Por: Nancy Almassio (Argentina)
Entrevista al Dr. Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras, para el programa Poéticas del mundo desde Necochea, Buenos Aires, Argentina
Necochea, 1 de octubre de 2025.
Buenas tardes Dr. Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras y poeta, gracias por acceder a esta entrevista para la Revista Filigramma del Círculo de Escritores Sabersinsin de México.
Nancy Almassio (N.A.): ¿Considera que la poesía es “impopular” en la actualidad?
Rafael Felipe Oteriño (R.F.O.): Creo que “impopular” no sería la expresión de lo que la aqueja, puesto que la poesía conserva su prestigio histórico. Tal vez deberíamos hablar de su escasa frecuentación por parte de grandes sectores de la sociedad, comenzando lamentablemente por los ámbitos educativos. La poesía está presente como literatura, pero no se la lee. Se han perdido las claves para acceder a su entendimiento y consiguiente disfrute. El fenómeno creciente es que se la escribe, se la lee y se la celebra en círculos –diríamos- de iniciados.
N.A.: En ocasión de ser nombrado miembro de número de la silla Carlos Guido y Spano pronunció el discurso “El misterio de ser conmovidos por las palabras”. En dicha entrevista habla de un “algo más” de las palabras, un secreto que devela el poeta en su obra. ¿Ese poder de “desdoblar” sentidos de las palabras, considera Ud., que es el modo de usar la metáfora como recurso, es un atributo de los poetas o es simplemente el poder de las palabras en la composición verbal?
R.F.O.: La metáfora, la comparación, la hipérbole, son recursos semánticos que emplea el poeta, pero que no son de su exclusivo uso. El lenguaje los proporciona para facilitar y ampliar los contenidos de la expresión. La genérica voluntad de comunicarse los vuelve instrumentos aptos para significar y explicarse. Acaso podríamos decir que el poeta es quien hace un uso más extremado de ellos, en su afán de dar forma verbal a ese “algo más” que adivina en el horizonte de lo no dicho.
N.A.: En una entrevista Ud. decía que el poeta tiene dos etapas: la emocional y la reflexiva. La primera sería la inspiración y la segunda, la que “conduce” el desarrollo del poema. ¿Estas dos etapas son cronológicamente consecutivas en la vida del poeta o también puede aplicarse al proceso de escritura de cada poema?
R.F.O.: La denominada “inspiración”, precipitado psíquico, componente irracional o, simplemente, dación, no puede ser dejada de considerar en la literatura de creación. Hay “algo” que conduce a la escritura, así como algo conduce al canto, a la danza, a la investigación o a salir a dar un paseo. Son señales que se imponen en la persona con el rasgo de lo inevitable. Luego viene el trabajo del escritor, que consiste en dar forma a esa motivación. Tengo dicho que los poemas “nacen” y “se hacen”, con lo cual estoy marcando una génesis y un proceso. No, no creo que sean etapas cronológicas en la vida del poeta. Al menos, así no lo experimento. En mi caso, la “dación” de ese “algo” que se impone y pide desarrollo siempre precede a la “confección” de la pieza verbal y escrita que constituye el poema.
N.A.: -El pasado 25 de septiembre en la Sede Central de la S.A.D.E. durante la disertación “Cantar, contar y dramatizar en la poesía argentina”, expresó que los poetas contemporáneos hemos sido denominados “posclásicos” ya nuestra obra lleva en su génesis las lecturas de los clásicos. ¿Cuáles serían los rasgos distintivos de la poética de los posclásicos?
R.F.O.: Es una categoría o “ismo” propuesta por Javier Adúriz y que expresaría a aquellos que, habiendo leído y asimilado buena parte de la literatura anterior, dan un paso más y, enriquecidos por dicha experiencia, proyectan el canon en el escenario del presente, sabiéndose deudores y a la vez epígonos –en el mejor de los casos continuadores- de los poetas que vienen escribiendo desde Homero. Dicho más breve: los denominados “posclásicos” no sienten que la poesía nazca con ellos, ni personal ni generacionalmente. Que es el fruto de una larga cosecha.
N.A.: -Entre los años 1996 y el 2023, ha escrito trece poemarios: Altas lluvias (1996), Campo visual (1976), Rara materia (1980), El príncipe de la fiesta (1983), El invierno lúcido (1987), La colina (1992), Lengua madre (1995), El orden de las olas (2000), Ágora (2005), Todas las mañanas (2010), Viento extranjero (2014), Y el mundo está aquí (2019), Lo que puedes hacer con el fuego (2023). Seguramente, existe una lista de razones que fundan su pasión por escribir poesía ¿Cómo está conformada dicha lista? ¿Cuáles son esas razones?
R.F.O.: Seguramente, por detrás, animándolo todo, ha de estar un modo de sentir, de mirar y de organizar la percepción de la realidad, que hace pie en la observación, seguida de la reflexión y continuada por el afán de dilucidar lo que en apariencia esta tiene de inexplicable. Pero, asimismo, hay un componente estético, puesto que dicho impulso no se agota, en mi caso, en la etapa del pensamiento, sino que busca la cristalización verbal de sus hallazgos en el continente de esa verdad puntual y artística que es el poema. Escribo para llenar un vacío, escribo para prolongar páginas que me conmovieron, escribo para encontrar consuelo. Todo ello podría resumirse diciendo que escribo porque el lenguaje, con la seducción de las palabras, me insta a hacerlo.
N.A.: -En la librería El Ateneo Gran Splendid, me encontré hace días con “Antología personal (1966-2023)”, que recopila sus trece poemarios desde 1966 hasta 2023. En el prólogo expresa que “La poesía dice lo otro, siempre dice lo otro”. Algunos de sus versos dicen:
“Sólo la palabra que huye es la verdadera,/ la que se levanta de la mesa,/ la que rompe filas,/la que corre calle abajo y no se detiene/”.
“La palabra que huye” en Antología personal, 2023.
“Hablan los cuchillos en la mesa,/el fondo de las ollas, los bultos cerrados,/habla el fuego de las hornallas/y la fuente clara”.
“Poética” en Antología personal, 2023.
A la luz de las citas, ¿lo otro podría ser el resultado de la búsqueda del poeta en el mar de palabras en que se sumerge, o es la misma esencia de la poesía y sus recursos?
R.F.O.: Apunta a esto último. A lo otro como lo indecible, lo inexpresado, que –a mi entender- es el objetivo último de la poesía, en tanto se trata de un modo alternativo de conocimiento. En ella el protagonismo y la animación no están solamente del lado del sujeto sino también de las palabras y las cosas que nos rodean. Tanto unas como las otras hablan y lo que dicen es “lo otro”: el lado de sombra, la mitad perdida, lo que todavía no nació, lo que se adivina en el horizonte del inconsciente. Sin cargar las tintas sobre esto, no olvidemos que el vocablo poeta es equivalente a vate y que vate es adivinador.
N.A.: -Al revisar toda su obra para editar la Antología personal, habrá tenido oportunidad de realizar un recorrido en serie de sus poemarios y reconocer en ellos continuidades y cambios, progresión y evolución en los temas. ¿Cuáles son los tópicos de su poética?
R.F.O.: Explorar, echar luz, dar forma verbal al secreto, significación a lo imponderable, relevancia a lo nimio, ponderación al sentimiento. En suma, poner peso en el platillo desbalanceado y definir una zona en la que se pueda hacer pie. Tal es la dimensión ética que tiene la poesía.
N.A.: -En otra entrevista para Página 12, Ud. ha expresado que “los hombres nunca terminan de irse de los espacios (vitales, poéticos) preferidos. ¿Podría este concepto relacionarse con la poesía lárica o de los lares, concepto acuñado por el chileno Jorge Teillier?
R.F.O.: Tengo un trabajo escrito acerca de la pertenencia a un lugar y su incidencia en la escritura de poesía. Lo lárico de lo que habla Teillier y los cofrades de su generación chilena –y que tanto tiene de unidad con el lugar de origen- alude al paisaje físico y espiritual que cada uno porta, aun impensadamente, y que se vuelve instrumental ineludible al tiempo de realizar la obra de arte. ¿Cómo decir lo indecible si no es con las palabras familiares de lo decible? A eso responde. Dichos espacios vitales son el patrimonio del poeta y al nombrar “mar” puede decir “inmensidad” y mencionando “llanura” o “pampa” o “campo” puede significar “promesa”. Y así, “hogar” es “madre” y “fuego” es “energía” y no destrucción, como alguien me ha reconvenido. Portar un paisaje propio es un componente de la creación que en casos deviene en estilo.

N.A.: -¿Cómo ve a la poesía argentina a la luz de la poesía latinoamericana actual?
R.F.O.: Hoy la comunicación es instantánea, por lo que es menos definida la caracterización regional. Latinoamérica es una región cultural en la que se habla mayoritariamente el español y al que llega la información de todas las poéticas universales. Solo creo advertir en la poesía argentina una mayor inclinación a la subjetividad y al carácter meditativo que en otras latitudes de América, más perseverantes en el canto y, de su mano, en la glorificación de la naturaleza.
N.A.: Si tuviera que escribir un decálogo del buen poeta. ¿Cuáles serían los diez puntos según Rafael Felipe Oteriño?
R.F.O.: Humildad, perseverancia, búsqueda, atención, apertura de los sentidos, relativizar los énfasis, calificar lo mínimo, corregir el poema hasta que se independice y se convierta en una voz autónoma, probar el verso en la dicción y en el oído (cómo sale de los labios, cómo suena cuando se lo escucha), cuidar la musicalidad de las palabras (la poesía no es música, pero el verso tiene musicalidad), componerlo atendiendo a su simpatía visual (el poema, fuera de ser un significado, es un signo y, como tal, debe ser asequible y crear proximidad). Bueno, creo que ya son más de diez.
N.A.: ¿Qué significa para un poeta ser nombrado presidente de la Academia Argentina de Letras? ¿Cuál es el principal desafío?
R.F.O.: Que como poeta sea presidente es una circunstancia. Pero la poesía no es una circunstancia en la historia de la Academia Argentina de Letras. La poesía es el lenguaje por excelencia. La poesía es primordialmente habla, la función más distintiva del hombre, y es, asimismo, mundo, pues las palabras de la poesía son algo más que noticia y contenido. A la función de nombrar las cosas y los hechos, la poesía tiene la condición de ensanchar la realidad. En la Academia se estudian las letras y la lengua, y se colabora en la confección de los diccionarios de la lengua y del español en la Argentina, y la tarea del presidente es mantener en acción todo eso. El desafío es preservar la unidad del idioma, con sus particularismos locales, en la diversidad de un mundo cambiante y de una mentalidad también cambiante. La lengua es un organismo vivo.
N.A.: -Para finalizar, ¿Cómo definiría la poesía?
R.F.O.: La poesía es modo de vida, un modo emotivo de conocimiento y un arte.
Muchas gracias por su tiempo y su disposición. Es un honor poder dialogar con Ud. y un privilegio el poder ampliar la lectura de su obra y las conceptualizaciones sobre la poesía actual a través de esta breve entrevista realizada desde la ciudad de Necochea.
Rafael Felipe Oteriño nació en La Plata (Provincia de Buenos Aires) el 13 de mayo de 1945. Realizó estudios en Derecho y en Letras en la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente es profesor emérito de la Universidad FASTA y ha enseñado Derecho en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es autor de trece libros de poesía. Entre sus obras están Altas lluvias (1966), Campo visual (1976), Rara materia (1980), El príncipe de la fiesta (1983), El invierno lúcido (1987), La colina (1992), Lengua madre (1995), El orden de las olas (2000), Cármenes (2003), Ágora (2005), En la mesa desnuda (2009) y Todas las mañanas (2010). El último, publicado este año por Editorial Pre-Textos, se titula Lo que puedes hacer con el fuego.
Es Presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL) y miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE). Al asumir en la AAL en 2014, pronunció el discurso titulado “El misterio de ser conmovidos por las palabras”. Ejerció como juez de la Cámara Civil y Comercial. En el año 2020 fue distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Nancy Almassio es Maestranda en Formación Docente en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). Es Profesora y Licenciada en la enseñanza de la lectura y la escritura por la UNIPE. Se graduó de Maestra en los Niveles Inicial, Primario, Secundario en Lengua y Literatura y Profesora en Educación especial con especialización en discapacidad intelectual en los ISFDyT N° 31 y N° 163 de Necochea, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Actualmente es colaboradora de la Revista Literaria Filigramma y conduce el programa Poéticas del mundo, una iniciativa de #Poesíaalasocho, ambos proyectos del Movimiento cultural Sabersinfin y el Círculo de escritores de Puebla, México. Es presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea. Es autora de cinco libros de poesía: Hombres irreales (2017), Mujeres reales (2018), Amores invisibles (2020), Poética de la esperanza (2024) y El exilio de las almas (2025).






























