Por Salvador Calva Morales
Hoy tu ausencia vino a visitarme sin avisar,
sin tocar mi puerta.
Entró por la ventana, oculta en el viento,
como si siempre hubiera sabido
por dónde se entra al lugar donde más duele.
Llegó de sorpresa,
como un golpe que no da tiempo a cubrirse.
Me encontró sentado, evocando tu recuerdo,
susurrando tu nombre,
como quien intenta que el eco responda.
Enmudecí.
Me quedé quieto, inmóvil,
sin saber qué decirle ni qué responderle
a esta presencia que no tiene cuerpo,
pero ocupa todo el espacio.
Recorrió cada rincón de mi memoria,
levantando escenas, sacudiendo instantes,
caminando como quien se pierde en el pasado,
sin preguntarme por qué te sigo llamando,
aunque el silencio conteste siempre lo mismo.
Solo se sentó a mi lado
y me miró.
Yo también la miré,
con los ojos húmedos,
como si pudiera negociar su partida.
Después se levantó
y se fue sin hacer ruido,
dejando una larga huella de tristeza,
un rastro de lágrimas invisibles
que aún resbalan por dentro.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























