Por Salvador Calva Morales
Sin buscarlo, sin aviso ni razón,
amanecí con un dolor distinto;
a los ochenta y uno, casi dos,
el cuerpo habla en su idioma sucinto.
Dolor que crece, vena que se inflama;
el muslo advierte un riesgo silencioso.
La mente nombra trombo, émbolo, trama,
y el médico confirma lo temido y ominoso.
Entonces pesa el tiempo ya vivido
y asoma Armagedón como pregunta:
¿será esta la batalla del sentido,
la última frontera que el alma enfrenta junta?
Si así lo fuera, que venza lo que es bueno,
que el bien derrote al miedo y a la muerte;
que no me lleve el mal ni su veneno
cuando México sangra y pide suerte.
Y si no es final, que sea lección sagrada:
vivir con fe, con calma y dignidad,
sabiendo que toda herida es también llamada
a entregarlo todo… y amar hasta el final.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























