
Se me fue la juventud
casi sin darme cuenta,
será que no espero,
pues en tu piel aún encuentro
mi tiempo detenido.
Tú sigues siendo joven
y yo, espejo confundido,
veo en tus ojos la chispa
que enciende mi pecho herido.
¿Es la edad o es el latido?
Me miro, viejo joven, en cristales de memoria,
el cuerpo grita los años
pero el alma guarda historias
de noches que nunca acaban.
Tal vez sea el fuego vivo que arde entre tus caricias,
ese amor que me hace niño,
ese deseo por ti infinito,
aunque el espejo me diga
que mi piel lleva el pasado,
tú, con labios encendidos,
me devuelves en tus brazos
la juventud que no se ha ido.
Se me fue la juventud,
me lo dice el espejo cruel,
con surcos que en mi rostro dibujan años de papel.
Pero dentro,
bien adentro,
late un joven con cuerda y sin red.
¿Qué es ser viejo?
¿Quién lo dice?
¿El paso torpe, el cabello gris?
No saben que en mis venas corre el fuego de un aprendiz,
que mis manos, aunque tiemblen,
aún buscan sueños por abrir.
La edad se burla de mi piel,
pero no de mi deseo ardiente.
Tu risa aviva este corazón,
tu mirada ardiente,
constante y presente,
me recuerda que vivir
es sentirlo todo intensamente.
Viejo joven, joven viejo, soy un suspiro eterno de amor,
que en cada abrazo y cada beso
se olvida del reloj traidor,
porque contigo, mi vida, la juventud siempre es hoy.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























