CONOSER BIEN
“Donde está el amor, hay una trinidad: uno que ama,
uno que es amado, y uno que es el amor”
San Agustín
Por Jorge Rodríguez y Morgado
El número tres, es considerado un símbolo universal de equilibrio, creatividad y comunicación. 9 representa la perfección (tres veces tres), 6 la armonía (dos veces tres) y la trinidad (3) la manifestación. Decía el inventor, ingeniero y futurólogo serbio – Nicola Tesla: “Si conocieras la magnificencia de los números 3, 6 y 9, tendrías la llave del universo”.
El significado del 3, abarca desde la geometría (el triángulo como figura indeformable y más estable), hasta un ciclo completo: principio, desarrollo y fin, es decir, nacimiento, vida, muerte, o pasado, presente y futuro.
El uso del tres se debe a que el cerebro procesa y recuerda mucho mejor la información ordenada en tríadas. Una sola cosa es una unidad. Dos cosas son una comparación. Tres cosas forman un patrón. El cerebro humano busca constantemente patrones para entender el entorno con el menor esfuerzo cognitivo posible, por lo que es ampliamente utilizado el tres en publicidad y narrativas (Tres cochinitos, Tres mosqueteros, Ricitos de Oro y los Tres Osos).
En la Espiritualidad y Religión, la trinidad se aprecia en diversas culturas: en el hinduismo la tríada (Trimurti) personifica deidades supremas que representan los ciclos del cosmos: Krishna -creador, Vishnu -conservador o protector y Shiva -destructor. El panteón egipcio organizaba a sus dioses frecuentemente en familias o grupos de tres (padre, madre e hijo) -Osiris, Isis, Horus. Las religiones mesopotámicas solían organizar sus cielos en tríadas para gobernar el cosmos: Anu (el cielo), Enlil (la tierra/viento) y Enki/Ea (las aguas).
La Trinidad es la doctrina central del cristianismo que define a Dios como un único ser que existe en tres personas distintas: el Padre -creador, el Hijo -redentor, y el Espíritu Santo -santificador.

Aunque la palabra “Trinidad” no aparece en la Biblia, el cristianismo basa la idea en pasajes como la fórmula bautismal, en Mateo 28:19, dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, haciendo referencia a la triada divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Hacia el año 180 d. C., el teólogo Teófilo de Antioquía utilizó por primera vez la palabra griega trias para referirse a Dios, su Verbo y su Sabiduría. A principios del siglo III (alrededor del año 213 d. C.), el escritor eclesiástico Tertuliano empleó por primera vez la palabra latina Trinitas en su obra Contra Práxeas (Adversus Praxeam), y formalizó conceptos como “persona” y “sustancia” para explicar cómo las tres entidades comparten una misma divinidad.
Fue en el Concilio de Nicea (325 d. C.), convocado por el emperador Constantino, en donde se estableció de manera oficial que Jesucristo (el Hijo) es de la misma sustancia que Dios Padre. Posteriormente en el Concilio de Constantinopla (381 d. C.), se amplió el credo para definir plenamente la divinidad y el papel del Espíritu Santo al mismo nivel que el Padre y el Hijo, fijando de forma definitiva la doctrina del Dios Uno y Trino en la teología cristiana.
Pero, a lo largo de la historia del cristianismo, diversos personajes religiosos, teólogos y pensadores negaron la doctrina de la Trinidad, dando origen a corrientes conocidas como antitrinitarismo (arrianismo, unitarismo, socinianismo, entre otras), entre los personajes que negaron la trinidad tenemos al presbítero Alejandro Arrio (c. 256–336 d. C.), Sacerdote de Alejandría que sostuvo que Jesucristo no era coeterno ni consustancial con Dios Padre, sino una criatura creada por él. Su doctrina (el arrianismo) provocó una profunda crisis que llevó a convocar el Primer Concilio de Nicea en 325 d. C. para condenarla.
Así mismo, Pablo de Samosata (c. 200–275 d. C.), Obispo de Antioquía que defendió que Jesús era un mero hombre negando su preexistencia y la Trinidad. Miguel Servet (1511–1553): Médico, humanista y teólogo español. Publicó en 1531 la obra De trinitatis erroribus (Errores de la Trinidad), en la que denunció el dogma trinitario por considerarlo carente de base bíblica e incluso blasfemo.
Posteriormente, los italianos Lelio Sozzini (1525–1562) y Fausto Sozzini (1539–1604) sentaron las bases del socinianismo. Rechazaron la Trinidad, la divinidad absoluta de Cristo y la expiación vicaria, influyendo fuertemente en el desarrollo del unitarismo moderno. El célebre científico y matemático inglés Isaac Newton (1643–1727) dedicó una enorme cantidad de escritos al tema de la Trinidad, llegando a la conclusión de que este dogma era una corrupción posterior de las Escrituras y que adorar a Cristo como al Dios supremo era una forma de idolatría.
Además de figuras individuales, existen grupos religiosos organizados que rechazan el concepto de la Trinidad como: Los Testigos de Jehová, que sostienen que Jehová es el único Dios todopoderoso, que Jesús es su primogénito (un ser creado) y que el Espíritu Santo es la fuerza activa de Dios, no una persona. Las Iglesias Unitarias / Unitarismo, rechazan el dogma trinitario defendiendo un monoteísmo estricto en el que Dios es una única persona. Los Pentecostales de la Unicidad, niegan la distinción de tres personas en la Divinidad, sosteniendo que el Padre, el Hijo y el Espíritu son solo “manifestaciones” o “modos” del único Dios.
Como puede observar, amable lector, en este mundo dual entre bien y mal; verdad y mentira; blanco o negro, la incertidumbre se manifiesta hasta en las personas más aptas intelectualmente y grupos religiosos bien conformados, esto es debido a que la Trinidad es un acto de fe definida ésta como “la seguridad, confianza o creencia en una persona, deidad, doctrina o conjunto de principios, la cual no necesariamente requiere de pruebas empíricas o materiales para sostenerse”.
¿Usted qué opina?
Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com

































