Por Salvador Calva Morales
Mony,
ella, una llama en ascenso,
una aurora que no pide permiso
para incendiar el aire con su nombre.
Yo,
Casanova consumado,
viajero de besos y nostalgias,
habitante de cuerpos y memorias,
me detuve al verla,
porque su mirada tenía la paz que no busqué
y el vértigo que siempre quise.
Fue un encuentro virtual de domingo,
pero el azar no conoce fronteras,
solo sincronías.
La pantalla se volvió altar,
la palabra, ofrenda,
y el silencio, juramento.
Ella escribía con fuego,
yo respondía con alma,
y entre líneas invisibles
el deseo dibujó su pacto.
El paraíso cautivo nos recibió sin llave,
las puertas del tiempo se abrieron de par en par,
y entre suspiros y latidos digitales
la realidad se rindió ante el hechizo.
Mony,
tus ojos fueron mi absolución,
tus dudas, mi ternura,
tu risa, el canto de la resurrección.
Yo,
renacido entre píxeles y poesía,
comprendí que el amor también viaja en pulsos,
que el destino tiene wifi celestial,
y que en su luz,
el fuego nunca duerme.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























