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Oh Dubái querido y hermoso

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Fotografía por: DerWeg en Pixabay

Por: Salvador Calva Morales

Oh Dubái querido y hermoso,
ciudad de luces y encanto,
me despido con el alma temblorosa,
sorprendido, agradecido y de ti enamorado.

Tus rascacielos besan las nubes,
tus vergeles brotan del desierto,
eres un milagro de arena y cristal,
un oasis donde florece lo eterno.

Me alejo con un sabor maravilloso,
con la certeza de haber vivido un sueño,
donde la grandeza no es solo de acero,
sino de un pueblo noble, digno y sincero.

Aquí la honestidad es tesoro sagrado,
un olvido no es pérdida, sino confianza;
las manos devuelven lo ajeno intacto
y la justicia camina al lado de la esperanza.

Vi turistas volver asustados,
y hallaron sus bolsas esperándolos.
¡Qué espectáculo de respeto y verdad!
¡Qué lección de vida en tu bondad!

Oh Dubái, ciudad sin igual,
tu brillo no está solo en tus torres doradas,
sino en el corazón de tu gente clara,
que da paz al alma cansada.

Espero regresar un día,
pues tus maravillas me atraen;
eres un puerto de sueños cumplidos,
un lugar del que nunca me quiero marchar.

En tus calles no hay engaño,
la confianza camina sin temor;
la honestidad es tu más bello adorno,
un tesoro que brilla más que el oro.

Tus suelos resplandecen de limpieza,
no hay rincón que no muestre cuidado;
cada paso refleja respeto profundo,
cada mirada, un gesto humano.

Pulcritud que asombra y enamora,
como un jardín sin mancha ni sombra;
ciudad que enseña con su ejemplo
que el orden también es un templo.

Y tu bondad, Dubái querido,
se siente en cada saludo sincero,
en cada gesto pequeño y puro
que engrandece lo aprendido.

Adiós, Dubái de noble grandeza,
me voy guardando tu luz y fineza;
volveré un día con ansia y verdad,
pues viví en tus calles inmensa felicidad.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeeta