La inspiración como la fe nace en el poeta,
sin que sepa con precisión de donde vino,
ni conocer a la musa que se cruzó en su camino,
que ha de llevar a su mente a la imposible meta.
Sus versos vienen de la palabra que sujeta,
los síntomas de su pulso y su locura,
que van sangrando por la voz de la ternura,
en silencio repentino que nunca se completa.
Su verso siempre inconcluso y sin embargo pleno,
colma con suavidad o desenfreno,
a la mente con pasión inadvertida,
que no sabe si lo mata o le da la vida.































