Por Enrique Canchola Martínez
Médico, Neuroendocrinólogo, Profesor e Investigador
de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Ciudad de México, México.
Es muy interesante y sorprendente como Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990 y Premio Cervantes 1981, considerado uno de los más grandes poetas de México de todos los tiempos, en su obra explora la intersección del pensamiento y la percepción de la realidad humana, desde la perspectiva neuropsicológica de la irrealidad, a través de los laberintos mentales.
El Laberinto en Octavio
El laberinto para Octavio Paz, es un símbolo de la condición y la mente humana que busca la identidad. Esta propuesta está magistralmente expuesta en “El laberinto de la soledad”, donde el concepto del laberinto deja de ser solo una metáfora literaria para convertirse en una realidad neurobiológica de la metaconsciencia.
Paz describe la soledad como una ruptura y una búsqueda del ser en el lenguaje de la neurobiología, sugiriendo que la conciencia busca constantemente salidas o conexiones en la intrincada arquitectura del pensamiento humano, donde el lenguaje opera mediante redes neuronales complejas que funcionan como laberintos, donde la información se procesa a través de sinapsis sociales.
La Percepción de la Realidad y la Irrealidad
Octavio Paz, utiliza la poesía para desdibujar los límites entre la irrealidad de lo observado y la realidad del observador y cuestiona, si lo que percibimos es la realidad o es una interpretación especular de lo irreal.
Además, aborda esto mediante el abordaje neurofisiológico de la irrealidad, mediante la interpretación de la palabra, rostros y símbolos para crear construcciones de realidades, puramente internas y por lo tanto subjetivas e irreales. Esta conexión directa entre la “otredad” de Paz (el reconocimiento del yo en el otro y los mecanismos neurológicos de la empatía y el reconocimiento del Yo, convierte a su poesía en un espacio mítico de soledad y búsqueda.
El Lenguaje y la Mente
Octavio Paz sostiene que el hombre es un ser de palabras y que el lenguaje es el que nos constituye. Sigue proponiendo que la invención del lenguaje nos ha permitido la construcción histórica de la poética del mito.
Esta capacidad asombrosa de Paz para convertir el símbolo en emoción en su lírica, lo podemos describir como la cascada neuroquímica de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina que se activan cuando el lector se enfrenta a la estética de la palabra escrita en la obra de Paz.
En esencia Paz, disecciona el alma a través del ensayo y la poesía, permitiendo que la experiencia poética genere en el cerebro-mente del lector, un laberinto neuronal y una experiencia mágica con una carga mística sorprendente.
Enrique Canchola Martínez 14 de abril de 2026




























