Por Salvador Calva Morales
Nuestra meta no es un susurro efímero,
es un designio límpido y vehemente:
ser júbilo constante, ser hogar compartido,
dos voluntades fundidas en un mismo presente.
Que la risa nos brote como manantial indómito,
por lo ínfimo, por lo absurdo, por lo nuestro;
reír del mundo y de nuestras propias torpezas,
dos almas cómplices danzando sin pretexto.
Progresar, sí, con ímpetu irrefrenable,
sin claudicar ante la inercia del miedo;
tus senderos y los míos, distintos pero enlazados,
convergiendo en un nosotros firme y sereno.
Ser bálsamo cuando el cansancio arremeta,
ser refugio en la penumbra más incierta;
y en cada logro, por pequeño que parezca,
erigir celebraciones de ternura abierta.
Elegirnos, amor, con devoción cotidiana,
aun cuando el cielo se torne plomizo y severo;
persistir en el nosotros, contra toda distancia,
como faro encendido en el oleaje fiero.
Y así, entre instantes sencillos y latidos profundos,
edificar una vida serena y verdadera,
donde amarnos sea verbo perpetuo y sagrado
y tu alma en la mía eternamente florezca.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























