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Esto no es un poema: análisis del poema de Saray Hernández Bautista, sobre el arrepentimiento amoroso

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mujer, escrito con tachas, lapicero

Por: BrendaCarol Morales

¡Se acerca el VIII Encuentro Internacional de Poesía Sabersinfin, del 20 al 22 de mayo!, nuevamente se darán cita escritores de México, Guatemala, Argentina, entre otros, para compartir poesía y hablar sobre poesía. En esos días también se presentará la VII Antología de poesía en la que participamos muchísimos autores de toda América Latina. Así que es un momento oportuno para analizar qué es la poesía tal como la estamos viviendo y construyendo en la actualidad y de qué manera se ha roto con la tradición lírica.

Ruptura de la tradición lírica

Tradicionalmente se ha considerado que los poemas deben expresarse desde una intención artística que aspiraba a la belleza. Además debían seguir reglas que estructuraran su forma y alcanzar cierta musicalidad a través del ritmo que imponía la métrica. A ello se sumaba un vocabulario refinado que transformara el mensaje en algo estéticamente exquisito.

En el siglo XX, con las vanguardias se rompió con lo establecido, por lo que a partir de entonces, la métrica, el vocabulario y las formas se cambiaron. Sin embargo, la intención seguía siendo estética y se esperaba del autor la capacidad de trastocar el código para expresar un mensaje profundo, que no siempre era comprendido del todo por el lector. De allí el temor de algunos a saber si están o no interpretando correctamente.

En el siglo XXI, los poetas buscan decir algo significativo aunque parezca simple. Se sigue la forma libre adquirida del siglo XX. Sin embargo, el énfasis ya no está ni en la experimentación por sí misma, ni en el juego de palabras o la creación de símbolos que encierren un mensaje casi oscuro. No quiere decir que se eliminan, pero en mucha de la poesía de este siglo, el énfasis se centra en crear un vínculo con el lector, en un ambiente casi confesional, con una estética de sencillez que desacraliza a la poesía y la acerca más a sus experiencias emocionales. Los asuntos de la vida cotidiana, las experiencias humanas se transforman en formas significativas de lenguaje.

La negación como estrategia poética

En sintonía con estas características, traigo a este espacio el poema Esto no es un poema, que aparece en la VI Antología Internacional de Poesía Sabersinfin, de la escritora Saray Hernández Bautista. Ella nació en Puebla y cursó la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha participado en la V y VI antologías de Sabersinfin y, en la actualidad, trabaja como docente de Español, Lenguaje y Literatura en el Instituto Cultural de Oriente.

Esto no es un poema: arrepentimiento amoroso

Por: Saray Hernández Bautista

Si el mundo fuera ideal,
no tendría que escribirte
estas ridículas líneas,
no tendrías que leer
este mísero poema.
Si el mundo fuera ideal,
aún hoy podría amarte.
Despertar en tus camisas,
arrullarme entre tus brazos
y vivir en tu mirada
no serían un recuerdo.

Pero este mundo es como es:
con personas ocupadas
que callan sus sentimientos,
como hice y ya no haré.
Por eso tengo que escribir
lo que no pude decir,
lo que mis pobres palabras
no podían explicar.
Y no, esto no es un poema,
porque la poesía habla
de amor fino e insoportable,
que duele querer ternura,
del esfuerzo por olvidar.
Habla de miedo, de dudas,
de morirse de tristeza,
habla de todo y de nada.

No puedo escribirte un poema
porque no sé cómo hacerlo,
porque mi tiempo pasó,
por cobarde no lo dije
y no hay nada por decir.
Vengo a decir que lo siento,
no vengo a hablarte de amor,
ni de miedo ni de dudas,
de que muero de tristeza.
Vengo a pedirte perdón
por herirte, por callarme,
por mentirte y no aclararme,
por no buscarte y esconderme,
por no tomarte de la mano
e impedirte navegarme,
por hacer estupideces
y luego culparte de ellas.
Perdóname también
porque esto no es un poema,
es el grito de locura
y de amor desesperado
de quien no supo decirte
un «te amo» en su momento.

Análisis del poema

El poema, desde el título, construye su fuerza desde la contradicción. Enuncia que no es un poema y sin embargo, usa recursos poéticos. En su forma, de acuerdo con la estructura heredada del siglo XX, los versos son libres, sin métrica ni rima, además, no hay estrofas de un mismo número de versos. Es decir, se prioriza la expresión directa sobre la musicalidad. El título en este caso no es solo un nombre, sino que representa un movimiento discursivo de negación.

En la primera estrofa, siempre con el sentido de negación, plantea otro movimiento discursivo: el mundo ideal versus el mundo real. Cuando se refiere al poema como «mísero», pareciera no tanto dudar de que está escribiendo un poema. Más bien duda de la calidad del mismo para expresar una emoción que sobrepasa. Las palabras no parecen ser suficientes. El mundo ideal se representa en lo que debió ser. Esto es, una relación en la que todavía se comparte un espacio tierno y de intimidad y contacto con el ser amado. El mundo real, en cambio, es uno en el que se experimenta vergüenza o temor de expresar lo que se siente. Existe el riesgo de que la otra persona se ría o juzgue negativamente lo dicho. La cercanía de la relación aún se percibe. La anáfora «Si el mundo fuera ideal», refuerza la sensación de pesar y da ritmo emocional.

Este desahogo es interrumpido en la siguiente estrofa, por lo menos en apariencia. En este espacio se da otro movimiento discursivo: la confesión y justificación. Con un pragmatismo que parece cortar toda debilidad idealista, inicia con un rotundo: «este mundo es como es». Sin embargo, esta aseveración solo da paso a explicar el porqué de los silencios cuando era necesario hablar y por qué ahora se recurre a la escritura. Se conecta con la idea de que la poesía permite confesarse y que esa experiencia humana puede construirse en una forma significativa de lenguaje.

Se mantiene la sensación de pesar y de impotencia y la antítesis entre lo que es y lo que debería ser, entre considerar ridículo lo que se expresa a tener compasión y casi ternura de las palabras, a las que se considera incapaces de contener las emociones que se sienten.

Hay enseguida una metarreflexión poética acerca de qué no es poesía desde una perspectiva tradicional. Se alude a un léxico refinado y simbólico, a veces distante, en el que no caben palabras de uso cotidiano como «ridículas líneas», o «estupideces». También al uso frecuente de figuras retóricas —como metáforas elaboradas o hipérbaton— para plantear temas como el amor, tratado de forma delicada y presentado como algo sublime, doloroso pero bello y, muchas veces, idealizado.

Desde esta comparación, los siguientes versos justifican que en la siguiente estrofa la voz poética reafirme que no escribe un poema. Esos poemas con los que compara su escritura y que cantaban al amor no dan cuenta de la impotencia de no comunicar en el momento oportuno. La duda es: ¿puede existir un poema del arrepentimiento, del dolor por no haber dicho «te amo» a tiempo? La palabra —de la que se alimenta la poesía— es tardía y no ayuda a volver atrás. Cuando era necesaria no se dio; en su lugar estuvo el silencio. A partir de esta falla expuesta, se plantea el siguiente movimiento discursivo: la culpa y la solicitud de perdón.

La lista de errores funciona como una autoacusación ética y emocional. Hay arrepentimiento, desesperación contenida y mucha tristeza, pero se asume la responsabilidad por las falsas acusaciones, por el dolor provocado y por la separación. En un tono confesional e íntimo, casi como escribiendo una carta, esta parte es una catarsis honesta.

Como decía en un inicio, el poema construye su fuerza desde la contradicción. Primero señala que no es un poema pero utiliza recursos poéticos. Rechaza la poesía aunque la define. Insiste en que no hay nada por decir, pero escribe todo lo que no dijo antes: un amor profundo que todavía está vivo y produce extrañamiento y hasta una sensación de locura. Todo ello contribuye a conectar emocionalmente con la idea de un alma paradójica e incongruente consigo misma y con sus sentimientos. Es una voz que no encontró cómo expresarse en el momento adecuado.  

La apariencia sencilla y cotidiana del poema conecta con el lector y lo lleva a experimentar el arrepentimiento amoroso desde una verdad incómoda: en una relación no siempre se fracasa por falta de sentimiento, sino por falta de palabra.

Cuando el abismo entre lo sentido y lo dicho es profundo, el silencio puede convertirse en una forma de castigo y dejar huellas imborrables.

BrendaCarol Morales

Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.