Un poema delicado que convierte la memoria en un lugar habitable. Más que hablar de los abuelos, el poema trata sobre el deseo de regresar a un tiempo donde el mundo tenía un centro afectivo.
Por: BrendaCarol Morales
La VII Antología Internacional de Poesía Sabersinfin dice: «[…] toda poesía auténtica es, en cierto sentido, un viaje. Un viaje hacia la memoria, hacia el amor, hacia el tiempo, hacia el misterio del ser. Un desplazamiento interior que permite descubrir dimensiones nuevas de la realidad».
Al respecto, en el momento en que un poema se entrega a los posibles lectores como sucede con la antología, estos ya no le pertenecen exclusivamente al autor, con lo que ese viaje del que se habla en la introducción, lo vivirá cada lector desde su propia interpretación.
Sin embargo, hay que estar conscientes que la lectura literaria no consiste en llegar —siguiendo la metáfora— a un sitio predeterminado por el autor o el texto. La lectura estética, de la que hablaba Louise Rosenblatt en su libro El lector, el texto, el poema, implica que su verdadero valor radica en el proceso: todas aquellas ideas, imágenes, emociones, asociaciones, que el lector experimenta mientras interactúa con el texto.
Con esto, ella no rechaza la importancia del texto ni del autor. Considera que el texto es el medio que usa el autor para enfocar la atención del lector y este, al concentrar su atención en lo que el autor ha evocado, se libera por un momento de sus propias preocupaciones. El lector se siente en comunicación con otra mente y otro mundo.
Las interpretaciones que aparecen en estas publicaciones no representan ese punto de llegada del que habla la metáfora. Más bien funcionan como un puente de mediación que conecta tres sensibilidades: la del autor, la de la mediadora y la de los posibles lectores. La intención es, en todo caso, encender un faro en el viaje literario de los lectores, que alumbre a los poemas que se comparten, para que los encuentren en su camino y los disfruten también.
En ese sentido, hoy traigo un poema que, me parece, conecta muy bien con ese manifiesto introductorio de la antología porque invita al viaje a la memoria, al amor, a la ternura y, por otro, es de esos que al encontrarlos, deslumbran por su brillantez.
Sobre Miriam de León
Miriam es guatemalteca. Ha publicado varios libros: los poemarios Clepsidra (2018), Trashumante (2019), Río revuelto (2021), Poesía insubordinada (2023) y Búsqueda de palabras (2025), así como los libros de cuentos La chica de la bicicleta (2020) y Los zapatos del tío Valentín (2024).
Aparte, es miembro de PEN Internacional, de la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Guatemala (AMPEG) y del Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía Guatemala.
Tuve además la oportunidad de conocerla personalmente y descubrir una mujer cercana y generosa, siempre dispuesta a tender puentes entre escritores. A ella le correspondió entregar el pabellón guatemalteco a Abel Pérez Rojas como un gesto simbólico de la comunión que se ha ido fortaleciendo en estos años entre Sabersinfin y los escritores guatemaltecos que hemos encontrado no solo un espacio sino hermandad con los colegas mexicanos.
El poema: Cuando los abuelos
A lo lejos, una marimba.
La imagino pequeñita,
teclas alineadas
como mazapanes,
haciendo, sin querer hacerlo,
una música de nostalgia,
una cadencia que obliga
a mirar hacia atrás.
Suena, quizá, para recordar a los abuelos,
a esos viejos que cerraban poco a poco los ojos
hasta, por fin, quedarse dormidos;
o tal vez cuando hacían rompope
y luego rezaban el rosario,
repitiendo miles de veces las jaculatorias.
Pero ahora no sé dónde me encuentro,
quizá en mi espacio absoluto,
aquel que siempre he soñado,
o quizá en aquella casona,
aquel cobijo de piedra
de la calle de San Nicolás,
donde vería los montes azules
y presentiría las nubes,
como ese deseo innato de estar
y volver al tiempo aquel,
a aquel de los abuelos,
los abuelos que se dormían
en la mecedora de olmo y paja
y que hacían rompope
de huevos cristalinos.
Es eso, es eso: poder volver
al tiempo aquel…
Análisis de Cuando los abuelos
El poema está compuesto de versos libres y de diferente dimensión, al igual que las estrofas. El poema privilegia las imágenes concretas y el lenguaje cotidiano por sobre una acumulación de metáforas complejas. Su aparente simpleza podría confundir o hacer pasar por alto la riqueza del mensaje.
¿Por qué lo considero así? No hay palabras de difícil comprensión. Tampoco se ve el lector obligado a detenerse para desentrañar el sentido de oscuros versos que le hagan sentirse inseguro acerca de su interpretación.
Sin embargo, esa aparente sencillez con que los versos discurren, ayuda a percibir la manera en que fluye el pensamiento cuando se está evocando. Al llegar a ese punto, el lector podría notar que el texto lo está llevando a construir imágenes y, desde allí, conectar sus propias experiencias con lo que la autora quiere decir.
Interpretación del poema
Para quienes viven en otras latitudes y desconocen qué es una marimba, este es un instrumento de percusión que produce tonos muy dulces, construido con maderas especiales. En Mesoamérica y Colombia es muy conocida. En Guatemala, es un símbolo patrio porque es un instrumento muy ligado a la cultura nacional. Si bien en otros países como Colombia pudiera producir una melodía más alegre, en mi país, los sones y valses tienden a presentar una melodía de profunda sensación melancólica en los pasajes lentos, debido al timbre dulce y percusivo de la madera.
En el poema se menciona una marimba que, tal como describo, produce melodías que, por sí solas, despiertan una sensación melancólica. Pero, además, no está cerca, con lo que la imagen de melancolía se acentúa. La distancia podría ser no solo física sino temporal. Su lejanía deja espacio para que la imaginación la reconstruya.
En esa construcción imaginativa, comienzan las asociaciones sensoriales con tamaños y sabores. El mazapán es un dulce que se vende sobre todo en ferias y mercados. Representa un pequeño obsequio familiar. En los versos finales de la primera estrofa se revela que la música de la marimba produce ese efecto nostálgico y tan evocativo, en el que se mezclan sensaciones de distinta índole.
El sonido de la marimba que en primera instancia hace rememorar sensaciones, lleva también a evocar situaciones concretas: los abuelos que se encontraban en estado de adormecimiento hasta que por fin dormían, arrullados por una música de marimba más lejana en el tiempo. Mas los recuerdos que surgen más precisos en esta parte del poema, corresponden a escenas de la vida cotidiana en la familia. Por un lado, la producción de una bebida familiar y, por otro, la del momento del rezo. Aquí, no solo concurre el recuerdo de una persona adulta que evoca un momento, sino el de un yo poético infante que se recuerda en compañía de sus seres queridos. «Repitiendo miles de veces las jaculatorias» es una hipérbole muy propia de los niños, cuya impaciencia infantil percibe como interminables los rezos repetitivos.
El verso «Pero ahora no sé dónde me encuentro» es muy revelador del estado de ánimo del yo poético. El espacio absoluto no se define sino como un deseo. La repetición de la palabra «quizá» acentúa la indecisión del momento. ¿Es ese espacio absoluto una fusión de presente y pasado? ¿Es un lugar más allá de la realidad que se vive? Pareciera un espacio casi fenomenológico en el que convergen memoria, identidad y deseo.
Aunque no lo dice el poema, crea esa sensación de multiplicidad de ideas, sensaciones y emociones que llegan en tropel. A partir de ese momento, el ritmo parece acelerarse y la sucesión de ideas y recuerdos muestra la mezcla emocional que experimenta el yo poético. Inmediatamente después de mencionar un punto abstracto que se refiere al espacio absoluto, se indica la casona del recuerdo. Esta sí tiene una forma tangible y descrita: es grande, es segura, es de piedra, protectora y abierta porque permite ver montes y nubes; está ubicada en una calle precisa.
En tal punto, el yo poético devela su sentir: esos recuerdos no son solo eso. Representan el deseo interno de revivir los tiempos de infancia. No se menciona si eran tiempos felices o no. Sin embargo, era un entorno de cariños tiernos y de acciones sencillas en las que se compartía con los adultos. En la última estrofa, el yo poético reafirma y se reafirma: no se trata solo de recordar tiempos pasados sino el deseo de volver a vivir todo aquello que ya quedó atrás pero que seguramente dejó huellas profundas que, en un momento, por la melodía de una marimba, se reactivó. Los puntos suspensivos resultan muy sugestivos al final del poema.
Conclusión
Si bien el título pudiera anunciar que el poema se refiere a los abuelos, posiblemente ya muertos —y a ello también puede hacer referencia el verso que habla de que por fin cerraron sus ojos—, conforme se avanza en su lectura e interpretación, se puede constatar que es una nostalgia serena de un tiempo en que la vida parecía completa. El poema plantea que no siempre se añora a las personas solo por lo que eran, sino porque con ellas desaparece una forma de habitar y vivir el mundo.
La voz sabe que ese tiempo no volverá pero al nombrarlo lo rescata por un momento. No termina en tristeza sino en un deseo sereno. Nunca dice «yo extraño». Sin embargo, hace experimentar el extrañar.
Tal vez por ello el poema conmueve sin recurrir al sentimentalismo: basta el sonido de una marimba lejana para que el lector descubra que también guarda un tiempo al que desearía volver.

BrendaCarol Morales
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.




























