¿Y qué esperabas, mujer enorme,
que me contuviera sin llegar al clímax?
Si solo con verte, mi pulso se rompe
y mi cuerpo arde sin tregua ni calma.
Te lo digo en secreto, te sueño a diario,
y estás entre mis sábanas en un frenesí;
devoro tu piel sin dejar relicario,
explorando rincones que claman por mí.
Son tantas las ganas, me traiciona el instinto,
me despierto jadeando, sin rumbo ni tregua,
y temo que el cuerpo me pase factura,
confundiendo el deseo con cruel priapismo.
Pero no es maldición, es tu hechizo de diosa
que me arrastra, me enreda, me clava, me encierra
con tus senos de luna y tus muslos de sombra,
con tu piel desbordando pasión y tormenta.
Despierto atrapado entre cauda de infierno,
un suplicio bendito sin paz ni salida;
quedo al borde, temblando, ansioso, sediento,
sin poder desatar el clamor de la vida.
Dime, mujer, ¿me sueñas así?
¿Desvelada, sedienta, gritando mi nombre?
Si es así, ven pronto, devórame aquí,
haz que el deseo no muera en la noche.
Ven, amor, seamos delirio y suspiro,
dejemos que el alma se funda en la piel;
que cada caricia sea un dulce respiro,
que cada gemido nos haga renacer.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























