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Por cuenta propia, esencia de la educación y de la poesía

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Imagen generada con IA

Por Abel Pérez Rojas

Sabersinfin

Uno de los pilares de la educación permanente consiste en comprender que nadie puede aprender, desaprender, tomar conciencia o cambiar por otro, sino que cada persona debe hacerlo por sí misma.

Nadie puede andar por otro ni nadie puede reemplazarnos en los terrenos educativos, porque el cambio y la transformación solo se gestan en el seno de cada uno.

En su obra Pedagogía de la autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa (1997), Paulo Freire argumenta que la educación supone asumir una responsabilidad ineludible, porque un tercero, llámese profesor, familiar o amigo, puede acompañar a otro, pero no sustituir su esfuerzo consciente.

Freire lo dijo de esta manera:

Sería irónico si la conciencia de mi presencia en el mundo no implicara en sí misma el reconocimiento de la imposibilidad de mi ausencia en la construcción de mi propia presencia.

Paulo Freire

Pese a que es evidente, pareciera que dejamos pasar de largo que nadie —disculpe la reiteración—, absolutamente nadie, puede suplirnos en los múltiples e incontables procesos mentales, emocionales e íntimos que cada persona vive cuando aprende y desaprende. Por ello, se trata de una serie de procesos estrictamente personales, intransferibles e impermutables.

La sabiduría popular resume esta verdad con sencillez: «Nadie aprende en cabeza ajena». La frase no niega que aprendamos de los demás. Al contrario: aprendemos en relación con otras personas, con los libros, con la vida y con las preguntas que nos provoca el mundo. Lo que afirma es que nadie puede realizar por nosotros el acto íntimo de comprender, hacer propio un conocimiento y decidir qué hacer con él.

Todo esto que he venido abordando en el terreno de la educación es claramente aplicable a la poesía: nadie puede escribir un poema por otro ni sentir por otra persona la belleza o la fuerza de un poema.

Por supuesto, este principio de intransferibilidad, impermutabilidad e insustituibilidad está presente en todas las artes, y hoy es preciso hacerlo evidente como uno de los pilares y diques frente al uso de la inteligencia artificial en todos los ámbitos de la actividad humana, en particular en el arte.

Es en esos terrenos recónditos donde se da el «diálogo entre almas», cuando un poema escrito por un ser humano toca a otro.

Lo anterior hay que tenerlo presente y hacerlo visible en todo momento, porque las versiones de inteligencia artificial siguen evolucionando aceleradamente y cada vez circulan más textos en formato lírico, generados a través de algoritmos, que los lectores aceptan como poesía.

Un interesante estudio realizado por Brian Porter y Edouard Machery, de la Universidad de Pittsburgh, y publicado en la revista Scientific Reports en noviembre de 2024, bajo el título La poesía generada por IA es indistinguible de la poesía escrita por humanos y recibe una valoración más favorable, evidenció que los participantes no expertos valoraron mejor los textos generados con ChatGPT-3.5 que los originales de William Shakespeare, Emily Dickinson, T. S. Eliot o Lord Byron.

Quienes consideramos que la poesía es una forma de resistencia frente a la deshumanización provocada por la tecnificación debemos asumir el compromiso de señalar, cuantas veces sea necesario, que, si los seres humanos son reemplazados por la IA en la poesía, estaríamos despojando de su espíritu a tan bella arte, por más que las piezas algorítmicas nos resulten agradables.

Por tratarse de actos profundamente humanos, la educación y la poesía comparten una esencia que les da razón de ser: nadie puede ser sustituido por otra persona en el acto de crear poesía ni en el proceso de educarse a sí mismo.

Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta