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Sin ecos en mi cerebro

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Imagen de Yuri en Pixabay

Por Enrique Canchola

Se apaga la luz en mi cerebro y alma,
y el silencio llena mi pecho como niebla espesa.
Los pensamientos se enredan como cables rotos,
no hay dirección, solo ruido en la oscuridad.

La dopamina no llega, el impulso no nace,
ni el cerebro responde a su viejo ritual.
¿Soy yo, o soy el reflejo de una ausencia?
¿Es tristeza o solo un cortocircuito emocional?

Busco en mi sistema límbico una señal de esperanza,
pero todo está en modo de espera, sin respuesta.
La conciencia, esa voz que antes guiaba,
se esconde hoy detrás de un muro químico invisible

Mi piel ya no responde al sol ni al viento,
los sentidos duermen bajo un velo gris.
La sinapsis, fatigada, ya no vibra,
y la dopamina escribe su ausencia en mí.

Hay días en que el cuerpo pesa como planeta muerto,
y la gravedad interna impide el movimiento.
Cada célula parece pedir tregua,
como si el alma se hubiera rendido en silencio.

Enrique Canchola Martínez
Iulius 31 2025