Por Salvador Calva Morales
Cuando el alba, con tímidos destellos, se asoma,
mi pecho te nombra, mi alma te entona.
Los rayos primeros, tan suaves, tan puros,
me dan tu recuerdo… mis sueños más seguros.
Y al caer la tarde, cuando el sol se despide,
mi mente, en tu nombre, calladamente incide.
Entre la calma tu imagen florece,
mi deseo te busca, mi amor te engrandece.
Tú, mujer sabia de manos que curan,
que alivias dolores y almas apuras.
En tu noble ciencia, ternura y pasión,
habita la diosa de mi devoción.
Mas antes del día, cuando el agua reposa,
te miro en mi mente, radiante, preciosa.
Tu cuerpo, promesa de ritmo y candor,
enciende en el aire su cálido ardor.
No hay distancia que apague el anhelo,
ni tiempo que enfríe tu fuego en mi cielo.
Porque, aun separados, vibramos iguales,
dos almas que arden en fuegos astrales.
Así, Nahomi, mi amante y mi guía,
eres mi aurora y mi melancolía.
Si el alba te nombra y el ocaso te llama,
es porque mi vida te lleva en el alma.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























