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Clamor en la madrugada

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¡Qué despertar, Dios mío, qué amarga madrugada!
Mis ojos se abren y el alma se me desgarra.
¿Es posible, Señor, que permitas tal herida?
El hijo de mi amiga, de apenas cinco primaveras,
hoy lleva en su pierna el castigo de balas ajenas.
Ocho fragmentos gritan dolor en su carne pequeña.

¿Por qué, Señor, por qué permites que se cieguen?
¿Que tus hijos no entiendan que matarse es perderse?
No se llevan nada, ni poder ni tierra ganada,
solo dejan madres rotas, vidas que no se reparan
por un rincón más para la droga con monedas manchadas.
Se apagan risas de niños y se llena la tierra de lágrimas.

Hoy le tocó a ese niño,
inocente y sin culpa,
mientras su madre,
de albañil, pega losetas con manos gastadas.
Hoy implora con la voz quebrada
que no quede inútil su pierna,
que por unos pesos alguien intente salvar lo que queda.
¡Qué injusticia, Señor! ¿Dónde está tu clemencia?

Hoy te clamo en nombre de ella,
en nombre de todos los que sufren la espera.
Dime, Dios, ¿acaso tus cielos no escuchan los gritos?
¿No ves la sangre que tiñe los pasos de los inocentes?
¿Hasta cuándo malditas armas silenciarán corazones?
¿Hasta cuándo el odio será dueño de las calles?

Hoy no pido riquezas,
ni gloria ni placeres,
solo pido paz para esos niños que juegan entre la muerte.
Si la fe es la única que me sostiene en este clamor,
haz que mi llanto
no sea eco perdido en el vacío.
Que los huesos de ese pequeño encuentren
sanación,
que su madre no sufra
eterna condena del olvido.

¡Oh Dios! Si tus manos tocan la tierra que sangra,
que brote de ella amor,
no balas; vida, no lágrimas.
Y si hoy despierto con la amargura entre las venas,
mañana, Señor, permíteme abrir los ojos a la esperanza.
Que no sea otro niño el que pague esta guerra insana,
que las armas callen y la compasión nunca se retrase.

Te lo ruego, Dios mío, desde esta carne que se quebranta,
no nos dejes solos… no abandones a los que lloran y claman.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta