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Donde el toreo habló sin voz

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Foto de Gavia en Unsplash

Por Salvador Calva Morales

No hay reloj que mida este instante,
ni aguja que atrape su dimensión.
Morante al ruedo, alma vibrante,
El Juli en sombra, pura emoción.

Palabra y eco, sin decir nada,
hablan del arte, del temple, del honor.
Y entre el silencio y la mirada,
el toreo se hace carne y fervor.

Frente al misterio, dos figuras:
uno da toros que nacen del alma,
el otro torea con dulces locuras
y canta con sangre que nunca se calma.

El Puerto fue templo esa tarde encendida,
testigo del duelo que el alma percibe.
No hubo palabras, pero hubo vida,
y un aire sagrado que aún sobrevive.

El toro vencido… o quizás latente,
ya no importaba quién cayó primero.
Pesaba el respeto, lo puro, el presente,
la historia bordada por el torero.

El Juli, con raza, brindó la bravura;
Morante, inspirado, dibujó lo eterno.
Y al mirarse, surgió la ternura
que entiende el que ha cruzado el infierno.

La plaza calló, se detuvo el viento,
y el arte fue rito, fue llama encendida.
Una foto inmortalizó el momento
que el alma comprende… pero no la vida.

Aquí hubo toros, susurra la arena;
aquí hubo verdad, pasión y valor.
Dos hombres se hablaron sin pena…
y el toreo entendió su mudo clamor.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta