es decir hasta que se da el colapso y hay una decisión. Son entidades en superposición, capaces de entrelazarse en estados de coherencia que desafían la lógica de la mecánica clásica. La escultura de Peraza opera de manera similar: no tiene un solo significado, sino múltiples posibles interpretaciones. Al interactuar con la obra, la conciencia del observador, colapsa, generando en una experiencia cuántica única, irrepetible, pero siempre superpuesta y entrelazada con otras muchas posibles en distintos universos psíquicos.
Peraza: cartógrafo de la mente y la conciencia
Miguel Peraza, además de escultor, es un cartógrafo de lo mental y de la conciencia. Sus obras son mapas perceptivos y algoritmos de las emociones. En ellas, el arte y la ciencia se entrelazan y superponen en forma Semejante a los Qubits donde los diferentes elementos esculturales se comunican a través del entrelazamiento cuántico, de esta manera las esculturas dialogan con el pensamiento del espectador, generando una danza de significados que van más allá del espacio – tiempo.
Reflexión sobre la expansión mental
Disfrutar de la obra de Peraza, es una oportunidad de expandir la mirada mental y de entender que la realidad no sólo se puede representar con ecuaciones de la ciencia, sino que también, se le puede observar con formas, símbolos de las experiencias estéticas. Y que el universo puede ser descrito con fórmulas, pero también con metáforas. Donde la ciencia se entrelaza con el arte y la escultura mediante la física cuántica y la conciencia encuentra los andamios de la razón de la existencia humana con la capacidad de crear significados connotativos en un universo especular que, por sí sola, no la tendría y el sentido de la vida se perdería.
Enrique Canchola Martínez Augustus 06 de 2025





























