Por: Blanca Avendaño
En la noche de los suspiros,
la parca se detuvo a contemplar
al caballero Dr. Calva,
un dandy singular.
Él, amante de los toros,
del buen vino y del amor sin final,
de la poesía erótica
y de los felinos que rondan en su portal.
Con porte impecable,
traje bien cortado y sonrisa encantadora,
siempre elige los mejores lugares,
las mejores mesas
y las mujeres que dejan huella seductora.
La muerte le dijo en secreto:
—Aquí hay un torero de la vida,
un galán que ha domado la existencia
a su manera atrevida—.
La vanidad es su aliada y su eterno juego;
el Dr. Calva disfruta de cada viaje,
de cada encuentro, de cada fuego.
Y entre todas esas damas
que han iluminado su andar,
hay una presencia especial,
una musa sin nombre
que le brinda un cariño singular.
El dandy de los felinos,
los toros y la buena vida,
con su elegancia eterna
y su gusto exquisito por la mejor comida,
sigue su camino sabiendo
que hay una admiradora que lo quiere y lo respeta,
una amiga entre líneas
que su aprecio le interpreta.
Y así, la calavera le deja este poema bien guardado
al Dr. Calva, el caballero refinado,
que entre versos y pasiones,
entre mujeres y toros bravos,
sigue siendo ese dandy
que conquista hasta en el camposanto.





























