Osamenta de la verdad dormida,
vaho que permanece tras la bruma.
Mira, contempla lo que queda
después de la siega del tiempo,
los huertos vacíos y el eco distante
en las palmas huecas que buscan.
La tierra, siempre fértil, ofrece respuestas,
aunque nuestros ojos se hundan
en la sombra de su profundidad.
¿Dónde se esconde lo que perdura?
¿Qué asiento resiste a la marea del olvido?
Nos aventuramos en la penumbra
mientras el paso nos lleva, lento,
a la depuración de lo que fuimos,
a lo que queda tras la luz
que disuelve nuestras preguntas.
En el fondo del frío,
el hielo resiste a la inevitable disolución,
como el alma que se aferra al instante,
como quien guarda en silencio
el tiempo en sus manos.
Es en esa resistencia donde habita el milagro:
la eternidad que busca refugio en lo efímero.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























