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Entrevista a Carlos Battilana: “La poesía tiene algo de misterioso; es un estar en el mundo, desde una perspectiva, y ver las cosas desde un lugar a partir de cierta perplejidad.”

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Por Nancy Almassio (Argentina)

Entrevista realizada al poeta Carlos Battilana en el Programa Poéticas del mundo N° 7, el 28 de abril de 2026 desde los estudios de Sabersinfin (Puebla, México), en una producción desde Necochea, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

Nancy Almassio (N.A.): Buenas tardes Carlos, en una entrevista que te realizaban en el año 2022 decías: “A veces pienso que la poesía me salvó, porque fue como un poco de oxígeno que llegó a mi cuerpo”. ¿La poesía te salvó, Carlos? ¿La poesía nos salva?

Carlos Battilana (C.B.): Buenas tardes. Gracias por la invitación. Respecto de lo que dije acerca de la respiración, seguramente se refería a algo muy concreto: cuando yo era chico tenía alergias, bronquitis, permanentemente estaba resfriado. Hubo un momento, un día antes de una operación para ver si yo podía respirar mejor, que pude leer la poesía completa de César Vallejo. En la soledad del hospital, llegó ese libro un poco azarosamente, y cuando lo leí, accedí a una poesía completamente inusual. Yo tenía 18 años. Esos poemas comunicaban, aun en sus zonas aparentemente ilegibles. Pensé esa noche, en vela, que Vallejo había inventado un lenguaje para mí, un lenguaje que me provocaba mucha curiosidad. Un impacto físico. Entonces, esa lectura me salvó antes de la operación. Dicha operación, en un principio, no tuvo éxito pero, poco a poco mi cuerpo, no sé cómo, a través de su metabolización, logró respirar. Tal vez me refería a eso. Al mismo tiempo, la poesía, la escritura y la lectura, sin dudas, permitieron comprender muchas cosas de mi propia experiencia. Incluso, en el plano social, la poesía tiene frecuentemente un carácter anticipatorio.

N.A.: Sí, coincido totalmente, a veces decimos que la poesía es como una revelación, nos va contando la historia anticipadamente, nosotros en ese momento no nos damos cuenta, pero cuando releemos los versos escritos, vemos que había esta profecía, que estaba esta profecía entre las palabras, como anunciando lo que iba a suceder, o quizá es una intuición del alma humana que va plasmando en palabras lo que vamos caminando. Mi último libro de poemas El exilio de las almas revela esto de que la poesía nos salva y que nos transmite a otros mundos. Lo llamo el exilio, escaparnos de nuestro cuerpo para estar en un mundo más bello, ¿a eso te referías?

C.B.: Me refería a que, por un lado, lo que vos mencionabas de la intuición, la poesía, los caminos de la poesía, o nuestra forma de conocer a través de la poesía, se vincula con una forma de conocimiento particular. Recuerdo a Baudelaire que al referirse al flâneur, ese paseante exiliado dentro de la multitud que estudió Walter Benjamin, propone una mirada estrábica y extrañada en el sentido de que va a contracorriente de la inercia y la cristalización. Entonces, estas palabras que usamos constantemente en nuestro vocabulario cotidiano, se resignifican cuando aparecen en un poema.

N.A.: Sí, la palabra se torna poderosa, el modo de combinarla con otras y el lugar estratégico en que se ubican en los versos… esa es la magia de los poetas. En la entrevista que mencioné al inicio decías que la poesía trabaja a contracorriente de la eficacia y la productividad, ¿cuál sería la corriente que nos arrastra a los poetas?

C.B.: El ritmo. La poesía es una forma de la escucha. El ritmo es lo que permite construir un poema. Por más que muchas veces no “entendamos” un poema, hay por debajo un pulso que conecta con una verdad del mundo. Como decía Octavio Paz, en su libro Los hijos del limo, hay una secreta analogía. Se refería al ritmo del poema como un principio articulador. Desde ya, Baudelaire había escrito en su poema “Correspondencias” esa analogía entre los sentidos, esa conexión de aquellos elementos aparentemente dispersos. Hay un ritmo subterráneo que la poesía escucha. Además del ritmo, que es un aspecto crucial, aparecen otros recursos. Por ejemplo, las vanguardias tuvieron la posibilidad de pensar el espacio en blanco como un significante y no como un mero soporte. Entonces, existe un diálogo entre la palabra y el espacio que puede tener significaciones diversas, entre ellas, el silencio. También esa espacialidad del poema es una forma de la comunicación.

N.A.: Este ritmo que decís, los silencios, las pausas, la velocidad que toman las palabras, ¿considerás que es interna del poeta o tiene que ver con los lugares? Me imagino un Carlos Battilana allá en Paso de los Libres y un Carlos Batilana en Hurlingham, un Carlos cerca del río y un Carlos en plena urbe con otros sonidos, otros ritmos, ¿dónde está esa musicalidad?

C.B.: Muy interesante la pregunta porque tiene que ver con un libro que se publicó hace dos años por Ampersand, que se llama Primeras Luces. Ahí, el motivo del texto era registrar las lecturas que habían gravitado en mi vida. Pensé que el origen de la poesía estaba cuando yo había comenzado a leer, y por eso, me remití a mi primer libro de lectura, el libro de la escuela que se llamaba, justamente, Primeras luces. Pero me di cuenta, excavando y explorando, cuando empecé a escribir el ensayo, que el origen de la poesía no estaba en la letra sino en el río, el río Uruguay, en su ritmo, bordeando la ciudad fronteriza en la que nací, frente a la ciudad brasileña de Uruguayana. Entonces, lo poético estaba en el movimiento del oleaje del río Uruguay, que escondía un lenguaje subterráneo. Pero, al mismo tiempo, estaba en el carnaval, que era algo tan poderoso en la ciudad, y tan esperado, una especie de suspensión del tiempo. Todo el año la población esperaba esas dos o tres semanas para celebrar ese acontecimiento. El ritmo de la escuela de samba, en mi niñez, produjo algo muy conmovedor. El entorno también puede producir un ritmo y puede influir en la escritura de los poemas a partir de un cierto extrañamiento. No es lo mismo la experiencia urbana de una ciudad como Buenos Aires, que la experiencia de un pueblo de provincia, o digamos, la llanura, que la montaña, o que la nieve. Por eso, en el caso de mis poemas, el paisaje es bastante determinante. Aparecen la llanura, por un lado, el río, por otro; el mar y el jardín de mi casa del conurbano.

N.A.: Esto que dijiste me llevó inmediatamente a unos versos tuyos, de este extrañamiento de las palabras, porque vos decís en el poema: “entre las luces últimas sucede una historia/ que es como un líquido/ corriendo/ al medio del pecho” … En el poema “Enigmas” “el futuro/ es un pequeño territorio/ que se mira con afecto, / amorosamente/ y sin verdadera comprensión”. Estás definiendo esto que hablamos, de esta premonición, esta predicción del poema, el futuro, que no hay que pensarlo demasiado. La poesía nos invita, nos invoca con las palabras, para que podamos descubrir después con el tiempo que fuera de nuestra vida. ¿Querés compartir alguno de tus poemas?

(C.B.): Ese fragmento que citás, pertenece al libro La lengua de la llanura. Yo empecé a escribir ese libro a partir de un imaginario vinculado con los aborígenes que vivían en la llanura al lado del mar. Imaginé esa escena, y una amiga, Laura Forchetti, una gran poeta que vive en Coronel Dorrego, me dice: “acá cerca, en Monte Hermoso, hay vestigios de los nativos y sus rituales en la playa”. Ahí percibí el carácter potente del imaginario de la poesía, porque yo, de algún modo, sin instruirme cabalmente sobre esos hechos, había imaginado algo parecido a lo que Laura me contó.

Voy a leer dos poemas inéditos

Alucinación
Aún escribo
en esta habitación. El jardín
me acompaña
si miro el ventanal. Un pájaro
canta
luego de la lluvia. Ese instante
sonoro
debe ser la felicidad. Entonces disfruto
de algo
tan pleno.

Años así.
No pude mover siquiera un mueble
ni un libro
de este sitio
en el que estoy.
Todos estos libros
a cuestas
me han destrozado.
No sólo me han alimentado. Sobre todo
me han destrozado. Bien sé por qué.

Áspera mi voz
aún escucho cómo se prolonga
-finísimo-
el canto del pájaro.
Muevo entonces
esta mano
miro nuevamente el sauce
a través del vidrio

poco sé, poco supe,
admito cada una
de mis ruinas, de mis oscuridades
pero apuesto a que
los demonios menores del futuro
que esperan con displicencia
mis continuas caídas
deberían, al menos,
por un principio de pudor
amainar un poco
su confianza


Frutillas silvestres

Cuando se van muriendo
los seres indestructibles,
los que no podían morir
y casi sin darte cuenta
vas quedando
en primera fila
en la línea de flotación

cuando
en ese instante
-sin que sea una fecha precisa
ni un día determinado-
las horas lentísimas el grito vacío
el encuentro con tus hermanos
en una cena semestral
-ese presente sin reemplazo-
allí
ahí
vas intuyendo la noción espesa
de dios,
la noción sin límite
de lo que se va
para siempre, allí, en ese instante largo
que puede llevar unos meses
unos años
y vas ingresando
con tu primera persona
a la primera
línea
de batalla, carne de cañón
de los últimos momentos
sin precisar cómo, de qué modo
recordarás las frutillas silvestres
el olor preciso detrás del verano
el sol levísimo
los seres queridos
hundiéndose
como en un pozo, allí, ahí, saludarás
al canto minúsculo del pájaro
su presunta alegría
la hilera de árboles, la ciudad
que no sabrá
de la disolución el silencio
de tu paso fugaz
de eso
que fue todo y más ,un poco más
una travesía

por la irrepetible extensión.

N.A.: En este instante largo que mencionás y veo a un niño en la infancia proyectándose, el sentimiento de alguien que, como yo o como vos, que nos proyectamos desde esa infancia feliz en adelante y todo transcurre así, como ese instante largo…

C.B.: El poema “Frutillas silvestres” es una forma de agradecimiento. A pesar de estar en una instancia en la que ya han pasado muchas cosas y donde muchos seres amados se van también, igualmente, trato de agradecer la posibilidad de estar vivo. Y no solamente eso, sino de aquello que he vivido con sus luces y sombras, la belleza de la vida, de la experiencia de la vida, algo irrepetible.

N.A.: Ese plus también es esta oportunidad que la poesía nos da de trascender a través de las palabras que se eternizan en los versos. Este plus que tenemos los poetas de poder compartir y de revelar lo que el alma humana va diciendo. Volviendo al tema anterior, hemos escuchado muchas veces decir que cada ser humano lleva implícito el saber de todas las generaciones anteriores, de toda la historia humana. En este sentido, la poesía al revelar estas cosas, estos hechos intuitivos, pone en evidencia en estos conceptos. Todo este saber de la humanidad acerca de los aborígenes de la provincia de Buenos Aires, vos lo pudiste evidenciar en tu poema y constatar a través de una conversación con la poeta. Por eso, decimos que la poesía tiene ese plus, ese más allá, ese envés de las palabras, que nos permite revelar cosas. Pero ahora, vamos al tema de lo académico. Estas realizando la investigación: Agendas, archivos y polémicas de la literatura latinoamericana. ¿Podrías contarnos algo de eso?

C.B.: Te cuento un poquito de esa investigación que se lleva adelante a través de un equipo de la Universidad de Buenos Aires, dirigida por Beatriz Colombi y Valeria Añón, que son las docentes titulares de la Cátedra de Literatura latinoamericana I y el equipo de toda la cátedra. Cada miembro trabaja un objeto en particular. A mí me interesaba pensar una categoría de Vallejo: la “sensibilidad americana”: ¿cómo es posible pensar la vertebración de la poesía latinoamericana? César Vallejo menciona a la poesía de Rubén Darío como una condensación de la sensibilidad americana, una articulación entre la experiencia local y el cosmopolitismo. Eso sería lo que trato de investigar: pensar que en la poesía latinoamericana hay una cierta vertebración con un registro particular. En la historia de la poesía latinoamericana, los historiadores españoles pensaron a nuestra poesía como una prolongación peninsular. Entonces, Pedro Henríquez Ureña, Mariano Picón Salas, el propio César Vallejo, entre otros, que son estudiosos de la literatura latinoamericana, tratan de repensar a los poetas canónicos de América Latina (Sor Juana, José Martí, Rubén Darío), como exponentes de una expresión americana. Sor Juana, en el siglo XVII, en el virreinato de Nueva España, ya es una poeta plenamente americana, contemporánea del barroco del siglo de oro. Ella conoce y aplica el código barroco, sin embargo, se revela en ella una condición nativa. Basta leer, por ejemplo, su poema “¿Cuándo, númenes divinos,…?” en el que habla de su patria mexicana e ironiza sobre los letrados de Europa que la alababan. A su vez, José Martí escribe el famoso ensayo Nuestra América, que postula un programa americano a partir de la experiencia indígena, negra y popular. En relación con la tarea de investigación, añado algo coyuntural. El contexto de la universidad pública en la Argentina, en este momento, es de un avasallamiento total por parte del gobierno de turno; está sometida a un desfinanciamiento brutal, y no solamente la Universidad de Buenos Aires, sino todas las universidades públicas. Ese trabajo de investigación que nosotros hacemos necesita de fondos, y cada vez es más difícil la situación de nuestra universidad pública.

N.A.: En las aulas de la universidad, entiendo que se trabaja el género lírico, ¿hay una distancia entre el académico que estudia el género y el poeta? ¿La poesía de un académico nunca puede llegar a alcanzar la profundidad o esta intuición que tiene el poeta?

C.B.: Yo puedo decir que la experiencia de haber estudiado en la universidad, para mí fue un beneficio. No fue una atadura, pero entiendo la pregunta. Justamente creo que no hubiera conocido tantos escritores y tantas obras si no hubiera pasado por la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Entonces, en realidad, más que nada, agradezco haber estudiado en la educación pública. Respecto de los discursos críticos, a mí el que más me interesa es el ensayo, un discurso particularmente sensible para reflexionar sobre la poesía. De algún modo, la experiencia de la poesía, del lenguaje de la poesía, y la experiencia del lenguaje del ensayo se retroalimentan. Pienso en grandes ensayistas, que al mismo tiempo son poetas, como Octavio Paz, que escribió excelentes trabajos: Los hijos del limo, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, El arco y la lira, La otra voz. Hay otros ensayistas que son poetas y que me interesan especialmente. Por ejemplo, en la Argentina hay un poeta que fue director de la revista “Poesía Buenos Aires”, Raúl Gustavo Aguirre, que escribió un libro fundamental para entender la poesía moderna, Las poéticas del siglo XX. Pedro Salinas, el poeta español, dejó estudios críticos esclarecedores. Recuerdo en particular uno dedicado a los símbolos del cisne y el búho que aborda la etapa modernista y posmodernista. El libro de Hugo Friedrich Estructura de la lírica moderna, lo conocí estudiando en la facultad. Y ese libro, entre otros tantos, fue muy importante para mí al indagar el campo de lo que es la poesía moderna, desde Baudelaire hasta las vanguardias.

N.A.: En la universidad, ¿se enseña a leer y escribir poesía? ¿De qué manera?

C.B.: La carrera de Letras lo que hace es formar lectores críticos, pero existen carreras que enseñan a escribir. Ahora, yo estoy dando un seminario de maestría sobre poesía latinoamericana en la UNAHUR. Podemos hacer una distinción en los objetivos de los cursos. Podemos enseñar sobre poesía, preparar clases e informar sobre ciertas cuestiones, hablando, supongamos, de Sor Juana. Entonces uno trata de explicar que el contexto tiene que ver con el barroco y que los poemas de Sor Juana comienzan con un epígrafe que ella no escribió, que lo filtró un censor, podemos enseñar la importancia del hipérbaton, etc., todas enseñanzas pertinentes y loables que tienen que ver con un objeto poético. Y leemos la bibliografía. No obstante, creo que una cosa es enseñar, y otra cosa es hablar de poesía. Cuando uno empieza a hablar de poesía, añade algo distinto a la mera instrucción, fluye el discurso de otra manera. Hablar en el sentido de una experiencia que se va tornando personal. De algún modo lo que uno percibió, leyó, sintió forma parte de esa autobiografía.

N.A.: ¿Qué es la poesía para vos?

C.B.: Una experiencia de extrañamiento que se manifiesta por el lenguaje; una forma de ver las cosas en el mundo. Tiene algo de misterioso; es un estar en el mundo, desde una perspectiva, y ver las cosas desde un lugar a partir de cierta perplejidad.

N.A.: Un estado luminoso, porque en una ocasión dijiste que la poesía puede encandilar, ¿no?

C.B.: La poesía explora cosas que yo no sé de antemano. Cosas del mundo, pero también cosas de la lengua. Digamos que es una exploración sobre las posibilidades de la lengua, que la lengua es un hecho social que nos permite conectarnos entre nosotros, pero también, como te decía al principio de la entrevista, que nos permite resignificar el lenguaje.

N.A.: La última pregunta antes que él cierre de Poéticas del Mundo sobre los movimientos literarios que en la contemporaneidad existen. Sé que vos estabas, digamos, reunido en tiempos de la generación del 90, sin embargo, no te gusta que te encasillen en un movimiento, pero ¿qué otros movimientos ves que han surgido? ¿Han surgido algunos o no? ¿Cómo ves los movimientos en Argentina?

C.B.: Empecé a escribir, a publicar y conocí muchos poetas extraordinarios, maravillosos, en los ´90. Me descubro a mí mismo como alguien errante, porque nunca estuve en un grupo específico, aunque sí colaboré y participé en revistas y publicaciones de la época. Fue un momento fascinante cuando regresaba la democracia. Respecto de ahora, en Argentina la experiencia de la poesía es inmensa. Coexisten muchas poéticas diferentes. De hecho, existen cantidades de poetas, publicaciones, ciclos de poesía y editoriales independientes.

N.A.: ¿Qué te llevas y qué nos dejas en tu paso por este diálogo?

C.B.: Haber compartido este momento. Gracias por tus preguntas y por la generosidad de tus lecturas.

N.A.: Gracias Carlos Battilana por estar presente en “Poéticas del mundo” un programa por y para la difusión de la poesía.

Carlos Battilana es poeta, docente e investigador nacido en Paso de los Libres, Provincia de Corrientes, República Argentina, en el año 1964. Actualmente, reside en Buenos Aires.
Es autor de los siguientes libros de poesía: Unos días (Libros del Sicomoro, 1992), El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005), Materia (Vox, 2010), Presente continuo (Viajera, 2010), Narración (Vox, 2013), Velocidad crucero (Conejos, 2014), Un western del frío (Viajero Insomne, 2015), Una mañana boreal (Club Hem, 2018) y La lengua de la llanura (Caleta Olivia, 2021). Publicó las plaquettes Una historia oscura (Ediciones del Diego, 1999) y La hiedra de la constancia (Color Pastel, 2008). Sus poemas han aparecido en antologías de poesía argentinas y latinoamericanas. La editorial Caleta Olivia publicó su poesía reunida con el título de Ramitas (2018). En 2020 publicó Luz de invierno, que incluye una selección de sus poemas (Vera Cartonera, Universidad Nacional del Litoral). Realizó la compilación y el prólogo de las crónicas periodísticas de César Vallejo reunidas en Una experiencia del mundo (Excursiones, 2016). Publicó los libros de ensayos El empleo del tiempo (2017), Actos mínimos (2022) y Primeras luces (2024). En co-autoría con Rodrigo Caresani escribió el prólogo a Nuestra América de José Martí (Biblioteca del Congreso, 2019). Se desempeña como docente de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires. Ejerció el periodismo cultural.

Nancy Almassio. Docente y poeta nacida en Necochea, Buenos Aires, Argentina.  Es Profesora, Licenciada en la enseñanza de la lectura y la escritura y Maestranda en Formación Docente por la UNIPE. Su tesis de licenciatura sobre la Enseñanza de la poesía en el nivel Primario.  Graduada de Maestra en los Niveles Inicial, Primario, Secundario en Lengua y Literatura y Profesora en Educación especial con especialización en discapacidad intelectual en los ISFDyT N° 31 y N° 163 de Necochea, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Actualmente colabora con la Revista Literaria Filigramma con el género entrevista y conduce el programa Poéticas del mundo #Poesíaalasocho, ambos proyectos del Movimiento cultural Sabersinfin y el Círculo de escritores de Puebla, México. Es presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea.