Por Sabersinfin
La escritora y educadora mexiquense destacó que el llamado deporte ciencia fortalece capacidades cognitivas y emocionales que resultan especialmente valiosas durante la infancia y la juventud.
Toluca, Estado de México a 19 de julio de 2026. En el marco del Día Mundial del Ajedrez, que se conmemora cada 20 de julio, la escritora y educadora mexiquense María Dolores Pliego Domínguez reflexionó sobre la importancia de promover la práctica de esta disciplina como una herramienta para el aprendizaje y la formación integral de las personas.
La autora de poemarios, ensayos y diversos textos de carácter educativo señaló que el ajedrez va mucho más allá de ser un juego de mesa, pues requiere concentración, planeación y estrategia. Su práctica frecuente favorece el desarrollo del pensamiento lógico, la capacidad para anticipar escenarios y la toma de decisiones bajo presión.
Pliego Domínguez explicó que cada movimiento obliga al jugador a analizar distintas posibilidades, reconocer las consecuencias de sus elecciones y modificar sus planes cuando las circunstancias cambian. De esta manera, el tablero se convierte en un espacio de aprendizaje donde la reflexión debe anteceder a la acción.
“En el ajedrez no basta con mover una pieza; es necesario comprender cómo ese movimiento transforma el conjunto de la partida. Esa forma de pensar puede trasladarse a la vida cotidiana, porque nos enseña a observar, valorar alternativas y asumir las consecuencias de nuestras decisiones”, expresó.
La también colaboradora de Sabersinfin subrayó que el llamado deporte ciencia debe acercarse principalmente a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, ya que puede proporcionarles recursos intelectuales y emocionales que les serán útiles a lo largo de la vida.
Entre sus aportaciones, destacó el fortalecimiento de la memoria, la atención sostenida, la creatividad y la resolución de problemas. A ello se suma la capacidad de esperar el momento adecuado para actuar, una cualidad especialmente significativa en una época caracterizada por la inmediatez y la búsqueda de resultados rápidos.
La educadora originaria de Toluca hizo énfasis en que el ajedrez también ayuda a gestionar las emociones. Durante una partida, cada participante debe aprender a enfrentar errores, movimientos inesperados y situaciones adversas sin abandonar el propósito de encontrar una solución.
En este sentido, la disciplina contribuye a desarrollar tolerancia a la frustración y resiliencia, debido a que enseña a asumir tanto las victorias como las derrotas. Perder una partida no representa necesariamente un fracaso, apuntó, sino una oportunidad para revisar las decisiones tomadas, identificar áreas de mejora y prepararse para un nuevo desafío.
“Quien aprende a perder sin rendirse y a ganar sin menospreciar al adversario adquiere una enseñanza profundamente humana. El ajedrez forma el pensamiento, pero también puede formar el carácter”, sostuvo la escritora.
María Dolores Pliego consideró necesario que escuelas, bibliotecas, centros culturales y espacios comunitarios impulsen clubes, talleres y encuentros ajedrecísticos accesibles. A diferencia de otras disciplinas, el ajedrez requiere pocos recursos materiales y permite la convivencia entre personas de distintas edades, condiciones sociales y niveles de experiencia.

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó en 2019 el Día Mundial del Ajedrez para conmemorar la fundación, ocurrida el 20 de julio de 1924 en París, de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). La conmemoración reconoce, además, la contribución de esta práctica a la educación, la cooperación, la inclusión social, la solidaridad y la construcción de la paz.
Pliego Domínguez, licenciada en Letras Latinoamericanas y maestra en Educación y Docencia por la Universidad Autónoma del Estado de México, es autora de los poemarios De Lesbia a Catulo y La escoba de Goliat. Además de colaborar regularmente en Sabersinfin, participa en Filigramma, revista del Círculo de Escritores Sabersinfin.
Finalmente, la escritora invitó a recuperar el valor educativo y social del ajedrez, pues cada partida representa un ejercicio de paciencia, imaginación y respeto por el otro. Frente al tablero, concluyó, las personas aprenden que ninguna decisión está aislada y que siempre es posible replantear la estrategia para continuar avanzando.































