Por Salvador Calva Morales
Dormí bajo el párpado tibio de los anhelos
y el mundo me pareció un jardín sin grietas,
una música suave donde el gozo no pedía razones.
Al abrir los ojos, la aurora me habló distinto:
la existencia no era un regalo intacto,
sino manos tendidas, peso compartido, vocación silenciosa.
Entonces ofrecí mi paso, mi voz y mi cansancio,
y en ese gesto humilde, casi invisible,
hallé la dicha verdadera, la que florece cuando se entrega.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























