Inicio Artículos La aplicación inteligente de la tecnología automatizada

La aplicación inteligente de la tecnología automatizada

415
Imagen del autor Tara Winstead en PEXELS

– La Historia Jamás Contada –

Por: Fernando Acosta Reyes

Sin duda la idea de moda en cuanto a la vida diaria es la influencia de la llamada “inteligencia artificial” en todas las cosas, desde las más inocentes o entretenidas como las bromas y pasatiempos, pasando por las creativas -el Arte en general-, hasta las más graves y atemorizantes como el espionaje y la suplantación, toda clase de delitos y la guerra, sobre todo con tantos líderes carismáticos sueltos por el Mundo, cada uno con su propia paranoia.

Pero esta forma de entender la tecnología automatizada es precisamente la INVERSA con la que nació y siguió desarrollándose, esto es, como el uso controlado de mecanismos que hagan menos agobiantes las tareas indispensables para la supervivencia individual y las propias del “trabajo socialmente necesario” (Marx).

Este fenómeno de desubicación respecto de la tecnología (automatizada) resulta de la alienación (extrañamiento, separación) de sus creadores, los propios humanos, quienes la perciben como algo ajeno, independiente, incluso impuesto sobre ellos al no ser capaces de reconocerse ya como sus autores y quienes incesantemente la acrecientan y hacen más compleja.

Mucho se ha escrito y reflexionado sobre la enajenación en éste y otros aspectos, pero ahora me interesa plantear una cuestión no menos interesante: ¿Cómo reapropiarnos de esta intrincadísima tecnología que ya comienza a agobiarnos, incluso con tintes apocalípticos -¡sí!-  y ponerla otra vez, cuando menos en algunas áreas, a nuestro servicio, como fue en su origen?

Para ello hemos de recurrir a nuestra propia evolución técnico-intelectual, esto es, la creciente comprensión del funcionamiento de las máquinas y de las formas en que interactuamos con ellas, proceso por el que TODOS pasamos en alguna medida y comenzar a idear (conceptualmente) y luego imaginar otros mecanismos u otras formas de aplicar los que ya poseemos para alcanzar un objetivo específico.

Con esto entramos en el terreno de la invención, pero también en el punto de partida del par dialéctico de la INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO (research and development) mediante el cual, si somos tenaces, con mucha probabilidad alcanzaremos el objetivo deseado.

(Personalmente, recuerdo que poco antes de entrar a la Primaria, creé una pequeña historieta acerca de un robot. Y que debió ser por Tercero o Cuarto Año que llegó a mis manos -prestado- tal vez mi mejor juguete de la infancia: un MECCANO -del modesto Número 2- de mis primos, en el que pude concretar o al menos poner a prueba algunas ideas mecánicas, precisamente.

 A los 12 años, justo después de terminar la Primaria -con todos los honores, hay que decirlo-, un encuentro -¿casual?- con Raúl, mi mejor amigo de Sexto, me puso en contacto con la Electrónica, ya que éste me reveló ser un apasionado de ella y hasta me invitó a su casa para mostrarme los circuitos que había construido, explicarme su funcionamiento y contarme las peripecias por las que pasó al probarlos. Huelga decir que también adquirí esta afición, que conservo hasta la fecha, convirtiéndome en un PROAM: professional amateur. -Por cierto, aprendí inglés gracias a la Electrónica.)

Volviendo a la discusión general, una vez consolidado el hábito de pensar en soluciones técnicas, en principio es posible AUTOMATIZAR de alguna manera, electrónica o de otro tipo, los procesos susceptibles de ello, restaurando el propósito original de simplificar la vida, no de complicarla más, como sucede cuando nos ajustamos irreflexivamente a las exigencias del Mercado, es decir, a la sociedad de consumo.

En esto consiste la aplicación inteligente de la tecnología y la automatizada en particular, que nos devuelve en la práctica un poco el control sobre ella, desenajenándonos cuando menos en ese punto, pero con una ventaja adicional: la actitud de no caer automáticamente en el fatalismo, sino tratar de entender qué y cómo sucede y si tenemos los medios y somos capaces de hacer algo al respecto.

No, en realidad la “inteligencia artificial” no nos acecha, sino sólo que hemos perdido de vista que es una construcción nuestra -hablando genéricamente- y que las direcciones que tome, por impredecibles que parezcan, siempre estarán en las posibilidades definidas -o permitidas- por nosotros, quienes la mantenemos “viva” y desempeñándose: ¡HAY QUE TENER CUIDADO CON LAS METÁFORAS!

¿Qué piensan al respecto, cavilosos lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.