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Amor navegante, interpretación del poema de Enrique Fernando Muñoz Vega

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Como si nada, ya pasó más de un mes desde que se realizó el encuentro poético y la entrega de la VII Antología Internacional de Poesía Sabersinfin. En la portada del libro encontramos una brújula como referencia al viaje al que nos invitan los poemas incluidos. Y justamente,el poema que traigo esta semana hace referencia a la idea de ser navegante. En tal sentido, viajamos por la vida, el tiempo y el espacio pese a la incertidumbre y a nuestra sensación de que los días y la vida nos hacen vivir de manera acelerada, como si permaneciéramos corriendo incansablemente en una rueda de hámster.

Al respecto, Hartmut Rosa, sociólogo alemán, habla de la aceleración social, como esa manera en que vivimos la vida en esta sociedad, en que la realidad o nuestra percepción de ella acelera rápidamente. Rosa menciona que se desarrolla en tres dimensiones: la tecnológica, la del cambio social y la del ritmo de vida.

Debido al funcionamiento cada vez más veloz de los dispositivos digitales no solo permite sino que de alguna manera obliga a la aceleración de nuestros intercambios sociales ya que además, rompe los antiguos espacios físicos y temporales. La temporalidad laboral, por ejemplo, ya no concluye en el espacio físico de la oficina ni a un horario determinado. Además, podemos transportarnos o estar presentes digitalmente en sitios de una manera antes inimaginada. Todos estos cambios han impactado en nuestro ritmo de vida.

Las pausas se vuelven esenciales para mantenernos a flote en la barca de la vida. Necesitamos calma, vista como serenidad y capacidad de mantener la claridad mental en medio de las viscisitudes y las prisas. La antología nos presenta un camino: «En tiempos marcados por la aceleración informativa, la saturación mediática y la fragmentación de la experiencia, la poesía conserva una cualidad singular: nos invita a detenernos.

Leer poesía con profundidad, (sic) implica escuchar el ritmo profundo de las palabras, permitir que la sensibilidad vuelva a orientarse y reconocer que la experiencia humana es más amplia que las narrativas utilitarias del presente».

En tiempos donde el ritmo de vida ya no es un placentero viaje en aguas mansas, se nos ofrece la oportunidad de detenernos. Se nos invita a recuperar la calma de una buena charla con la poesía. No con la intención de llegar al fin del viaje sino a «la actividad placentera de la mente excitada por los atractivos del viaje mismo», como sugería Louise Rosemblatt en su ensayo El lector, el texto, el poema.

Vale entonces la metáfora de navegar con calma cuando leemos un poema y, aunque esta no haya sido necesariamente la premisa del autor al escribir el poema que les presentaré hoy, sin duda el título inspira a conectar con la idea de respirar profundo, llenar la mente de calma y aprestarse a leer como quien se sube a un bote y emprende un viaje que, como se dice en la antología, nos ayuda a reconocer y recorrer la experiencia humana amplia.

De Enrique Fernando Muñoz Vega (Fernando Vegamuz)

Enrique Muñoz es chileno. Actualmente reside en la comuna de Concón, V Región de Valparaíso en ese hermoso país del sur americano. Se define a sí mismo como académico, poeta y escritor, con más de veinte publicaciones tanto en Chile como en el extranjero. Es miembro del PEN Club Chile e Internacional, así como de la Sociedad de Escritores de Chile.

Por otro lado, tiene una vasta experiencia como educador. Posee siete títulos universitarios en el área de la educación y la convivencia escolar. Es participante activo, relator y colaborador en la Universidad de Valparaíso.

Amor navegante

Recuerdo que, de improviso,
hallamos un beso sumergido entre cenizas húmedas.
Besabas y besabas incansables constelaciones,
hilillos salados, piedrecitas angelicales,
trayectos mojados infinitamente sin sentido.
En mí, resbalaba el sonido de líquidos etéreos.
Distantes o cercanos al mundo interno de seres
en la cresta de olas solitarias.

Mirabas la consciencia del océano
y con estupor veía a los albatros clavando
un corazón escarlata sobre mis hombros.
A veces, tocabas burbujas piadosas.
A veces, extendías tus pies desnudos
en el horizonte de la estupidez humana.
Con la calma de un velero,
saciábamos el ímpetu de la carne amatoria.
Con paciencia subía al abordaje de tu piel
y veía poros ingenuos deshojar el apetito del deseo.
Y me senté extasiado.
Frente a ti para ver tu imagen erótica.
Parecías una furia de voces inesperadas
mordaza de noches sin ningún alarido.

Análisis del poema Amor navegante

El poema está formado por dos estrofas de número variado de versos. Los versos son libres, sin métrica ni rima reconocibles. El ritmo se sostiene por repeticiones («besabas y besabas»), enumeraciones («hilillos, piedrecitas, trayectos), encabalgamientos («Recuerdo que, de improviso, / hallamos un beso»), acumulación de imágenes.

De hecho, al leerlo por primera vez, tuve la sensación de un vaivén, como si el oleaje trajera una tras otra las imágenes. Esto parece muy adecuado al tema marítimo que se maneja en el poema.

Por otro lado, se encuentran palabras e imágenes que constituyen el campo semántico del poema, relacionadas con el mar: líquidos, crestas de olas, océano, albatros, velero, abordaje, burbujas. Todas muy acordes con el poema y lo que me parece, una metáfora estructurante del poema donde el mar no es solo un escenario físico sino una manera de percibir la entrega amorosa. Sin embargo, las metáforas dentro del poema son casi surrealistas y nada convencionales. Requieren una lectura más integrada para que el oleaje de imágenes no distraiga del movimiento simbólico que articula el poema.

Interpretación del poema

Hay una sucesión de imágenes que obligan a ver el poema desde una mirada mucho más abarcadora que irse deteniendo en cada verso o cada metáfora para tratar de capturar su sentido.

Se percibe el amor como un viaje. Sin ser explícitamente erótico, se estaría planteando el momento de intimidad en el que la entrega se observa como un viaje de descubrimiento y recorrido entre dos cuerpos.

El poema inicia como un recuerdo. Las imágenes se acumulan una tras otra, como cuando la mente evoca un momento en el que las sensaciones se reviven y a la vez, se tratan de explicar. Sin embargo, en ese viaje que representa el recuerdo del amor, no hay puerto ni metas racionales. En los dos últimos versos de la primera estrofa, pareciera confirmar que ambos vivieron un momento juntos en el espacio y el tiempo pero no necesariamente con la misma intensidad, como seres «en la cresta de olas solitarias».

Luego, el poema ya no habla solo de un encuentro. Más que hablar de una relación, se plantea una exploración. En primer lugar, el yo poético traslada la acción a la otra persona. El océano deja de ser paisaje para convertirse en sujeto. La mirada del ser amado ya no contempla el mar, sino una conciencia. ¿Qué implica en el momento de la entrega? Si bien no lo aclara, podría pensarse en una conexión con el propio inconsciente y la observación de sus emociones más profundas, sus miedos y deseos, pues el océano funcionaría como un espejo del alma. 

Los versos « A veces, extendías tus pies desnudos / en el horizonte de la estupidez humana» rompen un poco el sentido amatorio y sensual. Devuelven el poema al ámbito humano que se ve degradado. El poema se abre más allá del espacio íntimo y natural que traía. Quizá porque ese encuentro amoroso funciona como un espacio alternativo ante el deterioro humano.

Al punto, se menciona a un velero y al abordaje del cuerpo amado. Tiene coherencia con lo que se ha planteado desde un inicio. El amante es, además, un explorador y navegante. La entrega amorosa implica un viaje marítimo, un vaivén por esa naturaleza en movimiento que es el cuerpo que se está amando.

Después, llega la calma. El yo poético se detiene y se sienta a contemplar. No al lado, sino de frente a la otra, como quien se planta frente a un espejo, para ver en ella su propio erotismo. El poema concluye de una manera paradójica: la otra es observada con extrañamiento. Es inesperada. En la excitación hay voces, mordazas, silencios. Deja de ser una mujer para constituirse en una energía contradictoria.

Conclusión

El poema apuesta por una estética de la exuberancia imaginativa. Hay abundancia de imágenes, a veces tan prolífica que puede diluir la fuerza individual de cada metáfora. No es que esté mal, porque recuerda al ir y venir de las olas en la playa. Sin embargo, para algunos lectores podría resultar abrumador.

Por otro lado, el poema parece responder a la pregunta: ¿Y si el amor fuera una navegación por un océano interior? A partir de allí, produce imágenes que pertenecen a ese mismo universo simbólico. Eso no necesariamente supone un defecto, ya que muchos poemas nacen así. Más bien, este tipo de poemas exige una lectura distinta. Invita a sumergirse en él desde la observación de la coherencia de la metáfora estructurante y del sistema imaginario creado, más que conectar por la empatía con una historia.  

Quizá por eso Amor navegante no se deja leer como un enigma que deba resolverse, sino como un movimiento que debe recorrerse. Su sentido no reside en cada imagen aislada, del mismo modo que el mar no existe en una sola ola. Leer este poema exige aceptar que comprender no siempre significa descifrar, sino aprender a permanecer en el ritmo que el lenguaje propone.

Frente a la aceleración descrita por Hartmut Rosa, Amor navegante propone otra experiencia del tiempo. No invita a avanzar más rápido hacia un significado, sino a permanecer en el movimiento mismo de la lectura. Su abundancia de imágenes exige una atención que suspende la lógica de la inmediatez y convierte la lectura en una forma de contemplación.

BrendaCarol Morales

Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.