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Pensar destruye

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Imagen del autor NickyPe en PIXABAY

El mundo iluminado

Por Miguel Ángel Martínez Barradas

Nuestra mente es un torbellino ingobernable, pues nunca detiene su movimiento. Ahora mismo, nuestra mente genera una cantidad indeterminada de pensamientos aleatorios que nada tienen que ver con el aquí y el ahora. Pensamos en el trabajo, en nuestros años escolares, en los alimentos de la mañana, en el ruido de la calle, en la nada, en fin, “pensamos” tanto que en realidad no pensamos en nada, sin embargo, esos pensamientos ahí están, acompañándonos, martirizándonos o motivándonos a lo largo del día, pero también en la noche, cuando dormimos y soñamos con otras tantas miles de cosas, situaciones y seres que terminamos olvidando a fin de no sentirnos agobiados por los pensamientos.

Los pensamientos son autónomos, no decidimos tenerlos, sencillamente aparecen en nuestra mente. Algunos son motivados por vivencias reales, otros llegan a nosotros sin que sepamos cuál es su origen. También están los pensamientos falsos, aquellos que nunca fueron experimentados, pero debido a que su naturaleza es la misma que la de los pensamientos motivados los sentimos igual de reales, pues eso es el pensamiento, un sentir, pero un sentir que, además, podemos ver, tocar, probar, oler y escuchar.

Los pensamientos ocurren en la mente y como en ella habita el “yo”, suponemos que somos nuestra mente y nuestros pensamientos. Nos identificamos con los pensamientos y esto es porque, en general, nadie nos ha advertido que nuestra mente es un compañero incómodo, un tripulante no deseado que cohabita con nosotros y del que deberíamos cuidarnos. La mente está en nosotros y de alguna manera nosotros estamos en la mente, pero no somos uno con ella, como tampoco somos aliados ni amigos, antes bien, la mente es nuestra principal enemiga, pues es por ella que terminamos creyendo todas las mentiras que mantenemos a nuestro alrededor.

Los pensamientos, la mente, la personalidad y el ego son conceptos que se confunden, que parecen lo mismo, sobre todo porque todos ellos ocurren en nuestro cerebro, pero si bien es gracias a todos ellos que podemos ser en el mundo, es también por esa misma causa que no sabemos quiénes somos. Suponemos que somos un nombre, un género, una profesión, una categoría, etcétera, pero todo ello tan sólo es lo que alguien más pensó en algún momento y que nosotros terminamos confundiendo con nuestro ser. En pocas palabras, la mayoría de nosotros no somos más que un pensamiento ajeno que, sin darnos cuenta, asumimos como identidad.

Los pensamientos se asientan en la realidad, pero no son lo real y la manera de darnos cuenta de ello es, irónicamente, pensando. La diferencia entre “pensamiento” y “pensar” es que lo primero se realiza involuntaria y azarosamente, mientras que lo segundo ocurre por decisión propia y bajo un orden establecido. Todos tenemos pensamientos, pero no todos sabemos pensar, y por ello es que caemos en el espejismo de las imágenes mentales que damos por ciertas, cuando no son más que simulacros y proyecciones de nuestros deseos, miedos y emociones.

Aprender a pensar requiere un esfuerzo diario. Aprender a pensar es entender que los pensamientos son eventos psíquicos en gran medida instintivos, es decir, la mente genera pensamientos porque esa es su función, pero ello no quiere decir que esos pensamientos tengan un fundamento real. Pero si bien aprender a pensar es necesario para alcanzar una vida provechosa, irónicamente pensar de más podría llevarnos a nuestra aniquilación, pues así como no todos los pensamientos están fundamentados, no todo lo que pensamos está argumentado, es decir, no todas las ideas a las que llegamos por vía de la razón se relacionan con la verdad, con lo objetivo. Los pensamientos no nos llevan a ningún lado, pero cuando pensamos, es decir, cuando fijamos nuestra atención en los pensamientos, podríamos elevarnos o hundirnos en las irregularidades de la vida emocional y espiritual. El profesor de teología Joseph Nguyen, en su obra No te creas todo lo que piensas, distingue las diferencias entre pensamiento y pensar:

«Los pensamientos son la materia prima energética y mental con la que creamos todo lo que existe en el mundo. No podemos experimentar nada sin el pensamiento. Un pensamiento no requiere ningún esfuerzo o energía de nuestra parte, es algo que tan solo sucede. Tampoco podemos controlar los que nos vienen a la mente. Pensar, por otra parte, es el acto de razonar sobre nuestros pensamientos. Esto requiere una gran cantidad de energía, empeño y fuerza de voluntad. Pensar es comprometerse de manera activa con los pensamientos de la mente. Pero pensar es la raíz de todos nuestros sufrimientos psicológicos. En el momento en que pensamos en nuestros pensamientos es cuando comenzamos a juzgarlos y a criticarlos, y experimentamos todo tipo de agitación emocional interna. No es necesario pensar en todos nuestros pensamientos ni juzgarlos. No nos genera ningún bien hacerlo. Podemos creer que pensar mucho nos ayuda, pero lo único que hace es provocar que sintamos emociones negativas e indeseadas. Los pensamientos crean. Pensar destruye. La razón por la cual pensar destruye es porque, tan pronto como empezamos a pensar en los pensamientos, arrojamos nuestras propias creencias limitantes, juicios, críticas, programación y condicionamiento sobre el pensamiento.»

El vicio de nuestra sociedad contemporánea es creer que todo lo que piensa es real. Las personas, debido al abuso de la tecnología, se han enajenado a tal extremo que son incapaces de vivir en el mundo de manera pacífica. La mayoría de las personas está convencida de que padece algún trastorno psíquico, algún mal físico o sencillamente que es un “algo más” aprisionado en un cuerpo al que no pertenece. Pensar es la única manera de alcanzar una vida digna, una vida asentada en la razón, en la empatía y en la armonía. El primer paso es comprender que no somos nuestros pensamientos, y que si las ilusiones van a caer es porque pensar destruye.

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.