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Espíritu, género y materia: redefiniendo lo divino desde el aristotelismo

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Por: Pablo Iván Corona Pillado

En el presente ensayo, se abordará, primero, la disociación que he de establecer entre el paradigma científico y la concepción del motor inmóvil. Es de anticipar que el concepto de espiritualidad no se niega, puesto que opto por la presencia de un ateísmo espiritual. En el segundo rubro, se aboga por un teísmo espiritual, aunque es de importancia acudir a los antecedentes; se recalca que estos últimos están relacionados con el gnosticismo y un cierto influjo de la imaginería aristotélica. Algunos desarrollos feministas desarrollan un teísmo espiritual, así que encontrarán que el gnosticismo es un sistema filosófico-religioso que funge como antecedente para sustentar sus planteamientos. Y, por último, mas no menos importante, se establecerán los lugares comunes entre la teoría hilemórfica y estas dos posturas filosóficas, el nihilismo y el materialismo.

La incompatibilidad del paradigma científico con la teodicea aristotélica  

Dado que, actualmente, nos encontramos bajo un paradigma científico, es un sinsentido el construir discursos en torno a lo divino. El motor inmóvil es Espíritu; no es materia. Se creería, (entonces), que todo concepto de espiritualidad quedaría desechado. Mas no es así; en tal caso, sería reelaborado. Ahora bien: si es inútil la concepción de un Pensamiento en sí1, pero lo espiritual es tomado en consideración, lo conveniente es el pregonar un ateísmo espiritual: defínasele como un discurso sobre lo trascendente, cuyo objeto de conocimiento no descansa en la idea de una hipóstasis inteligible. Por ejemplo, el budismo es un ateísmo espiritual, ya que su objeto de conocimiento no es correspondiente a una entidad divina; más aún, los beneficios de las prácticas budistas son comprobables si a estas últimas se les somete al método científico. Menciónense tanto al sonreír como a la meditación fundada en la observación. Por tanto, veo innecesaria la relación entre una hipóstasis ultratrascendente y la espiritualidad, porque: el paradigma científico exige que una teoría sea puesta a prueba, y claro, ciertas pretensiones de validez, relacionadas con la práctica budista, sí que se ajustan a un criterio empírico. 

La relación entre la teodicea gnóstica, el aristotelismo y lo femenino 

A efectos de las teologías feministas, les es de interés toda concepción de lo divino de inspiración aristotélica. Hay más todavía. Si al teísta espiritual le es de placer el conservar la relación entre lo divino y lo espiritual, fuerza es que estudie las teodiceas feministas, pues sus desarrollos toman lugar en el momento presente. Muchas teístas espirituales tienen por norte este principio: «Desarrollar ciencias de lo divino en las que el sexo-género de lo que denominan “mujer” forme parte de lo inteligible». Presuponen que la concepción hegemónica de lo divino tiene que ser reelaborada; básicamente, el Sumo Trascendente, dicen, está sexuado, pues tiende a relacionársele con lo varonil. Ahora bien, si de inmiscuir a lo femenino en el orden espiritual ha de tratarse, es condición precisa el tomar como antecedentes a las teologías gnósticas de los siglos II al V de nuestra era; la razón, suponían que lo femenino era intrínseco a lo espiritual. 

Las teologías gnósticas concibieron que el Primer Principio era andrógino. A saber, su constitución era masculina y femenina. ¿Cuáles fueron las diversas formas de conceptuarle? Por mor de una cercanía con el aristotelismo, póngase de ejemplo a la teología contenida en el Tratado tripartito (BNH I 5), documento relativo al gnosticismo valentiniano. Hay un Padre2 y está acompañado de su Pensamiento3, lo uno, es masculino, y lo otro, femenino; argúyase, (entonces), que el Primer Principio está constituido por el Padre y su Pensamiento. Ahondase un poco más en nuestro inteligible femenino. El Padre se conoce a sí mismo, gracias a su Pensamiento. A esto añádasele esta definición: el Pensamiento es la sensación del Padre mismo. El Pensamiento trimorfo (BNH XIII) concibe a la entidad homónima como la «voz en silencio» (del Padre)4. Otro nombre que se emplea para designar al Pensamiento es «Barbeló»5. Cabe aclarar que el Pensamiento es una disposición espiritual femenina, pues el término que los textos gnósticos emplean para referírsele es de génesis griega, ἔννοια

Platón definió al pensamiento como el diálogo interno del alma consigo misma; así el Pensamiento, según los gnósticos: el diálogo interno del Padre consigo mismo, o su voz en silencio. Ese diálogo es de un carácter interno; no se «exterioriza». Trátese, por tanto, de una voz que está en potencia. Y entonces, ¿cómo se profiere? Pues bien, el Padre concibe en su Pensamiento a un Intelecto, que es una hipóstasis inteligible. El Intelecto es la «voz de la voz», a saber, es el diálogo (en acto) del Padre que se exterioriza. 

Véase que la dogmática gnóstica porta resquicios del platonismo y el aristotelismo. El Padre, el Pensamiento y el Intelecto pertenecen al mundo inteligible6. Las dos primeras entidades sí que se ajustan al esquema aristotélico del Pensamiento en sí, sin embargo, la concepción en torno a Barbeló se distancia de dicho sistema al decir —los gnósticos— que la Madre es una voz en potencia. Aristóteles, por su lado, sostuvo que el motor inmóvil es un acto puro, no potencia. 

Si los teísmos espirituales feministas desean consolidar sus doctrinas, es preciso que tomen como antecedente al aspecto femenino de la Divinidad gnóstica. Pues, ciertamente, el Pensamiento es una personificación de gran importancia en el imaginario cristiano. Al investigar el Pensamiento paterno, las teístas espirituales encontrarán que la disposición en cuestión es de inspiración aristotélica, pues es un Pensamiento en sí; ahora bien, el aristotelismo no es de hallarlo porque el motor inmóvil es un ser en acto. Mas el gnosticismo, por su lado, entiende al Pensamiento, o Barbeló, como un el diálogo paterno en potencia; la exteriorización de la voz, que es en acto, es propia del Intelecto. 

Nihilismo y materialismo en la teoría hilemórfica 

El aristotelismo sí que se puede ajustar tanto al materialismo como al nihilismo. La teoría hilemórfica no establece un dualismo entre la Forma y la materia, de hecho, son parte de un conjunto al que se le denomina «substancia». El platonismo, en cambio, sí que es dual ante la Forma —lo inteligible— y la materia —lo sensible—; asimismo, dicho sistema precisa del Demiurgo, porque es la quintaescencia entre la Forma y la materia. Pero claro, si el aristotelismo ya las concibe en una misma substancia, se ha de prescindir del Gran Artesano. El platonismo se presta para el desarrollo de concepciones en torno a «un más allá»; la razón, el mundo inteligible es la superación de todo aquello que está compuesto de materia: por ejemplo, el gnosticismo se inspira en lo inteligible para dar lugar al «Pleroma» —el orden trascendente de un conjunto de entidades espirituales—. En el aristotelismo no es así. Escatológicamente, no hay un más allá —a efectos del ser humano—, por lo que la superación de la materia es inexistente. Y sí, el nihilismo es consonante a esa carencia de inteligibilidad; y más todavía, la teoría hilemórfica es una suerte de proto-materialismo, dado que en la substancia está contenida la materia. 

CONCLUSIONES 

Si bien la teodicea aristotélica es de irrelevancia en la actualidad, pues la edad contemporánea exige un paradigma científico, sí que es de rescatar el concepto de lo espiritual; véase el caso del budismo, que es un ateísmo espiritual. Ahora bien, aquel discurso que incorpore lo teológico, se le recomienda que tome en consideración a lo femenino. Y claro, si acude a los antecedentes, verá que el gnosticismo es un sistema filosófico-religioso que incorpora a lo femenino en su teología; aún más, dado que porta influencias del aristotelismo, la teísta espiritual verá expresiones —quizá muy extrañas—: por ejemplo, Padre materno, pensamiento paterno, etc. Respecto a estas posturas filosóficas, el nihilismo y el materialismo, se sostiene lo siguiente: el aristotelismo se les asemeja, porque no pregonan una inteligibilidad; a esto añádase que el Modelo está inserto en la materia, por tanto, el desarrollo de disposiciones invisibles es superfluo. 

Pablo Iván Corona Pillado: Estudiante de la Licenciatura en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana.

Abreviaturas
BNH — Biblioteca de Nag Hammadi
Nor — Pensamiento de Norea
PensTr — Pensamiento trimorfo
TrTrip — Tratado tripartito

REFERENCIAS
Piñero, A., Montserrat Torrents, J., García Bazán, F., Bermejo Rubio, F., & Quevedo, A. (1997). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi I: Tratados filosóficos y cosmológicos (Quinta ed., Vol. I). (A. Piñero, Ed., A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, & F. Bermejo Rubio, Trads.) Madrid, España: Trotta.