Rosario, luz de antaño y de ahora,
tu nombre en el alma siempre aflora.
Amor que no muere, que crece en la herida,
que vence al dolor, que abraza la vida.
Tu cuerpo hoy lucha, quebrado en la guerra,
pero tu alma es raíz que nada aterra.
Tu paso es lento, firme y sincero,
como rezo antiguo, dulce y certero.
Y aunque el cáncer, con rostro maligno,
quiera apagarte con su torvo signo,
tú le respondes con fe y entereza,
con dignidad, coraje y nobleza.
A ti, que fuiste sol y sigues siendo,
a ti, que el amor sigues ofreciendo,
la vida no te arranca la esperanza
ni tu mirada de luz se cansa.
Por más tormentas que azoten tu frente,
te mantienes firme, luminosa y valiente.
Tu dolor es maestro silencioso,
y tu ejemplo, legado precioso.
Mientras otros caen por penas pequeñas,
tú enfrentas abismos con fuerzas risueñas.
Eres la isla que el mar no derriba,
el canto en la noche que aún nos cautiva.
Dios sabe el porqué de cada jornada
y puso en tu senda la cruz sagrada.
Mas no estás sola,
Rosario querida,
somos tus manos, tu fuerza, tu vida.
Tus días difíciles, tu resistencia,
son para el alma pura enseñanza.
Sigue, Rosario, con paso encendido:
tu amor es eterno, nunca vencido.
Hoy y por siempre, en todo tu andar,
tu luz nos enseña a no claudicar.
Amor de siempre, ejemplo divino,
tu espíritu guía nuestro destino.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























