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Doctorado Honoris Causa al Dr. Enrique Canchola Martínez

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El reconocimiento recibido por mi persona el pasado 10 de abril, es un testimonio de una carrera que ha logrado armonizar el rigor del laboratorio con la sensibilidad del pensamiento humanista.

El Doctorado Honoris Causa es el máximo reconocimiento que una institución educativa otorga a personas que han marcado una huella significativa en la sociedad a través de su excelencia y dedicación. En el caso de la Universidad Mesoamericana, este nombramiento fue fundamentado en varios pilares clave de la trayectoria profesional y humana del Dr. Enrique Canchola Martínez:

  1. Excelencia en la Investigación Científica
    El reconocimiento se sustenta en una vida dedicada a la generación de conocimiento. Contar con una producción científica vasta —superando el centenar de publicaciones Científicas con más 500 referencias por otros investigadores 4 libros de especialidad médica , más de 500 ensayos y artículos de difusión, más de 600 conferencias y más 1000 cursos impartidos a nivel licenciatura y el posgrado , además de haber ganado los premios a la Investigación en la UAM y el Premio Internacional Syntex — y haber contribuido al entendimiento de áreas complejas como la neuroendocrinología y la neurofisiología, proponiendo modelos de los mecanismos de acción membranal de las hormonas esteroides en el cerebro, lo cual demuestra un compromiso inquebrantable con el avance de la ciencia.
  2. Liderazgo Académico y Gremial
    Haber dirigido instituciones o sociedades científicas de prestigio (como la Sociedad Mexicana de Anatomía, Academia de Investigación en Biología de la Reproducción) refleja una capacidad de liderazgo que trasciende el aula. Este reconocimiento valida no solo el conocimiento técnico, sino la autoridad moral y profesional construida ante la comunidad académica nacional e internacional.
  3. Humanismo y Transdisciplina
    La Universidad Mesoamericana valora profundamente la integración de saberes. La capacidad de tender puentes entre la ciencia y el arte, explorando cómo la neurobiología se entrelaza con la literatura, la poesía y la estética, define un perfil humanista que la universidad busca proponer como modelo para sus estudiantes.
  4. Innovación Pedagógica
    La implementación y promoción de nuevos modelos educativos, como las aulas autogestivas, demuestra un interés genuino por transformar la educación superior, pasando de un modelo tradicional a uno donde el estudiante es el protagonista de su propio aprendizaje.
  5. Impacto Social y Ético
    Finalmente, el Doctorado Honoris Causa se otorga a quienes utilizan su intelecto para el bienestar común. Ya sea a través de la formación de nuevas generaciones de médicos o mediante la divulgación científica, este grado reconoce la integridad ética y el servicio a la cultura y la salud.
    El otorgamiento del doctorado Honoris Causa al doctor Enrique Canchola Martínez es un reconocimiento a una trayectoria que fusiona la medicina de alta especialidad con la investigación académica y la sensibilidad humanística.

A continuación, se detallan los pilares fundamentales que sustentan esta distinción:

  1. Excelencia en Neuroendocrinología y Neurobiología
    El Dr. Canchola ha dedicado décadas al estudio de la interacción entre las hormonas y el sistema nervioso. Su investigación se ha centrado en temas críticos como:

1.-Mecanismos neuroquímicos: El papel de neurotransmisores como el GABA y las catecolaminas en la regulación cerebral.
Percepción y el Giro Fusiforme: Sus estudios sobre cómo el cerebro reconoce rostros y palabras (el “hechicero cerebral”) son referentes en la neurobiología de la percepción.

Farmacología Oncológica: La exploración del potencial de sustancias como el baclofeno y algunos transmisores como el GABA en el tratamiento coadyuvante del cáncer.
Mecanismos de acción membranal de las hormonas esteroides en el cerebro
Fisiología del sueño y su importancia en la salud
Psicofisiología, el arte y la Inteligencia Artificial

  1. Contribución a la Educación Superior
    Su labor como profesor e investigador en instituciones de prestigio mundial como la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por más de 48 años, ha sido fundamental. Se le reconoce por:

El desarrollo de modelos pedagógicos innovadores, como las “aulas autogestivas” y “autogenerativas”, que buscan empoderar al estudiante y fomentar la autonomía intelectual.
Su longevidad académica, acumulando cerca de 48 años de servicio ininterrumpido a la educación pública en México.

  1. El Vínculo entre Ciencia, Arte y Literatura
    Uno de los rasgos más distintivos de su carrera es la capacidad de analizar la cultura desde la fisiología. Ha realizado puentes intelectuales entre:

La literatura de Jorge Luis Borges: Analizando los laberintos mentales y la memoria desde una perspectiva neurocientífica.
La escultura de Miguel Peraza: Estudiando la relación entre el arte tridimensional y la percepción espacial humana.
Poesía y neurociencias

  1. Humanismo y Ética Médica
    Más allá del laboratorio, el doctor Canchola ha mantenido un compromiso constante con la bioética y la divulgación científica y la atención médica, buscando siempre que el conocimiento médico no pierda su esencia humana. Esta visión integral lo convierte en un referente para las nuevas generaciones de médicos y científicos.

Este doctorado Honoris Causa es, en esencia, una celebración a una vida dedicada a descifrar los misterios del cerebro humano y a compartir ese conocimiento con rigor científico y pasión literaria.

DISCURSO RECEPCION DOCTORADO HONORIS CAUSA
10 de abril de 2026
Honorable Rector, distinguidos miembros del Claustro Universitario, autoridades académicas, colegas, amigos y familia. querida Violeta y mis hijos:
Con su amable permiso, comienzo estas palabras con una emoción que no es ajena a la fisiología, pero que la trasciende, es parte de la Trama de la Vida con sus Ritmos Neuronales y el Laberinto del Conocimiento.

Recibo esta distinción, no como un punto de llegada, sino como el inicio de un futuro. Me invade una profunda gratitud hacia la Universidad Mesoamericana, una institución que ha sabido amalgamar el respeto por nuestras raíces históricas con la vanguardia del pensamiento contemporáneo, la ciencia y la filosofía. Estar hoy en Puebla, ciudad de ángeles y del intelecto, refuerza mi compromiso con los valores que esta casa de estudios defiende: la búsqueda incansable de la verdad y el servicio social.

Estoy convencido que el grado de Doctor Honoris Causa lleva consigo una carga que trasciende la toga y el birrete. La academia debe ser el faro que guíe las decisiones éticas en este mundo saturado de información, pero sediento de sabiduría y bondad. Este reconocimiento no es solo mío; pertenece a cada mentor que me enseñó a dudar, a cada colaborador que compartió mis desvelos y a cada obstáculo que me obligó a replantear el camino.

“La ciencia y la cultura son las únicas herramientas capaces de derribar los muros de la ignorancia.”

Haber Nacido en La Moncada Guanajuato, me enseñó que la identidad es un territorio que se lleva en la sangre; recorrer las aulas de las escuelas de Primaria y Secundaria en mi pueblo y de la UNAM y la UAM, primero como alumno y luego como Profesor por 48 años me ha enseñado que la ciencia y la filosofía son en realidad, una forma de vida
Hoy, al recibir este Doctorado Honoris Causa de la Universidad Mesoamericana, no siento que se premie a un hombre, sino a una búsqueda: la búsqueda de ese orden oculto que late en el interior de mis células cardiacas y nerviosas donde se estructuran mis sueños, mis pensamientos y mis alegrías.

En mi labor como neurocientífico y neuroendocrinólogo, he comprendido que el cerebro humano es el laberinto más perfecto y fascinante del universo, pero, no es solo un lugar de extravío, sino un lugar de encuentro, es el trono de Dios y los Dones del Espíritu Santo, es donde el Yo se identifica y se diferencia del otro y es el vínculo que conecta al hombre con la tierra y el cielo.

Cuando estudio la neurobiología de la percepción o el papel del giro fusiforme, donde se encuentra el “hechicero cerebral’ que nos permite reconocer un rostro entre la multitud y nos permite dar significado a las palabras, me doy cuenta de que estamos diseñados para buscar sentido a la vida. También me doy cuenta que la ciencia es el camino para encontrar el sendero y que la filosofía, la literatura, particularmente la poesía y el arte nos dan el propósito para seguir caminando en los laberintos mentales de la vida.

A través de mis experimentos de neurociencia he aprendido que la vida humana exige más que mera supervivencia; exige armonía, ese equilibrio dinámico llamado homeostasis que nos mantiene vivos y nos da salud o enfermedad cuando se altera. He aprendido también, como investigador, que no debemos olvidar que detrás de cada neurotransmisor, de cada pulso de GABA o de cada ruta de la tirosina, hay un ser humano intentando comprender su propia existencia con sus problemáticas físicas y mentales. Mi trabajo sobre los efectos oncolíticos del GABA o la neurofisiología de la conciencia y de la irrealidad han sido siempre un intento de reconciliar la rigurosidad de la molécula con la libertad del espíritu.

Esta distinción la recibo también como un compromiso con la educación y la docencia. Creo firmemente en el aprendizaje permanente, el aula autogestiva y autogenerativa. Considero que, la verdadera pedagogía no es la que se impone, sino la que permite que el estudiante encuentre su camino en su propio ritmo.
Mi labor como docente es formar profesionales que sean, a la vez, científicos rigurosos y ciudadanos éticos, capaces de maravillarse tanto ante una ecuación como ante una escultura de Miguel Peraza, o una poesía de Salvador Calva Morales o de Abel Pérez Rojas.

Recibir hoy esta distinción de la Universidad Mesoamericana, con el Doctorado Honoris Causa, honra a mis padres, a mi esposa e hijos, a mis maestros, alumnos y amigos.
Agradezco a mi familia. Especialmente a Violeta, mi esposa, que ha sido el ancla y el compás en mi navegación en la ciencia, la medicina y la filosofía; a mis hijos, quienes me han recordado constantemente que el conocimiento solo tiene valor si se hereda con amor.
Agradezco a mis colegas y amigos Salvador Calva Morales, Abel Pérez Rojas, Luis Benavides, Jorge Rodríguez, Raymond Harvey “Cayuqui” y Miguel Peraza, Alejandro Pedroza, Elsa Chavira y a todos ustedes que han sido mis compañeros de viaje en esta travesía intelectual en busca de los secretos de la vida.

Agradezco nuevamente a la Universidad Mesoamericana por este honor. Prometo portar este título con la dignidad que exige y con la humildad que el verdadero aprendizaje requiere.
Y recordando que, en los laberintos de la mente cerebro, cada final es solo el inicio de un nuevo sendero.

Gracias infinitas.


Dr. Enrique Canchola Martínez