Luz divina el asombro en tu mirada,
fuego ardiente la pasión en tu boca,
dos mundos que mi locura provoca,
y en mi alma dejan huella profunda.
Tus ojos, como estrellas y luceros,
reflejan el misterio de tu ser,
y en tus labios, el dulce amanecer,
despiertan amores prisioneros.
Cada beso es un viaje a lo infinito,
cada mirada, un sueño compartido,
y tu alma, el universo donde habito.
Tu piel sendero de mis manos,
que a tu amor me lleva aturdido,
para encontrar en tu pasión amparo.
Enrique Canchola Martínez
septiembre EC 13




























