– La Historia Jamás Contada –
Seguramente quienes suelen leerme aquí o me siguen en MisterioZona, se habrán sorprendido del título de este artículo, pensando que tal vez me había vuelto un respetable divulgador de la Ciencia como evangelio o convertido a alguna santa doctrina que literalmente satanice el tema, pero no: ninguna de las dos cosas.
Sólo me propongo plantear lo que resulta de considerar detenidamente todo el asunto, pues muchas características -o circunstancias- que presenta -o rodean a- el enigmático fenómeno OVNI -ahora UAP: Unidentified Aerial Phenomenon, siguiendo al investigador Ivan Sanderson-, claramente desbordan el estrecho marco “espacial” al que se ha querido circunscribirlo, no sólo mediáticamente, con sus inocultables intereses lucrativos o de prestigio, sino también en investigaciones mucho más serias.
Lo del origen extraterrestre del fenómeno es un “hallazgo” relativa e irónicamente reciente, promovido y difundido sobre todo por la USAF (United States Air Force), la fuente oficial de la que también han salido los informes de los Proyectos SIGN, GRUDGE y BLUEBOOK y de filtraciones como la más reciente, pues la ETH -esto es, la extraterrestrial hypothesis– se presta muy bien a su manejo por la burocracia gubernamental, tanto para excitar la imaginación de las masas para lograr determinados objetivos, como para desviar la atención de ciertos temas “sensibles” o comprometedores: lo usual en la Alta Política.

Pero antes de continuar, permítanme precisar qué entiendo aquí por MITO: tan sólo una aserción que se da por un hecho sin estar suficientemente fundamentada. Un ejemplo obvio sería la afirmación de que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos que existieron. Así, sin más, como si fuera un dogma de fe, que de hecho lo es.
Lo mismo sucede cuando se asume un origen necesariamente extraterrestre de los OVNIS, pues resulta que toda investigación, análisis, reflexión, discusión y cuanto ejercicio racional sea posible efectuar sobre ellos, estará sesgado (biased) y limitado desde el principio, además de que acarrreará algunas consecuencias curiosas y hasta divertidas, como la necesidad de llamar a un astrónomo (o de perdida un “divulgador científico” de esos que abundan) para supuestamente darle “seriedad” al asunto. (¿Para qué? -pregunto socarronamente-, ¿para que hable de lo que NO sabe, pues en su especialidad no incluye las materias de OVNIS I, OVNIS II y OVNIS III.)
O un escritor mexicano de “ficción científica” –science fiction– que en una entrevista habló de sus relatos sobre OVNIS, siempre enfatizando que éstos no existen. (Por lo que él tenía que crearlos con su prodigiosa imaginación para deleite de los connoiseurs, supongo.)
Retomando el hilo, el fenómeno OVNI es algo de lo más inquietante, por lo que frecuentemente se recurre al mito extraterrestre para abordarlo con cierta familiaridad y confianza, como tuve ocasión de comprobarlo hace ya sus años cuando un niño pequeño, al ver la imagen del típico alien en la portada de un libro, me explicó cándidamente: “Los extraterrestres no me dan miedo, pero si veo un monstruo caminando en la calle… ¡me meto corriendo!
Lo mismo sucede con la clásica “CLOSE ENCOUNTERS OF THE THIRD KIND” de Steven Spielberg, en la que al final el protagonista literalmente se embarca en y hacia LO DESCONOCIDO, en una versión light y pop de su gloriosa precedente “2001: A SPACE ODYSSEY” de Stanley Kubrick, en la que después del viaje, el MISTERIO todavía seguía ahí, tal como sucede en la Realidad o lo que a estas alturas entendemos por ella.
Hay mucho que aprender en este campo, pero aunque no escasean los pensadores originales que han examinado esas otras facetas, no tan (auto)complacientes del humano, del fenómeno, conviene aproximarse a éstas con precaución, pues los OVNIS son perturbadores por sí mismos y “el abuso en sus consumo puede ser nocivo para la salud… mental”, como lo evidencian no sólo los grandes escándalos que llegan a los medios, sino muchos “pequeños” dramas cotidianos de los CONTACTADOS que pasan inadvertidos para el público.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.






























