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La eutanasia las religiones, la filosofía y la ciencia

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Imagen de autor Adrià Masi en PEXELS

Por Esmeralda Sinaí Vallejo Villagómez y Enrique Canchola Martínez
Departamento de Biología de la Reproducción
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa
Ciudad de México, México

Introducción
la eutanasia es uno de los temas más controvertidos de la bioética contemporánea porque involucra aspectos fundamentales relacionadas con la autonomía personal, la dignidad humana, la vida, la muerte, y el tratamiento médico. La eutanasia etimológicamente, proviene del griego eu (buena) y thanatos (muerte), y se refiere a la acción de poner fin a la vida de una persona que padece una enfermedad incurable o un sufrimiento considerado insoportable, con la intención de aliviar el sufrimiento.

El debate sobre la eutanasia va más allá del ámbito médico, abarca aspectos filosóficos, religiosos, jurídicos y sociales. Algunos defienden su legalidad como una expresión de la autonomía individual y del derecho a morir dignamente, otros en cambio, la consideran una violación del valor intrínseco de la vida humana. En este ensayo analizamos la eutanasia desde las perspectivas religiosas, filosófica y científica, con el propósito de examinar la complejidad ética de esta práctica y sus implicaciones para las sociedades contemporáneas.

Perspectiva religiosa:

Las diferentes religiones han sido históricamente las principales fuentes de orientación moral y ética con respecto al valor de la vida y la muerte.

Cristianismo

La vida, para la Iglesia Católica posee una dignidad intrínseca porque procede de Dios y está orientada hacia un fin trascendente. El Catecismo afirma que la eutanasia directa constituye una acción moralmente inaceptable porque implica poner fin deliberadamente a la vida de una persona.
Desde esta perspectiva: La vida humana es sagrada desde su inicio hasta su fin natural.
Ningún individuo posee autoridad moral para provocar directamente la muerte de otro.
El sufrimiento humano debe ser acompañado y aliviado, pero no eliminado mediante la supresión de la vida.
No obstante, la doctrina católica distingue entre eutanasia y rechazo del encarnizamiento terapéutico. La suspensión de tratamientos desproporcionados o inútiles puede ser moralmente aceptable cuando únicamente prolongan artificialmente la agonía del paciente.

Judaísmo

El judaísmo considera la vida como un don sagrado que debe protegerse. La mayoría de las corrientes judías rechazan la eutanasia activa, aunque aceptan en determinados casos la retirada de medios artificiales de soporte vital cuando estos únicamente prolongan el proceso de morir.
La ética judía combina el respeto por la vida con el deber de aliviar el sufrimiento humano.

Islam

En el islam, la vida pertenece a Alá y constituye un bien inviolable. La mayoría de los eruditos musulmanes consideran ilícita la eutanasia porque implica intervenir deliberadamente en una decisión que corresponde únicamente a Dios.
Sin embargo, muchas interpretaciones aceptan la limitación de tratamientos inútiles cuando el pronóstico es irreversible y la muerte resulta inminente.

Budismo e hinduismo

Las tradiciones orientales enfatizan la compasión y la reducción del sufrimiento, pero también defienden el respeto por toda forma de vida.
En el budismo, causar intencionadamente la muerte suele considerarse moralmente problemático porque interfiere en el proceso natural de la existencia. No obstante, algunos autores budistas destacan la importancia de valorar las motivaciones compasivas detrás de determinadas decisiones clínicas.
El hinduismo, vincula la vida y la muerte con el ciclo de reencarnaciones y el karma, por lo que generalmente contempla la eutanasia con cautela moral.

La eutanasia desde la perspectiva filosófica

La filosofía ha desarrollado algunos de los argumentos más influyentes sobre la legitimidad o ilegitimidad de la eutanasia.

Argumentos a favor

El principio de autonomía
La filosofía liberal sostiene que los humanos poseen el derecho de decidir sobre los aspectos fundamentales de sus vidas, incluyendo las decisiones relativas al final de la existencia.
Según este enfoque: La autonomía es un valor esencial de la dignidad humana.
Un paciente competente debe poder decidir cómo afrontar una enfermedad terminal.
Obligar a una persona a prolongar un sufrimiento insoportable puede constituir una forma de coerción moral.

Autores contemporáneos defensores del liberalismo bioético argumentan que respetar la voluntad libre e informada del paciente representa una manifestación de respeto hacia su dignidad.

El utilitarismo

Desde la perspectiva utilitarista, una acción es moralmente correcta cuando contribuye a reducir el sufrimiento y aumentar el bienestar.
En situaciones de enfermedad incurable y dolor extremo, algunos filósofos consideran que la eutanasia podría producir un mayor beneficio global que la prolongación innecesaria del sufrimiento.

Consideraciones en contra

El deontologismo, propuesto por el filósofo Immanuel Kant, sostiene que algunas acciones son moralmente incorrectas independientemente de sus consecuencias y desde esta perspectiva la eutanasia podría cumplir esta premisa. Ya que la vida posee un valor intrínseco, por consiguiente, ninguna persona debe ser utilizada como medio para resolver un problema, incluido el sufrimiento y por otra parte, matar deliberadamente a una persona constituye una transgresión a los deberes morales fundamentales.
Por otra parte, el personalismo bioético defiende que la dignidad humana no depende de la autonomía, calidad de vida, o la capacidad funcional. Según esta postura, toda persona conserva su dignidad incluso en situaciones de extrema vulnerabilidad y debe ser acompañado y cuidado en su sufrimiento. Por consiguiente, la legalización de la eutanasia puede poner en riesgo la protección de los individuos más frágiles.
Además, algunos filósofos de la bioética, mencionan que, la aceptación inicial de la eutanasia en casos excepcionales podría conducir a una ampliación progresiva de los criterios para aplicarla. Este argumento plantea interrogantes sobre los límites éticos y morales de la eutanasia y la protección de grupos vulnerables entre ellos, personas mayores, pacientes con discapacidad o individuos con trastornos psicológicos graves.

La eutanasia y la ciencia

Es importante decir que la ciencia no determina qué es moralmente correcto, pero proporciona información y reflexión esencial para comprender la salud de los pacientes, el pronóstico y el tratamiento. Afortunadamente, en los últimos años la medicina paliativa ha tenido grandes avances en la mejora de la calidad de vida de los pacientes y sus familias, mediante la prevención del sufrimiento y el alivio físico, psicológico, social y espiritual. Estos tratamientos permiten controlar el dolor asociado a enfermedades terminales y reducir la necesidad de intervenciones extremas relacionadas con el final de la vida, estas alternativas paliativas han fortalecido los argumentos de que la eutanasia no constituye la única respuesta posible al sufrimiento ante una enfermedad terminal.

Calidad de vida y sufrimiento

La medicina contemporánea reconoce que el sufrimiento humano no se limita al dolor físico. Los factores emocionales, psicológicos, sociales y existenciales también influyen importantemente en la percepción individual de la calidad de vida.

Por ello, las decisiones sobre eutanasia suelen involucrar equipos multidisciplinarios formados por médicos, psicólogos, trabajadores sociales, especialistas en cuidados paliativos y comités de ética.

La evaluación bioética de la eutanasia suele apoyarse en cuatro principios fundamentales:
Autonomía, Beneficencia, No maleficencia y Justicia.
Sin embargo, muchas veces estos principios entran en conflicto. Por ejemplo, respetar la autonomía del paciente puede ocasionar sufrimiento en los familiares o incluso ir en contra de la autonomía y principios éticos del deber médico, el cual es la preservación de la vida.

Discusión

La eutanasia representa un gran dilema y debate porque no enfrenta solamente a personas que valoran la vida contra personas que valoran la libertad, también enfrenta posiciones distintas que otorgan valores humanos fundamentales.

Todas las religiones ponderan la sacralidad de la vida y el propósito de proteger a los más vulnerables. Sin embargo, en sociedades pluralistas es difícil pedir que todos los ciudadanos compartan una misma idea sobre la vida y su trascendencia.

Por otra parte, es importante también reflexionar sobre la autonomía, ya que es innegable que las decisiones humanas están directamente influenciadas por factores familiares, económicos y psico-sociales. Además, la decisión y solicitud de eutanasia, generalmente no solo surge por el dolor físico, también obedece a sentimientos de abandono, dependencia o pérdida de significado de lo vital.

Aunado a lo anterior, es necesario considerar que, la medicina moderna plantea una paradoja ética importante, la misma tecnología que prolonga la vida también puede prolongar innecesariamente el sufrimiento, ello obliga a replantear los conceptos entre curar, cuidar y acompañar.

Desde la bioética, el dilema fundamental no es discutir sobre la libertad de una persona sobre si puede solicitar la eutanasia, sino en analizar bajo qué circunstancias una sociedad considera que una vida ha dejado de ser digna de ser vivida y cuáles son las responsabilidades colectivas para evitar que el sufrimiento conduzca a esa decisión.

Conclusión

Sin lugar a dudas, la eutanasia es uno de los dilemas más complejos de la bioética contemporánea porque confronta valores fundamentales que ninguna sociedad democrática puede ignorar: la dignidad humana, la autonomía individual, la protección de la vida y la compasión frente al sufrimiento. Las religiones proponen el respeto de la vida humana y rechazan la intervención directa para provocar la muerte.
La filosofía ofrece argumentos reflexivos contrapuestos basados en la autonomía, la dignidad y el deber moral y la ciencia aporta conocimientos sobre el sufrimiento, la enfermedad terminal y las posibilidades terapéuticas, pero no determina por sí sola la legitimidad ética de la eutanasia.

Finalmente consideramos que el principal desafío consiste en evitar posiciones simplistas, sobre eutanasia, ya que defender incondicionalmente la vida, puede ignorar experiencias extremas de sufrimiento y defender únicamente la autonomía y puede ocultar las condiciones sociales que afectan las decisiones de los pacientes.
Por todo ello la bioética contemporánea busca la libertad el respeto individual y la responsabilidad colectiva, ya que solo así puede ser posible abordar el debate sobre la eutanasia con humanismo, ética y justicia social.

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