Por: BrendaCarol Morales
El análisis del poema A mis amados nietos, de Salvador Calva Morales, permite reflexionar sobre la interpretación literaria, la abuelidad y el amor familiar.
Interpretación literaria: de Charles Sanders Peirce a Roland Barthes
Con relación a la interpretación, tal como les comentaba la semana pasada, ya desde la época de Charles Sanders Peirce se empezó a hablar de distintos interpretantes. Antes, se suponía, sobre todo con textos literarios, que su significado estaba determinado por las intenciones del autor. Al respecto, Roland Barthes escribió su célebre frase: «El nacimiento del lector se paga con la muerte del autor». Con ello, Barthes hace ver que el significado es un constructo que no únicamente se origina de lo que el autor determina, sino que cada uno de los lectores puede darle una interpretación.
De esa manera, cada lector es creador de significado y el texto nunca está completamente cerrado. Esto coincide con la idea de semiosis ilimitada planteada por Peirce. Sin embargo, también es claro que, aunque el texto no está completamente cerrado, esto no implica que esté totalmente abierto y que cualquier interpretación sea válida.
Barthes señalaba que cada interpretación surge de la interacción entre el lector y el texto, en diálogo con los códigos culturales y literarios disponibles en un momento histórico dado. Así, no se trata de interpretar antojadizamente o como si se tratara de una mera adivinación. Pero, definitivamente, cada lector desde su propia experiencia y conocimientos, tendrá en cuenta ciertos elementos al momento de interpretar, que podrían o no contribuir a nuevas interpretaciones.
En ese sentido, ofrezco mi comentario de los textos poéticos, con la idea de que enriquezca su propia interpretación. El día de hoy, quiero compartirles el poema A mis amados nietos, del doctor Salvador Calva Morales, que aparece en la VI Antología Internacional de Poesía Sabersinfin.
El doctor Calva Morales es un prolífico escritor que ha publicado cuarenta y cinco libros tanto de poesía como de ensayos educativos. Es doble magíster y doctor en Administración de Negocios, con un posdoctorado en Ciencias de la Educación. Ha sido distinguido con múltiples doctorados honoris causa tanto en México como en el extranjero, incluyendo uno otorgado en Londres por The England and Wales University. Actualmente, se desempeña como presidente y rector del Sistema Universidad Mesoamericana de México.
A mis amados nietos (análisis)
Salvador Calva Morales
Hoy quiero escribirles,
a ustedes, amados nietos,
versos que brotan del fondo del ser.
Nunca antes hice un poema
a ustedes,
pero hoy mi corazón quiere entender.
Son hijos de mis hijos, sangre extendida,
pedacitos de amor sin deber
ni mandato.
Los miro jugar y mi alma se llena
de un gozo distinto,
puro y sagrado.
Me hacen reír con simples palabras,
más de lo que mis hijos pudieron lograr.
Quizás es la vida,
quizás la nostalgia,
que en sus voces dulzura me da.
Dicen que el amor más grande
en la vida
es el que a los hijos solemos brindar,
pero el que ustedes me hacen sentir
tiene otro sabor... ¿por qué será?
Se siente distinto, se goza más libre,
no hay prisa ni normas que deba marcar,
solo abrazos largos,
miradas sinceras
y un corazón pleno de amor
sin final.
Por eso, mis nietos, tesoros del alma,
les dejo en estos versos mi eterno querer.
Ser abuelo es un regalo divino,
y amarlos así... no se puede entender.
El poema está escrito en versos libres. Tiene estrofas de 4, 5 y 6 versos. El lenguaje utilizado es asequible. No busca complejidad formal sino verdad afectiva. El uso de los versos libres y el lenguaje sencillo y afable permiten que se perciba naturalidad y le confieren un tono casi conversacional. Así, estamos ante un poema de corte intimista y familiar cargado de emoción que produce una sensación de cercanía con el lector.
El poema tiene una organización progresiva. En la primera estrofa, plantea su intención de escribir; es decir, se trata de un acto poético consciente. En estos primeros versos, señala la autenticidad y la profundidad desde la cual se siente impelido a escribir. Además, plantea una duda que busca comprender. Al hablar del corazón, se entiende que esa duda surge de sus sentimientos.
En la segunda estrofa, se describe el vínculo afectivo. Utiliza una hermosa metáfora: «sangre extendida» para hacer ver que hay continuidad familiar. También habla de «pedacitos de amor», que puede entenderse como fragmentación del afecto, no en el sentido de división, sino como un vínculo afectivo familiar que es un todo, dividido para extenderse a otros, los nietos, pero también puede referirse a una expresión de ternura hacia ellos, que son vistos como chiquillos, sin que necesariamente sean niños todavía. El amor que está describiendo es libre, sin obligaciones por lo que asevera que su gozo es distinto, auténtico. Se nota que, a la vez que describe el vínculo, lo hace desde la comparación con otros cariños que experimenta.
En la tercera estrofa sigue describiendo qué experimenta debido a ese sentimiento. Se asombra, por así decirlo, de la capacidad de gozo que ellos le pueden provocar, con palabras y situaciones simples, sin rebuscamiento. Se da cuenta que esa dicha ingenua no la pudo experimentar con sus hijos. No es este un reproche. Estos versos introducen una comparación delicada pero significativa. Mientras que ellos generan una risa espontánea y sencilla, los hijos se muestran implícitamente unidos a otra etapa, al parecer más compleja. No se trata de una comparación de intensidades amorosas, sino de formas distintas de experiencia afectiva. La tensión emocional se produce porque antes había responsabilidad, disciplina, formación, cansancio. En tanto que, con los nietos, el afecto puede solazarse libremente, sin la presión de formar, dirigir, etc.
En la siguiente estrofa sigue la comparación del sentimiento afectivo a los hijos y a sus descendientes. Sabe que el amor filial es grande, pero encuentra que el que siente por los nietos es de alguna manera diferente. No los compara por su tamaño, sino por las emociones y gustos diferentes que le provocan. Con la pregunta, «¿por qué será?» se plantea una pausa reflexiva muy humana: no se explica, pero contempla las diferencias que dos apegos tan grandes le provocan.
La abuelidad como forma de amor
En la quinta estrofa, se manifiesta sin ambages, qué es la abuelidad. No se trata solo de ser abuelo o abuela, sino que es una etapa vital que plantea una forma distinta de amar porque hay menor carga normativa, mayor disponibilidad emocional y se logra una relación más lúdica y contemplativa. El abuelo ya no es el que forma directamente sino quien acompaña, celebra, se da el tiempo de abrazos largos, de miradas sinceras. Se disipan las prisas, la ansiedad por «hacerlo bien», el sentido del deber que acompaña a la paternidad, para dar espacio a la libertad afectiva.
En la última estrofa, la abuelidad se presenta como un sentimiento profundo hacia los nietos a quienes equipara con un tesoro, es decir, un bien inestimable. Valora ser abuelo como un regalo. ¿Por qué? Seguramente porque esta relación permite vivir lo que no se pudo antes porque cuando se es padre hay otras improntas: la educación, la disciplina a veces a costa de la ternura, las prisas y la presión por cumplir con obligaciones tanto materiales como afectivas, etc. El ser abuelo se vuelve una dádiva que permite corregir, suavizar o resignificar las experiencias vividas antes. De alguna manera, se ama a los hijos amando a los nietos, con ternura, sin exigencias y con espacio para la contemplación.
El poema nos habla desde la vivencia del autor. El yo poético mira hacia atrás, a los hijos, y hacia adelante, a los nietos. Se da cuenta que ser abuelo no es una repetición de la paternidad, sino una relectura de la experiencia de amar, que se le revela como una dádiva del cielo. Es lo que le permite revitalizar su capacidad de asombro ante ese sentimiento que brota generoso hacia esas extensiones de su ser.

BrendaCarol Morales
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.




























