Por Salvador Calva Morales
No hay caminos que desande,
no porque el recuerdo pese,
sino porque la claridad llegó despacio,
como llega la mañana,
sin estruendo y sin pedir permiso.
No te extraño a ti;
extraño la forma en que mi corazón se abría,
la ilusión respirando hondo dentro de mí,
esa manera nueva de mirar el mundo
como si todo estuviera a punto de iniciar.
Aprendí a entregarme sin reservas,
a dar sin medir la distancia ni el riesgo,
a descubrir la hondura de mis propias aguas.
También supe que el amor enseña
a sostenerse aun cuando se vacían las manos.
No hay tristeza en lo que recuerdo;
hay una gratitud serena por lo sentido,
por la emoción que me reveló mi propia intensidad,
por esa versión mía
capaz de arder con dulzura y permanecer de pie.
Volvería a enamorarme por esa vibración limpia,
por el latido que expande y transforma;
pero el rumbo sigue hacia adelante,
hacia un amor donde permanezca completo,
sin regresar, sin perderme, sin romper la luz que ahora soy.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























