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Te amaré sin testigos

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Imagen de TRAN HUYNH en Pixabay

Hoy que estamos separados,
no le digas a la gente
lo mucho que nos dimos,
que fue tan necesario como urgente
todo lo que quisimos.

Deja que sigan sus vidas,
que olviden la nuestra,
que se pierdan sus juicios,
pues el amor se muestra
en su silencio más puro,
en su luz discreta.

Que me quisiste mucho,
casi con devoción,
no lo niegues jamás;
pero el amor, mi vida,
tiene su propio compás.

No hables de tus culpas
ni de arrepentimientos,
pues tu rostro sereno
oculta tormentos.
No cuentes mis virtudes
ni cuánto te amé;
podrían enamorarse
como tú lo hiciste una vez.

No quiero que te culpen,
ni cargues la razón;
que piensen, tal vez,
que el amor perdió
su ritmo y la pasión.

Deja que crean
que fui el culpable,
que mi amor inmenso
no fue tolerable.
Te advertí desde el inicio,
mi ser errante,
ocho décadas de historias,
un alma amante.

Sigamos adelante,
sin temor al error;
no somos enemigos,
solo testigos
del destino y su rigor.

Dios es testigo de lo vivido,
y el tiempo dirá lo decidido.
Lejos tú de mí
y yo sin ti,
en caminos distintos,
libres de mentir.

Que la gente entienda,
quizás con los años,
que el amor,
aunque grande,
no fue suficiente para atar.

Pero si un día el viento
susurra mi nombre
y el recuerdo del alma
se niega a esconderse,
sabrás, amor,
que en mi corazón
vive esa eterna
y más grande razón.

No importa la distancia
ni el paso del tiempo;
en mi pecho resuena
tu risa en el viento.

Serás siempre el verso
que no supe escribir,
el amor infinito
que me hizo vivir.

Y aunque el destino
nos lleve a otro lugar,
en el rincón de mi ser
siempre vas a estar.

Porque amarte, mi vida,
fue un regalo divino,
y en mi eterno silencio
te amaré sin testigos.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta