Despierto al eco suave,
al sonar de las campanas,
desde la capilla del barrio,
su voz nos hermana.
Lánguido su cantar,
tan triste su llamado,
anunciando la partida
de un hermano aquí a un lado.
No suenan hoy por mí,
ni dan bríos ni alegría,
mas siento el pesar crecer;
un amigo ya no guía.
Aviso de un final,
de muerte el tono frío,
recordando que el tiempo
no nos pertenece, es vacío.
Por mi parte yo agradezco,
este nuevo día al viento,
escuchar el canto de campanas,
o acercarme a mi último momento.
¿De quién será el adiós?
Es necesario preguntar,
para dar pronto el pésame
y el respeto destacar.
Costumbres de este barrio,
de pura solidaridad,
con gallinas y con maíz,
ayuda que va más allá.
Todos unidos compartimos,
en el duelo y en la fe,
pues el alma que se va
se despide con la piel.
La muerte aquí nos une,
la tradición nos da consuelo,
siete días de comida,
muestran el duelo verdadero.
Hasta el día del sepelio,
los siete que son ley,
se alza la cruz del Redentor
con oraciones de mi grey.
Vivimos entre luto y afecto,
el dolor lo comparte el sector,
y al resonar de las campanas,
recordamos la vida con fervor.
Gracias divinas nos permiten
respirar con devoción,
mientras el tiempo sigiloso
sigue su eterna canción.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























